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Temporada 2012/2013. Ciclo III Concierto 19 de Diálogos de la OCNE. Obras de Richard Strauss y Johannes Brahms. Orquesta Nacional de España. Jefim Bronfman, piano. Director: Nikolaj Znaider. Auditorio Nacional. Madrid, 28 de abril de 2013.

Cuando nació Strauss, Brahms se encontraba ya en sus años de madurez. Ambos germanos partieron para sus composiciones de concepciones musicales muy diferentes y enfrentadas entre sí, pero la distancia generacional que les separaba no causó que estallase la guerra entre ellos. El más joven siguió el camino que iniciara Berlioz en 1830 con su Sinfonía Fantástica, el que guió a Liszt y el que explosionó Wagner, éste es, el de la música programática. Brahms sin embargo “se tapó ojos y oídos” y “no quiso saber nada” de La Nueva Escuela Alemana; su creación fue siempre leal a la tradición del clasicismo, seducida por los ideales de la música pura y apoyada por y en las ideas formalistas de Hanslick. ¿Será el latido de Mozart el que de un modo u otro una a estos dos compositores en el concierto aquí presentado? ¿Por qué digo esto? Intentaré ser breve.

Las piezas conducidas de manera diestra y vivaz por el joven director (más conocido de momento por su carrera como violinista) Nilolaj Znaider fueron el Don Juan Op. 20 de Richard Strauss, seguida de la Suite Op. 59 de Der Rosenkavalier del mismo autor y el Concierto para piano y orquesta nº 2 en Sib M Op. 83 de Johannes Brahms. La primera de ellas fue obra de juventud de Strauss basada en el famoso personaje literario de Don Juan creado en el siglo XVII por Tirso de Molina. Fue este fabulario amante y conocedor de las mujeres un gran inspirador para las artes. Lorenzo Da Ponte utilizó esta historia escribiendo el libreto de una de las óperas más fascinantes de Mozart, Don Giovanni; obra por cierto, que ha estado en cartel para desconsuelo de muchos (debido a la puesta en escena) en el Teatro Real de Madrid el pasado mes de abril. Strauss por su parte eligió la versión más romántica del poeta Nikolaus Lenau obteniendo con ella su primer éxito como compositor. Der Rosenkavalier fue una ópera de 1911. Distaba 23 años con el Don Juan y una evolución armónica ya imparable; tanto fue así, que Strauss quiso volver al lenguaje tradicional bebiendo en la música y el espíritu del clasicismo y en concreto de Mozart. El resultado: un gran vals vienés que recrea una época de gloria pasada. Nuestros músicos supieron bailar bajo la expresiva batuta de Nilolaj Znaider; bailes desenfadados y tensos por momentos; alegres, corteses y amorosos de una belleza lírica exquisita. La orquestación de ambas obras es exigente y requiere de sus músicos atención y “buen hacer”. Creo que ya todos los lectores conocen o pueden hacerse una opinión de la ONE, y si no, sólo les diré que no es una mala orquesta; tiene buen potencial, pero podrían ser brillantes, compactos: “¡todos a una, pero de verdad!”. Esto último que digo es con buen ánimo, y sí, el día 28 con el caballero no bailaron mal.

Pasando a la segunda parte, a la del solitario amante, escuchamos con vigilante placer su Segundo concierto para piano y orquesta Op. 83 en manos del pianista invitado Jefim Bronfman. ¿Por qué vigilante? Mis oídos tuvieron que estar siempre en posición de alerta para poder escuchar bien todos los graves y contrapuntos del piano, esto es o falta de claridad por parte del pianista o fallo acústico debido a la posición de mi butaca con respecto al escenario. Sólo le aquejo ese detalle porque la música de Brahms pudo con todo y Jefim Bronfman fue su mano en ese día. A este respecto hay una anécdota del pianista que les reproduzco a continuación:

“A veces los hoteles y los aeropuertos me parecen irritantes, como a todo el mundo. Pero para mí eso se compensa con lo que disfruto cuando estoy de gira. […] Mis preocupaciones principales son encontrar buenos pianos, adaptarme a las distintas altitudes y salas de concierto y escoger el repertorio. La peor presión es la que tiene que ver con cumplir con los plazos cuando estás muy ocupado, con estar seguro de que, cuando llegas a un lugar, estás preparado para tocar el programa prometido. Tienes que practicar antes durante meses, por supuesto, y después enfrentarte a la música, estés preparado o no. El estrés es grande incluso cuando estás bien preparado. Yo suelo pasar malas noches y tener sueños horribles. En uno de ellos me veo tocando el segundo concierto para piano de Brahms en el Carnegie Hall y no me lo sé. […] Los músicos estamos examinándonos todo el tiempo: ¿por qué no lo hice mejor en mi último concierto? ¿Cuándo voy a poder prepararme para el próximo? Hay una infinidad de preguntas y no siempre se encuentran las respuestas. Por desgracia a veces tienes que fallar para poder aprender. […]”.1

Con esta cita quiero acercarme al lado humano de toda interpretación. No significo con ello que el público auditor deba conformarse con “cualquier cosa”, ¡no, nunca diré eso! Jefim tocó el concierto de sus sueños o pesadillas con elegancia, destacando un bello fraseo. Quizá deba mencionarles algo sobre el tercer movimiento Andante lento, en el que el piano, la orquesta y un solo de violonchelo se intercambian ideas. En mi opinión, al solo le faltaron dulzura y suavidad, pero esto queda más en cuestión de gustos.

Finalmente no me adentraré en la relación de Brahms con Mozart, pero la hay, no en vano era “el clásico entre los románticos”; por otro lado casi se podría afirmar de manera categórica que fue Mozart quien con sus conciertos para piano y orquesta inauguró esta andadura del preciado instrumento. Sólo un apunte más: Brahms nunca escribió ópera pero entre sus modelos siempre tuvo el del fabulario mujeriego Don Giovanni del genio.

Un concierto el del 28 que supo aunar dos caminos enfrentados. Matizado, rico y vivo hizo que se olvidara la guerra y que la música prevaleciera.

Mª Cristina Ávila Martín

1 La cita de Jefim Bronfman procede de dos entrevistas que le realizó el pianista y escritor Stuart Isacoff. La primera apareció en el The Wall Street Journal el 26 de febrero de 2008; La segunda tuvo lugar en 2010. Stuart, I. Una Historia Natural del piano. De Mozart al Jazz Moderno. Madrid, Turner Música, 2013, pág. 82

Fotografía: Ana Sánchez Juan

     
     
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