Bal folk

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No hay duda de que la escena madrileña ofrece a día de hoy un variado abanico de opciones de ocio musical. Si salimos por un momento de las grandes programaciones que proponen los coliseos más importantes de la ciudad, hallamos un panorama artístico nada desdeñable y apto para todos los bolsillos. Descubrimos lugares donde la riqueza de la actividad que se propone convierten esos espacios en una opción tan atractiva como puede serlo un gran teatro.

Ya lo anunciaba hace un tiempo un conocido diario: “Hay un fenómeno musical que avanza de forma callada pero imparable en Madrid”. No cabe duda de que es un hecho que, a estas alturas, no podemos obviar, el bal folk se va abriendo paso sin prisa pero sin pausa entre las tendencias de ocio madrileño más novedosas que tenemos en los últimos tiempos. Pero qué es eso del bal folk, muchas personas aún desconocen de qué se trata, principalmente si se mencionan términos como círculo circasiano, chapelloise, an-dro o bourrée entre otros.

Tenemos ante nosotros un hecho musical heredado de Europa y que hemos incorporado a nuestras actividades de ocio en pocos años con un éxito considerable. Cada vez más personas acuden a los eventos de bal folk en lo que podemos llamar una tendencia de ocio en pleno auge en Madrid. Y para saber realmente de qué estamos hablando, hemos querido adentrarnos personalmente en estas sesiones y participar de ellas viviendo en primera persona la experiencia, no sin antes hurgar en los orígenes de esta música y empaparnos a fondo para poder disfrutar plenamente de estos eventos de bal folk a los que acudiremos con la ilusión de un niño que fuera por primera vez a una feria.

Esta actividad, que surgió en Europa en la década de los 70, fue tomando fuerza poco a poco con el paso del tiempo y aglutinó todo un repertorio de bailes provenientes en su mayoría de la tradición francesa a pesar de que también han incorporado temas y danzas de otras partes del continente. El bal folk se ha desarrollado con gran éxito principalmente en países como Francia, Bélgica, Países Bajos y Alemania, no obstante lo encontramos también en Inglaterra, Italia o España. En Madrid, empezábamos a ver bal folk hace ya siete u ocho años pero cuando realmente tomó impulso fue a partir del año 2012 y, no en vano, algunos diarios se hicieron eco de este hecho, y encontramos artículos dedicados al folk donde se leían frases como esta:

… un tipo de música que ha estado al borde de la extinción en la capital pero que está resurgiendo con una fuerza inesperada…

A partir de esta fecha ha tenido un crecimiento constante en el número de consumidores así como en la lista de agrupaciones que se han dedicado a interpretar este tipo de música.

El particular repertorio que configura el bal folk es lo que algunos podrían calificar de “trasnochado”. Este conjunto de temas, sin embargo, está de máxima actualidad y en él escuchamos danzas de la talla de la mazurca, chapelloise, círculo circasiano, rondó, polca, bourrée o an-dro, entre otras muchas. Todas ellas grupales o de pareja, basadas en coreografías sencillas con el objetivo de que todo el público participe y se divierta –ese es el objetivo del bal folk–. A diferencia de otros eventos de baile, en este no es habitual mantener la misma pareja permanentemente. En muchas de las danzas, la estructura de la propia coreografía obliga a ir cambiando de pareja con lo cual, en una pieza, es común bailar con varias personas, esto, que hoy día podríamos calificar de “poco convencional” si pensamos en los bailes modernos o incluso de salón, es uno de los momentos de más éxito entre los asistentes.

Otra de las características que hacen de este evento musical algo especial es la celebración de un taller previo al bal en el cual el público puede aprender estas danzas o practicar si tiene la suerte de ser veterano y, al igual que en las actuaciones, también se realiza con música en directo mientras que el público, bajo la supervisión de una persona que va dando las pertinentes directrices, aprende los diferentes pasos. En nuestra visita a estos eventos musicales en Madrid, hemos visto cómo también se pueden aglutinar las dos partes en una sola, es decir, que durante el bal haya una persona que, antes de iniciar una danza por primera vez, explica cómo se realiza e inmediatamente se baila tras un breve ensayo. Todo esto nos lleva a reflexionar sobre el carácter eminentemente social del evento, aspecto fundamental que nos llamó enormemente la atención en las primeras incursiones a estas sesiones. Lo primero de lo que un principiante se percata cuando asiste a un baile de este tipo es la génesis de un sentimiento de unidad y de grupo que se crea entre todos los que han acudido al bal, algo en lo que todos los participantes coinciden. Hablamos de personas que, a pesar de lo extraño que pueda parecer, aglutinan una franja de edad muy amplia que va desde gente joven hasta entrada en años, pasando por individuos de mediana edad todos ellos con un objetivo común: pasar un rato de divertimento haciendo algo que les gusta que no es otra cosa que bailar.

En Madrid nos encontramos numerosos grupos dedicados a interpretar estos repertorios que, a pesar de no formar parte del mainstream de la música, son un elemento fundamental de la sociedad madrileña actual, dato que no debemos dejar de tener en cuenta si queremos hacer un estudio exhaustivo de las tendencias de ocio en la capital. Agrupaciones como Martina quiere bailar, Between the Rails, La rúa del bal, Raksedonia, Dos o Dúo Permenter, entre los más relevantes, son los que nos solemos encontrar si acudimos a un evento de bal folk. Todos ellos interpretan, como ya hemos dicho, música en directo, con la particularidad de utilizar una amplia gama de instrumentos acústicos entre los que podemos escuchar violín, clarinete, guitarra, acordeón, saxofón, contrabajo y pequeña percusión entre los más habituales.

No queríamos terminar sin elaborar un mapping del bal folk en la capital madrileña para aquellos a los que estas líneas hayan despertado su curiosidad y gusten del arte de la danza. Nuestra inmersión en esta actividad nos ha llevado a diversos “espacios alternativos” de la ciudad como son el Teatro del Barrio (ocasionalmente), La Tabacalera, el Templete de Rosales, el Matadero, el Mercado de San Fernando o la Sala El Rompeolas. Este resurgir del folk tiene, al margen de los lugares que añaden a su oferta habitual conciertos de este tipo, puntos de reunión donde aprender estas danzas entre los que se encuentran el Templo de Debod, donde los interesados en iniciarse y los que quieren disfrutar del baile acuden el segundo domingo de cada mes con música en directo. Asimismo, el espacio La Tabacalera ofrece una inmejorable fórmula para “desestresarnos” de un día agotador entre las 20:30 y las 22:30 de la noche con talleres gratuitos para principiantes o veteranos. En cualquier caso, el amante de esta música que quiera seguir de cerca la actividad del bal folk en Madrid puede acudir a festivales como Folkarria o Tradbacalera, donde podrá vivir de todo el amplio y variado repertorio que comprende el bal folk.

Si aun así uno no se queda satisfecho y quiere ahondar más en ello, tiene a su disposición las asociaciones que están impulsando estos eventos en Madrid como La vida en danza o la Asociación Folqué. Pero si de verdad se quiere profundizar en el mundo del bal folk, recomiendo el film de Laetitia Carton del año 2015, Le grand bal, así como el libro de Chris Shaw y Trevor Upham, Bal Folk: Traditional Dance Music from Central France (2010) y el de Lambert M. Surhone, Bal Folk (2011). Buen baile.

Otilia Fidalgo

Imagen tomada de: www.traballo.it.

     
     
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