De nuevo, Against All Logic: 2017-2019

Crítica
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De nuevo, Against All Logic, 2017-2019

Discóbolos

2017-2019, Against All Logic, Other People Records, 7 de febrero de 2020

Publicado por Other People Records en febrero de 2020, este álbum, con el que vuelve el lado más clubber de Nicolas Jaar, se encuadra en la IDM (Intelligent Dance Music) y la estética Deconstructed club, en la que distintos géneros de EDM (Ellectronic Dance Music) y de música club se encuentran con sonidos abrasivos posindustriales, generando una electrónica de sonidos excesivos y saturados, con rítmicas constantes y tratamientos no convencionales de la tonalidad. Tras los éxitos recogidos en el primer álbum de A.A.L, Nicolas Jaar retoma su misterioso proyecto con un claro foco en el tratamiento rítmico, de manera introspectiva e intelectual.

2012-2017 (2017), el anterior y primer trabajo de Jaar como A.A.L sacudió a los amantes de la música electrónica y el house y es probablemente uno de los más destacados álbumes del género de la pasada década. Consistió en un compendio de temas orientados al house más agradable, fresco e innovador. Dos años después, nos encontramos con un álbum totalmente diferente, pero de igual o superior calidad, en el que Jaar lleva su lectura de la música de baile a un nuevo terreno, en un encuentro entre el house, el techno y la música industrial que sorprende al oído constantemente. Lejos quedan los bailables temas de 2012-2017 y Nicolas Jaar nos lleva ahora a sumirnos en una oscuridad reflexiva.

«Fantasy» abre el álbum con un genial sampler de “Baby Boy” (2003) de Beyoncé y nos cuenta un poco de qué va este proyecto. Vamos a escuchar mucho ritmo, instrumentos tribales, líneas melódicas enfocadas al ritmo, solos de cajas rítmicas, estructuras complejas (más que en el primer álbum) y detalles efectistas como los rellenos percusivos que acompañan al tema, y lo dotan de estabilidad y musicalidad vertical. Aparecen ya sonidos metálicos, distorsionados y con una producción poco definida, que presentan el componente industrial en claro contraste con el sampler de Beyoncé, abanderada del pop.

«Loving You» es quizá uno de los temas que más tiene en común con 2012-2017 bajo el prisma estético renovado mencionado anteriormente. Está más enfocado hacia el deep house pero con mucho sonido industrial. Poco a poco se intensifica el uso de efectos y líneas de sintetizadores hasta culminar en el paso a «With An Addict». Aquí escuchamos reminiscencias de IDM, Drum n Bass, de U-Ziq o Squarepusher, al más puro estilo noventero, en una atmósfera de ritmos tribales complejos y nostálgicas líneas melódicas mezcladas con efectos coloristas. El solo de percusión que da paso a los últimos compases de la canción es simplemente sublime, condensa la atención del oyente para posteriormente sumergirlo en los acordes finales, en uno de los mejores momentos del disco.

Una de las cosas que más llama la atención de este álbum frente a su predecesor es la diferencia en el tratamiento estructural. Encontramos picos, cimas, subidas y bajadas, momentos de calma y secciones intermedias más largas, estructuras más elaboradas y experimentales.

Si antes comentábamos por qué el ritmo es tan importante en 2017-2019, el perfecto ejemplo es el downbeat de «If You Can’t Do It Good, Do it Hard”, que entra tras el final, más reposado de “With an Addict”. El downbeat aparece a modo de guía, y distingue los momentos en los que tenemos que prestar atención de aquellos podemos contemplar. Es probablemente uno de los temas que mejor recoge la esencia del disco. Aparece la única colaboración del álbum con Lydia Lunch, icono del spoken word, que marca un punto de inflexión en el disco, con una energía arrolladora que lo conducirá hasta el final: “Because if you can’t beat ’em, kill ’em/If you can’t kill ’em, fuck ’em/If you can’t fuck ’em, kill ’em/If you can’t do it good, do it hard”.

“Alarm» funciona como intermedio, con una menor duración. Sin ser un tema resaltable, actúa como divisor del disco en dos partes, una primera más vertical y centrada en los procesos que se generan cada segundo y una segunda mucho más horizontal, fluida y dinámica. Le sigue «Deeeeeeefers, que da comienzo a esta nueva sección con un sonido más industrial y veloz. Si «With An Addict» sonaba a IDM y Drum n Bass, esta suena a puro witch house.

A continuación, “Faith” es menos intensa que cualquiera de las anteriores. Un trabajo etéreo y atmosférico que, hacia la mitad, se corona con los acordes en los sintetizadores. Los últimos compases, que funcionan a modo de coda, conforman otro de los momentos más destacables del disco no sólo por lo que suena sino por el tratamiento del espacio temporal, que se detiene y se expande en un tratamiento de la sonoridad único en el proyecto. Cobra aquí importancia de nuevo el tema de las estructuras: un tema con la forma de «Faith» sería impensable en 2012-2017.

Los últimos tres temas de 2017-2019 bajan la intensidad rítmica y melódica para sumirse en la horizontalidad a modo de cierre del disco, disminuyendo progresivamente el volumen y la sobrecarga de ritmos de los primeros temas.


En líneas generales, 2017-2019 es un álbum aún más solvente que el primero. Es sin duda alguna más ambicioso, representa contextos actuales, presenta nuevas opciones para la música de baile y remueve más conciencias. Recoge las ideas musicales y estéticas del Deconstructed Club y las inmortaliza en un proyecto memorable y esencial a la hora de entender dicho movimiento cultural. Jaar se mueve en un terreno que él mismo crea, modificado línea a línea, compás a compás, en un proyecto que puede dar mucho que hablar en los próximos años, relevante para comprender cuál es el futuro de la música club.

Livia Camprubí y Guillermo Masiá

Livia Camprubí

Publicado en julio 2020

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