Más allá de la clasificación

Violeta Urmana en el Ciclo de Lied

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XXIII Ciclo de Lied. Obras de F. Schubert y R. Strauss. Violeta Urmana (voz). Helmut Deutsch (piano). Teatro de la Zarzuela, lunes 7 de noviembre de 2016.

Mientras unos y otros escriben, discuten, debaten e imparten clases magistrales acerca de la “clasificación” exacta que define a los tipos de voces, en el caso de Violeta Urmana hemos leído y escuchado de todo: soprano, mezzo, falcón o lirico spinto. ¿Es realmente lo que importa? Más allá de si la clasificación va o si la clasificación viene, está el legato, el fraseo, la dicción, la intención, la expresión, la comunicación, la belleza, la elegancia, la sencillez, la ebullición o la contención y, por supuesto, el desarrollo de los cantantes, en el sentido vocal e interpretativo. Glenn Gould no nos contó las Goldberg de igual manera en los años cincuenta que treinta años después y cierto es que los cantantes añaden a su madurez interpretativa la evolución vocal propia de un buen (o mal) uso de su instrumento, además de las circunstancias vitales que afectan directamente a la voz.

Es por ello que, más allá de definiciones vocales, disfruté verdaderamente del gran instrumento de la Urmana, capaz de decir los textos de Klopstock, Mayrhofer, Schlegel, Von Collin y Pyker, musicados por Schubert de forma exquisita. Nada sencillo, para una intérprete arrolladora en su porte físico y vocal, plegarse a las exigencias de un Schubert íntimo, delicado, interior, melancólico, contenido y hasta teatral: “El enano” fue una de las grandes interpretaciones de la noche en la que sin caer en exageraciones la señora Urmana representó a los dos personajes del cuento de forma magistral. Ya en lieder anteriores como “Las noches estrelladas” la cantante había mostrado su enorme voz, sabiamente controlada en un legato y pianissimi contenidos, creando un ambiente de magia en el que más de uno sentimos por un instante esa diadema de estrellas lejanas posadas sobre nuestras cabezas. Sin ánimo de etiquetar, el instrumento de Violeta Urmana es de una generosidad arrolladora, robusto, carnoso, redondo, con un centro-grave contundente, una emisión y proyección clara y perfilada, mostrado a través de una técnica depurada y una sabia elección del repertorio más adecuado para lucirlo. En este sentido, la interpretación de los lieder de Richard Strauss seleccionados para la segunda parte del recital me llegó de forma más directa, si cabe, menos intelectual, por cuanto la música de Strauss se adapta como anillo al dedo a la voz y al carácter de Violeta Urmana. Un expresionismo expresado desde dentro hacia fuera, al margen de algún agudo criticado en ciertas reseñas, a lo que yo contesto: si algo caracteriza a Violeta Urmana es su humanidad y sinceridad cantando, lo que le da más valor a ciertos deslices o desgastes.

“Lob des Leidens”, ese “Elogio del sufrimiento” con el que dio comienzo la segunda parte, fue una muestra de complicidad absoluta entre cantante y pianista. Helmut Deutsch representó el escalofrío que recorre nuestro cuerpo ante la idea de ese sufrimiento elevado a belleza; dibujó el llanto, la brisa, el sol, y dejando caer su última nota grave, corta y seca, sin ninguna espera tras la frase “quien debe despedirse para siempre” –o lo que es lo mismo, la Muerte–, Deutsch nos recordó cómo golpea el destino sobre cada uno de nosotros, sin previo aviso, contundente, decidido e implacable.

Es fabuloso percibir cómo el piano es un complemento imprescindible de un buen cantante, pues se convierte en voz y color de todo aquello que las palabras no pueden expresar. De este modo pudimos apreciar auténticos brillos dorados y esplendorosa primavera en “Bellas pero frías”, o el sentimiento que recorre nuestro cuerpo ante la propia valentía, dignidad y aceptación en “¡Valor!”, o la voz del envejecimiento, de lo efímero, tema tratado por el propio Strauss en su ópera El caballero de la rosa. En fin, una segunda parte llena de complicidad entre Violeta Urmana y Helmut Deutsch, que todos disfrutamos y agradecimos con enormes ovaciones gracias a las que generosamente, como el canto de la Urmana, nos fueron regaladas cinco propinas: dos Schubert y tres Strauss, en el último de los cuales, el famoso “Have Dank!”, tuvo además la elegancia de dedicarnos el concierto y hacernos llegar su agradecimiento de la mejor forma posible.

Agradecidos sin duda quedamos todos, a la espera de volver a disfrutar del mejor canto, ¡de la mejor música!

Manuela Herrera

Fotografía: Ana Sánchez Juan y http://www.cndm.mcu.es (en portada).

     
     
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