Fetén, Fetén:

“Tenía mucho sentido que, como cuarto disco, saliésemos en un barco y nos fuésemos un poco más allá”

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Melodías de ultramar… título que apunta a las músicas de ida y vuelta, a esos trasvases de un lado a otro del océano. Contadnos un poco cuáles han sido las ideas que han generado este magnífico disco.

Melodías de ultramar surge de sentir que ha llegado el momento en que uno tiene que exponer nuevas canciones y poner sobre la mesa nuevas propuestas. Muchas de las músicas que van saliendo y conformando la lista de canciones se basan en ritmos inspirados en ultramar, en otros países a los que hemos llegado con nuestros conciertos.

Cuando las melodías tomaron forma en el ritmo, o en el esqueleto de la melodía sobre la parte rítmica –es decir, en todo lo que da concepto a la canción– adquirieron mucho sabor de músicas de ida y vuelta; músicas que podrían estar entre lo de aquí y lo de allá.

Al final decidimos irnos un poco más hacia allá, viéndonos reconocidos, viendo nuestro país y nuestra cultura en esas músicas que surgieron desde otros lugares y que fueron una mezcolanza de la música que llevamos y la que vino aquí. Aunque el eclecticismo siempre está presente en nuestra música, no hacemos una labor de trabajo etnomusicológico, simplemente nos divertimos. En definitiva, el concepto del disco fue cogiendo ese cariz. Además, tenía mucho sentido que, como cuarto disco, saliésemos en un barco y nos fuésemos un poco más allá.

Os habéis vuelto a rodear de grandes músicos y amigos, ¿qué vino primero, el huevo o la gallina? [Risas]

Cuando uno compone ciertas cosas (melodías, partes…) va pensando en los músicos. Tenemos la suerte de estar rodeados de grandes músicos que son grandes amigos; esa mezcla es impagable.

Puedes contratar a un músico que no conoces y va a estar bien, o puedes tomarte una cerveza con un amigo y charlar, lo que también está muy bien. Pero cuando compartes música con un amigo es algo muy difícil de explicar. Es una empatía y una sinergia muy bonita.

En otras ocasiones las colaboraciones vinieron después, una vez está hecha la melodía uno piensa qué músicos van a colaborar, pero otras veces no, simplemente el concepto de ese músico o esa música, de esa persona o esa cantante te hace llevar un rumbo de la canción que a lo mejor hubiera sido diferente.

Ya habéis hecho proyectos con orquesta sinfónica, pero en esta ocasión os lanzáis al mundo del viento, a la banda sinfónica. ¿Qué retos creéis que os puede plantear esta nueva aventura? ¿Habéis pensado en alguna banda sinfónica en concreto con la que colaborar?

Bueno, comenzamos el reto de hacer Fetén con banda sinfónica, “Fetén a banda”, con la banda de la escuela Andrés Isasi de Getxo, a partir de una propuesta suya. Siempre que uno hace más grande algo, en el sentido artístico, es bienvenido: es un aprendizaje. Para nosotros tocar con banda o con sinfónica requiere un esfuerzo, una adaptación.

Quizás cuando estamos solos tenemos otra libertad, a la hora de entender los ritmos, los tempos, las dinámicas… Cuando trabajas con tantos músicos tienes que adaptarte y ellos también. Por eso el trabajo en equipo siempre es bueno. En este caso ver, además, cómo nuestra música arreglada para banda suena más grande pues es ¡puffff!, ¡es muy divertido y es un paso muy hacia delante en nuestra carrera!

En este disco usáis alguno de vuestros recursos estrella como el sonido del mar del acordeón de Jorge, una delicia para el oyente, que hace un viaje a través de la escucha, ¿era parte de vuestro propósito hacer de este disco un viaje? ¿O cada disco lo es?

Cada disco es un viaje en toda regla. Es un viaje que hay que preparar con mucho tiempo. Es un viaje que requiere un esfuerzo económico. Es un viaje en el que, si piensas en el objetivo, en el puerto al que vas a llegar, te diviertes menos que si disfrutas el viaje en sí mismo. Y por supuesto toda nuestra vida musical es un viaje, pero si uno no se lo toma así, se lo toma como algo de oficina, o como algo económico, un objetivo para sobrevivir simplemente, pues va a ser un viaje muy aburrido. Cada parte de este viaje ha sido disfrutada y ha sido entendida. Ya con el tiempo, uno empieza a desesperarse menos cuando no salen las cosas y vas viendo que las tormentas del viaje tienen su porqué. Así que, sí, totalmente: es un viaje en toda regla.

