Dcode 2015, o la garantía de los otros…

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Dcode Festival 2015. Sam Smith, Crystal Fighters, Suede, Izal, Supersubmarina, The Vaccines, Wolf Alice, […]. Madrid, Campus de la Universidad Complutense de Madrid. Sábado, 12 de septiembre de 2015.

Llega septiembre, inicio de curso… ese momento en el que el bronceado empieza a desteñir. Lo que iba a ser “descanso vacacional” te deja el cuerpo aún más dolorido y menos preparado para la vuelta a la rutina; las lluvias torrenciales indican que comienza el frío otoño. Los madrileños vuelven a sus lechos sobrecargados de pulseras de festivales estivales (siempre nos ha hecho gracia la similitud de estas palabras), y sobrellevan los quehaceres como buenamente pueden. ¿Alternativas? Un love affair desestresante; otra, acudir una vez más a otro festival. Y si es hípster… ¿por qué no?

Llegábamos al Dcode 2015 con nuestra amiga Pilar previsiblemente no temprano, dejando que cayera un poco el sol de la tarde. Tras conocer el sold out del festival (26.000 asistentes nada más y nada menos en el recinto de rugby, tras la facultad de Ciencias de la Información), nos percatarnos de que las entradas generales no tenían pulsera, lo cual no permitía la segunda admisión al recinto si lo abandonabas. Sumando las más de 10 horas de evento y el no precisamente módico precio de tres euros el token (divisa festivalera), se hacía difícil la subsistencia sin derroche durante todo el día.

Como decíamos, después del desparpajo de la mejicana Lafourcade que escuchamos de fondo, llegamos en el ocaso con la actuación de The Vaccines –tuvieron momentos brillantes como con “Wreckin' bar (ra ra ra)”, a pesar de la flojedad de los temas de su último disco, English Graffiti–. Anterior a ellos ya lo habían dado todo grupos en el escenario de El País como Trajano!, Wolf Alice, The Parrots, Gold Lake –algunos comentarios entusiastas se escucharon de estos residentes en NY– o Flo Morrissey. En los escenarios contiguos Dcode y Heineken se alternaban los grupos para la continuidad de conciertos, haciendo pruebas de sonido en uno durante el concierto on fire del otro.

A tiempo para una cerveza sin colas y para observar los diferentes puestos de “foodtrucks”, deporte, zona infantil y “fashion market”, llegamos al conflictivo momento de L.A en el escenario Dcode. El pobre mallorquín aguantó el tipo ante agonías y alguna que otra lágrima de algún/a groupie de Sam Smith. El comunicado anunciaba cuatro horas antes del concierto la imposibilidad de cantar debido a una “grave infección en las vías respiratorias” según él mismo; menos agonizante sería la situación al día siguiente para darlo todo en su concierto en Alemania.

Nosotras, claramente, no estábamos entre las aficionadas a los grupos indie que se encargaron de cambiar los ánimos ante la decepción por la falta de Smith. En el panorama nacional estaban Supersubmarina e Izal para la gran masa universitaria general y, en el internacional, Suede para los doctos al glam rock de los 90. Esperando el comienzo Brett Anderson, escuchábamos de lejos a los jienenses tocando sus mejores temas como “Arena y sal” o “Niebla”, moviendo al gentío resaltado por las pulseras verde fosforito de Heineken. En el mismo escenario, mismo panorama con Izal, justo después del gran Anderson y su grupo. Los madrileños poseen gran carisma sobre el escenario, personalizando aún más su sonido por la voz grave de su cantante en contraste con el empleo del ukelele para algunas canciones como “Conclusión en do para ukelele”, pero a los que difícilmente se les disocia estilísticamente de los ya experimentados Vetusta Morla.

Viendo lo visto sólo nos quedaba el paréntesis de Suede que configuraba un salto generacional bastante importante con respecto al estilo; aunque no difirió ni la edad del público ni la jovialidad y excitación de Anderson. Ya reseñábamos tiempo atrás, en el SOS 2011, la vitalidad del cantante inglés en un concierto memorable para su edición. Nuevamente hemos comprobado su profesionalidad y caderas, su entrega con el público –bajándose constantemente al foso para cantar agarrado a las primeras filas temazos como “Trash”, “Beautiful Ones” o “Animal Nitrate”, entre sus clásicos, o dejando cabida a “Pale Snow” de su nuevo álbum Night Thoughts–. A pesar de algún problemilla técnico, desafine y cierta dificultad para llegar al falsete característico en algunos temas, Anderson y su banda no dudaron en cubrir el festival de un manto elegante y enérgico del que sólo se podía hacer gala en los tiempos de Bowie. Suede se dejó bailar…

Foals estuvieron correctos, fieles al espíritu de sus canciones. A esas horas del festival se echó en falta algo más de garra para terminar de perfilar el crescendo de una larga jornada en la que ya algunos lo habían dado todo. En la carpa del escenario Tentaciones se gestó más el ambiente animoso final gracias a Independance Djs. Los temas clásicos muy escogidos que sonaron tuvieron muy buen seguimiento, invitaron a muchos y a muchas a bailotear y corear.

Para cerrar la jornada nada mejor que la fórmula de Crystal Fighthers. Subidón bailongo, público saltongo –“Happy, spinning, clapping, laughing, dancing”– nada más arrancar con sus hits. Las extremidades de los dcoders se quedaron con ganas de más.

La impresión general del festival: media. El Dcode se salva por las ganas festivaleras en la capital, evento único sin competencia ni rival. Entre nuestros deseos y expectativas: una sexta edición para el próximo año envuelta no tanto en productos comercializados o requetesonados del indie nacional y calidad no tan mercantilizada. ¿Un Dcode de dos días con pulsera de acceso y precios dentro del recinto acordes a la realidad económica?

 

Eva González Bullón y María Elena Cuenca

Fotografía: Dcode.

     
     
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