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Rodelinda. Ópera seria en tres actos, George F. Handel, libreto de Nicola Haym, adaptado por Konrad Kuhn. Lucy Crowe y Sabina Puértolas (Rodelinda), Bejun Mehta y Xavier Sabata (Bertarido), Jeremy Ovenden y Juan Sancho (Grimoaldo), Sonia Prina y Lidia Vinyes Curtis (Eduige), Lawrence Zazzo y Christopher Ainslie (Unulfo), Umberto Chiummo y José Antonio López (Garibaldo). Orquesta Titular del Teatro Real, Ivor Bolton (dir. musical); Claus Guth (dir. escena). Producción del Teatro Real. En cartel del 24 de marzo al 5 de abril de 2017.

¿Qué es lo que tiene Handel que siempre nos consigue amarrar a su música y casi nos obliga a no desprendernos de ella? Su siglo fue la era de los grandes divos, los grandes cantantes castrados que llevaron el hecho melódico a niveles inimaginables. Y en ello reside el secreto de Handel: melodía, melodía y melodía. Conseguir realizar unas bellas, persuasivas, incluso lascivas melodías que, como si del flautista de Hamelín se tratase, engatusan a cualquiera que se pare a escucharlas. Rodelinda posiblemente sea un claro ejemplo de ópera donde la melodía está tan perfectamente cuidada que es imposible dejar de prestar atención a la música.

Las óperas barrocas no distan mucho de las pasiones, afectos o emociones que nos envuelven en nuestro día a día. Rodelinda nos cuenta la historia de una traición rodeada, cómo no, de ira, venganza, ansias de poder bañadas en profunda ambición y el ferviente sentimiento de que prevalezca la verdad ante todas las cosas.

El 13 de febrero de 1725, el compositor Georg Friederich Handel estrenó en el Haymarket de Londres la séptima ópera que había compuesto para la Royal Academy of Music. Tras los éxitos cosechados esa misma temporada y la anterior con títulos como Tamerlano y Giulio Cesare in Egitto, el compositor de Sajonia decidió volver a echar mano de ese estilo italianizante que tanto le caracterizaba y consagrar esta corriente en tierras inglesas con su nueva producción: Rodelinda, regina de’ Longobardi.

Tal vez fuera por costumbre, superstición o por el mero hecho de seguir creando con lo que ya funcionó, Handel decidió que en esta producción se rodearía de aquellos con los que trabajó en sus dos éxitos anteriores. De esta forma, el libreto lo realizó su querido Nicola Haym, que a su vez tomó la idea del italiano Antonio Salvi, y cuya fuente primigenia no sería otra que la tragedia francesa de Corneille Pertharite, roi des Lombards (1652). Esta síntesis de culturas no nos debería de extrañar, siendo Handel un compositor alemán que se nutrió y educó de la música italiana y pasó por Francia para finalmente hacerse inglés. En lo referente al reparto, utilizará prácticamente a los mismos cantantes que en sus dos producciones anteriores. En el rol del primo uomo, que en este libreto encarnaría el personaje de Bertarido, sería representado por el castrado del momento, el gran capón Senesino cuya prodigiosa voz y sentido de la melodía había enamorado al público inglés. El rol de la prima donna, que en este caso sería el de Rodelinda, lo encarnaría la soprano italiana Francesca Cuzzoni, muy conocida también en la escena londinense y que en palabras del mismísimo Mancini: “su voz conseguía hacer fácil cualquier floreo o coloratura, por muy difícil que esta fuera”.

El argumento de esta gran ópera, como el de muchas otras de este periodo puede parecer enrevesado, lioso, convulso… Resumiéndolo a grandes rasgos, la ópera comienza con una Rodelinda abatida por el dolor tras la muerte de su esposo Bertarido. Grimoaldo aprovecha la muerte de Bertarido para intentar hacerse con el trono. Aun así, en las densas y oscuras profundidades del bosque, Bertarido vive, y previniendo la traición de Grimoaldo, intenta trazar un plan para volver a palacio, recuperar a su esposa y conseguir que Grimoaldo, influenciado por el malvado Garibaldo, duque de Turín, no se apropie de la corona. Gracias a la perspicacia de Unulfo, el fiel amigo de Bertarido, y de Eudige, hermana de este y prometida de Grimoaldo, Bertarido conseguirá planear una estrategia para recuperar aquello que le fue arrebatado.

En lo que concierne al reparto, hay que destacar la excelencia de cada uno de los cantantes de ambos casts. Si de beneficios hablamos, en los roles protagonistas debemos destacar a la soprano británica Lucy Crowe que debuta en el papel de Rodelinda, cuya versatilidad vocal le ha permitido abarcar repertorios operísticos que van desde Monteverdi hasta Richard Strauss. Su timbre melodioso, que parece acariciar las notas en vez de cantarlas, y su silueta vocal la hacen una de las sopranos más espectaculares en el directo. El personaje de Bertarido será encarnado por uno de los contratenores del momento como es Bejun Mehta, que ya vimos en este mismo rol en 2011 en el Theater an der Wien junto a Danielle de Niese como Rodelinda y dirigido por Nikolaus Harnoncourt. Su peculiar timbre, consistente en los graves pero delgado y de gran finura en los agudos, ha hecho de él uno de los contratenores más eficaces de su generación. Pese a que escénicamente no sea un camaleón, consigue adaptarse a cualquier rol y esto hace que toda producción que lleve su nombre sea sinónimo de éxito asegurado.

El segundo reparto está repleto de caras conocidas a nivel nacional y formado por parte de nuestros cantantes más reconocidos a nivel internacional. En lo que concierne a los roles principales, tenemos como Rodelinda a la soprano zaragozana Sabina Puértolas, con ese timbre tan gentil y atractivo, y con esa magnífica inteligencia musical que le permite expresar el máximo sin tener que bañarse en ornamentos musicales en los da capo, algo bastante difícil de ver en sopranos que abarcan repertorios tan variopintos. En este caso debutando como Bertarido tendremos a nuestro contratenor más internacional, Xavier Sabata, posiblemente el cantante de ópera mejor formado dramáticamente de su generación. Su versatilidad en escena, su forma de afrontar el personaje, su peculiar timbre con bastante cuerpo pero con agilidad en las complicadas coloraturas que nos muestra este repertorio consiguen que no perdamos la atención ni un segundo de lo que está ocurriendo sobre las tablas.

Para concluir, destacar la figura de Ivor Bolton como director titular esta temporada en el Teatro Real, gran conocedor de la música de Handel y que seguro que no defraudará. Tampoco debemos olvidar al atrevido escenógrafo alemán Claus Guth, quien haya seguido sus trabajos anteriores lo sabrá: no peca de minimalismo y su afán por sorprender, conseguir estructuras imposibles y hacer de la escenografía un elemento tanto participativo como dinámico consigue transformar muchas veces el escenario en una gran pantalla de cine.

En definitiva, el Teatro Real vuelve a apostar por Handel en esta temporada 2016/2017. El Barroco es tendencia ahora mismo y Madrid cuenta con la suerte de poder disfrutar de una producción que gracias a un gran reparto y a una majestuosa, precisa y elegante batuta, conseguirán raptar, persuadir, acariciar y conquistar el preciado gusto del exigente público madrileño.

Nacho Castellanos Olmos

Fotografía: La cuarta columna.

     
     
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