Edi Clavo

“La influencia de lo cañí, de Los Chichos, de Los Chunguitos nos cambió la cabeza a Gabinete Caligari”

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Edi Clavo fue batería de un grupo clave en La Movida, Gabinete Caligari, padres del rock torero y de la fusión de este género con estereotipos españoles, así como de otro grupo coetáneo, Malevaje, que también se dedicaba a enlazar el rock y el tango. Arropados por pilas de tesis que aspiran a crecer –esperando la suya propia–, charlamos en otra de las casas de Edi, la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, sobre aquellos años que transformaron la música popular española.

¿Cuál fue la principal aportación de La Movida?

Sobre todo frescura. Fue una reacción contra los movimientos anteriores. En el arte siempre encontramos el efecto de acción y reacción; contra el rock progresivo reacciona el punk, que fue como una bofetada. Nosotros aportamos sobre todo la posibilidad de comunicar el rock en castellano y eso es muy importante, si no cantas en castellano el rock se queda a medias. Eso hizo que el público se interesase por nuestras propuestas y que comprasen los discos, lo que mejoró también la situación de la industria.

¿Cómo era el proceso de composición en el Gabinete Caligari? ¿Cómo fue evolucionando desde el amateurismo a la profesionalización?

El rock español siempre ha ido a remolque del anglosajón. Nunca el rock español ha impuesto una tendencia. El rock es un lenguaje y un género anglosajón en su origen. En nuestra música coincidieron distintas influencias. Por un lado teníamos la de nuestros hermanos mayores, la música que escuchaban: los Beatles, los Rolling Stones, los Bravos, Serrat… todo eso deja un poso. Cuando teníamos 17 años aparece el punk, que nos muestra que con muy pocos medios técnicos y con un poco de actitud puedes hacer una canción. Cuando escuchábamos a Pink Floyd sólo podíamos hacer eso, escucharlos. No podíamos imitarlos. Escuchar a los Sex Pistols o a los Ramones fue vital porque nos hizo pensar que nosotros también podíamos llegar a hacerlo.

En cuanto al proceso de composición, también fue por emulación. Al principio empezamos haciendo canciones de dos acordes, de dos minutos y medio punteo…

¿Pero el trabajo era colectivo?

Sí, el trabajo a lo mejor era fusilar un ritmo de 4 × 4 que es fácil y sobre éste hacer un riff. A veces el cantante, Jaime Urrutia, venía con un riff de casa y a partir de ahí le seguíamos con el bajo y la batería.

¿Cómo surge el utilizar en vuestras canciones tópicos españoles (los castizo, lo madrileño), el famoso rock torero?

Una vez superado ese momento punk a nosotros nos influye la onda siniestra, grupos con un sonido muy denso. Eso nos permitió diferenciarnos de los grupos punk que había en Madrid, que eran muchos. Copiábamos a The Cure, Siouxsie & the Banshees… pero aportando los textos en español. Y llega el momento en que Jaime y yo nos tenemos que ir a la mili, que era obligatoria, y en la mili esas influencias extranjeras se diluyeron y empezamos a escuchar a Los Chichos, a Manolo Escobar, a Lola Flores… eso era lo que se oía en los cuarteles, lo que escuchaba la gente que venía de Jaén o de Extremadura. Esas influencias de lo cañí, de lo español… ese mundo nos cambió la cabeza a Jaime y a mí, y de una forma poco consciente fue aflorando. Nos dimos cuenta de que mezclando el rock con esas influencias de lo cañí, de Los Chichos, que estaban muy desprestigiados –era música carcelaria– se podía hacer algo. A raíz de eso creamos un estilo que fue nuestro, genuino.

¿Y musicalmente cómo introducís esos elementos españoles?

Sale de una manera natural. No existe un ritmo del pasodoble estricto, por ejemplo, así que lo íbamos adaptando. Todos esos tópicos españoles eran un poco el aderezo de nuestra música. Eran también muy importantes las letras, en las que hablamos de toros, de Juan Belmonte, canciones como “Gresca gitana” en la que hablamos de navajas, etc. Y a partir de ahí introducíamos toques, teníamos una amiga que tocaba las castañuelas, metíamos la guitarra española…

Pero es una constante en la música popular, en los procesos de asimilación del rock and roll ocurría eso. Hay un primer momento de imitación pero rápidamente la cultura nacional se incorporaba en el rock. Lo hizo hasta Mecano.

Nosotros nos metíamos mucho con Mecano en la prensa diciendo que nos copiaban. Ellos vendían más que nosotros, pero cuando aparecieron con lo de “Cruz de navajas” dos años antes nosotros habíamos hecho “Gresca gitana”.

¿Y estas incorporaciones de lo nacional os acercaban más al público?

Por supuesto, no sólo nosotros éramos modernos por reflejar esa modernidad. El público también quería o aceptaba esas propuestas. Por eso aquello tuvo tanta importancia.

¿Y cómo fue la relación con la industria discográfica? ¿La Movida cogió a la industria con el paso cambiado?

