Noche de Reyes

Irene, siete años y catorce falanges en cada mano, duerme como un bebé envuelta en sus sábanas azules. Olivia, su alborotada mano derecha, y Simón, la mano izquierda, escuchan sus adorables ronquiditos. Ellos no acaban de conciliar el sueño...

—¿Simón?

—Shhhh, ¡Son las tres de la madrugada, vas a despertar a Irene! Nosotros, sus manos, no podemos importunarla —y recuerda entre sueños con malicia— ¡como en aquel vídeo, jijiji!

—¡Pues yo te digo que te despiertes!

Simón, que siempre fue perezoso, asoma el dedo meñique desde el otro lado de la cama.

—Bueno, y ahora qué. ¿Qué te pasa? —Simón frena su impaciencia; percibe la tensión de su compañera, y conforta por fin con mano izquierda— Estoy lejos. Hasta que Irene no se coloque de costado no podré desafiar a tu pulgar. Cuenta.

—A ti te gusta nuestra vida, ¿no? Siempre nos traemos algo entre manos, bueno, entre dedos. Toquiteamos, hacemos cosquillas, construimos, aplastamos… ¡Hasta aporreamos con gracia el piano! Aunque tú en eso eres un poco vagoneta. Pero, en general, ¿te gusta?

Se oye un bostezo disimulado.

—¡Eh! ¡Es que la parte izquierda del piano es muuuucho más difícil! Tampoco me lo había planteado. Creo que me gusta. Pero… ¿a qué viene ese tono triste? ¿No estarás reclamando mimitos?

—¡Noooo!

—¿Cosquillas?

—No. Me pasa que me he fijado en las manos de mamá y papá, y del tito. No he hablado con ellas sobre el asunto, pero creo que se aburren. Sus yemas están todo el día golpeando misteriosos teclados de los que no sale música. Obedecen a la cabezota grande que tienen los mayores, no juegan; a veces con las migas en la sobremesa, pero muy poco. Sí me gusta cómo se mueven cuando los órganos vocales se ponen en movimiento, pero nunca tocan ni fabrican nada, ¡es como si quisieran hacerlo en el aire y no pudieran! Nosotras sin embargo somos ahora tan libres…

—¡Pff!—Simón se vuelve a recostar, molesto—¡Otra vez ese pelmazo de Peter Pan!

—Que nooo. Yo quiero crecer. Pero más como el abuelo, que está todo el día con tapones, cintas, colores, robotitos… ¡Hasta hace torres en el supermercado con las latas de tomate!

Simón recuerda la escena boquiab…, ¡uñiabierto!

¡¡¡¡Y túneles!!!!—

Se hace un silencio expresivo.

¡Schhht! Ese ruido…

—¡Son ellos! Espero que nos hayan oído…

Fotografía cortesía de la artista Matilde Olivera Tovar-Espada de su obra "Mano en alabastro", 2006 (25 x 30 x 25 cm).

     
     
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