En un primer momento lo de los grupos de la nueva ola fue un fiasco. A finales del año 79 y principios de los 80 las multinacionales españolas como EMI, CBS o RCA ficharon a Radio Futura, a Mamá, a Los Elegantes, Nacha Pop… y les grabaron discos y los sacaron al mercado, pero no triunfaron. Luego hubo una segunda ola, que fue la que nos acogió a nosotros y que partió de las compañías independientes, sobre todo DRO, y ahí hubo un momento de gran subida… a partir del año 82-83 todos esos grupos sí vendían, grupos como Radio Futura, como nosotros, como Siniestro Total.

¿Vosotros empezasteis en DRO?

Estuvimos en DRO hasta el año 87, entonces la compañía EMI, al ver que vendíamos 50.000 copias, puso encima de la mesa un montón de dinero y nos fichó.

¿Qué papel juegan los 40 principales en la expansión de La Movida?

Al principio en Madrid llenábamos salas como El Rockola, pero en el año 82 fuimos a tocar Zaragoza y allí vinieron a vernos 20 personas. Entonces nos dimos cuenta de que en Madrid sí éramos conocidos en el mundillo, pero en provincias no había público. Obviamente la Cadena SER tiene unos tentáculos muy grandes y la difusión que nos dio fue muy importante. Ellos se dieron cuenta de que ese movimiento tenía tirón, tenía público y como son una radio comercial nos dieron una proyección nacional enorme, que era lo que nos permitió más tarde meter 20.000 personas en Valencia.

¿Y eso generó tensiones con otros grupos por las típicas cuestiones de “os habéis vendido”?

Sí, en los grupos y los medios aparecen estas controversias. Pero yo me di cuenta de que era un profesional y de que si en DRO me ofrecían unos medios y unos contratos y en EMI 5 veces más pues es ley de vida, no vas a decir “Yo quiero ser auténtico toda la vida y no me vendo”.

¿Qué papel jugaron los medios de comunicación en esa difusión?

Cuando íbamos a Inglaterra veíamos el Top of the pops (programa musical de la BBC) y allí aparecían todos los grupos de rock: David Bowie, T-Rex, y no había ningún problema. Nosotros no teníamos problemas a la hora de salir en programas como Aplauso, en los que igual detrás de nuestra actuación salía un melódico (“Don Diablo” de Bosé, por ejemplo), pero para la generación anterior, la gente del rock catalán, el rock urbano, ellos sí tenían más prejuicios con ese programa.

Pero la tele no tuvo tanta fuerza en difundir la música de La Movida como la radio. Los locutores de Onda Dos, y después en Radio 3, son quienes más dieron a conocer nuestra música. Y luego, claro, la Cadena SER y Los Cuarenta Principales. En la tele, aparte de Aplauso, había otros dos programas, Popgrama y Musical Exprés, pero igual, eran tardojipiosos y estaban en otra onda. Luego sí, llego Paloma Chamorro, que venía de hacer programas de arte e hizo La edad de oro, que era un programa muy fresco, muy vivo, Paloma dominaba muy bien el directo. Y La Bola de Cristal, que era para niños pero que incorporaba cosas de adultos de fondo.

¿Y las revistas de música y underground?

La mayor parte de las revistas de música de la época se editaban en Barcelona (Vibraciones, Popular 1) y estaban más centradas en la música de los 70, en el rock progresivo y esas cosas, así que no nos interesaban mucho. Luego estaban las revistas más políticas, tipo Star o Ajoblanco, muy inspiradas en la prensa underground, tipo Rolling Stone en sus primeros años, o británicas como IT u OZ, pero eran revistas que leían más nuestros hermanos mayores, eran revistas más tardojipiosas [Risas].

¿Cómo era vuestra relación con otras escenas de la época, como el heavy o el rock urbano? Vicente Romero, periodista heavy por excelencia, suele hacer una lectura de esas escenas en clave de lucha de clases: por un lado estabais las clases medias urbanas de La Movida, en el centro de Madrid, y por otros los grupos de rock de la clase obrera.

Es cierto que en los primeros años La Movida era una cosa muy minoritaria, de cierta élite cultural, de gente más enterada. Pero a partir de la entrada de Los 40 Principales aquello se mezcla mucho más, y al final de la década todo el mundo conocía nuestras canciones.

El heavy era algo más subcultural, de los barrios... Eran músicos con un nivel técnico superior al nuestro, pero quizás con menos interés por hacer cosas nuevas que nosotros, se quedaron más estancados en su rollo, se hicieron como un gueto. A mí me interesaba escuchar sus canciones, porque soy músico y me gusta saber lo que pasa, pero sé que a ellos no les interesaba nada nuestra música.

Para acabar, hay una cuestión que siempre sobrevuela al hablar de La Movida, que es la injerencia de la clase política en la misma. ¿Hasta qué punto La Movida fue un producto de la clase política?

La Movida fue instrumentalizada a posteriori, los políticos son inteligentes; no son tontos. Tierno Galván no entendía muy bien eso del rock, decía aquello de “John Lenox en vez de “John Lennon”… Pero se acercaron a aquello porque podía darles votos.

Fernán del Val
Julio Arce

Fotografía: Borja Alba.

     
     
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