El sonido “Fetén” está más que consolidado y de nuevo lo escuchamos en este disco. En Síneris os reconocemos fácilmente allá donde sonéis, ¿cuáles pensáis que pueden ser vuestras señas de identidad sonora que os hacen inconfundibles?

Bueno para nosotros es una buena crítica, ¿no? Que se nos reconozca. A ver, también se le puede reconocer a alguien por sonar mal, ¿no? Pero no nos hemos planteado hacer un sonido. Cuando uno hace lo que le gusta y pone como prioritario el ser honesto con lo que uno quiere hacer, siempre va a ser original porque cada uno es distinto y diferente. Por supuesto, hay denominadores comunes, hay cosas que copiamos, que nos influyen, hay cosas que marcan nuestra música, hay cosas que son comunes a toda la música. Al fin y al cabo, nuestra forma de entender la música la hace diferente y eso para nosotros es, sobre todo, súper importante.

Habéis actuado en Latinoamérica, Europa central… Este año repetís, ¿cómo pensáis que os recibirán en Alemania este verano?

La música instrumental es incluso un lenguaje más universal que la cantada, y nuestra música ha bebido de Europa: el acordeón llegó desde Europa, los bailes agarrados llegaron de Europa, el violín llegó desde Europa, la forma que tenemos los violinistas tradicionales españoles de tocar llegó desde Europa porque aquí no era tradicional. Por lo tanto, cuando vamos a Europa (Alemania, Francia, Austria, Eslovenia…), cuando hemos viajado por todos estos sitios, la gente lo ha visto como algo diferente pero a la vez se ha visto reconocida en nuestra música.

En vuestros viajes anteriores, ¿qué tal se ha portado el público extranjero?

Siempre con mucho cariño, en todos los sitios, en España también. La gente disfruta con la música que hacemos. Es aparentemente asequible, aunque detrás de ella hay un trabajo muy arduo de armonía, de composición… Aunque musicalmente haya un trabajo severo, cuando te llega el producto lo hace de una forma muy fácil de consumir. Por eso la gente lo acepta muy bien.

Carlos Raya ha sido vuestro productor en Bailables y Melodías de ultramar, ¿en qué sentido ha cambiado vuestra trayectoria?  

Carlos es un grande, un buen productor. Sabe hacer lo que hay que hacer como productor: conservar la parte buena de lo que uno lleva e intentar arreglar lo que no es tan bueno y tan previsible. Es una buena manera de no caer en errores comunes: no caer en egos, en hacer que todo esté barnizado de una manera que dé sentido al proyecto. Carlos es un músico excelente y nos aporta muchísimas cosas.

Hemos observado que habéis colaborado también con cantantes, ¿cuál ha sido el motivo en esta ocasión?

No hay motivos. Uno compone una canción y dice, hombre, vamos a ponerle letra. Claro, cuando tenemos la posibilidad de trabajar con gente que ya conocíamos, que son dos premios nacionales [Carmen París y Javier Ruibal], dos cantantes de oficio… Ahora mismo el oficio del cantante está en horas bajas. Por eso reivindicamos a cantantes como Chavela Vargas como Edith Piaf, María Dolores Pradera; ese es el legado que han recogido Javier Ruibal y Carmen París. Para cantar hay que afinar, hay que dar estilo, hay que dar matices, hay que hacer dinámicas… da igual el estilo en que uno cante. Así que bueno, para nosotros, si hay que buscar un motivo por el que están, ha sido a posteriori, un motivo de satisfacción al ver lo que han hecho.

Respecto a la audiencia a la que va dirigido este disco: ¿sigue siendo para todos los públicos? ¿Proseguiréis con vuestros fantásticos conciertos pedagógicos o hay otros proyectos sobre la mesa?

Bueno, nuestra música es para todos los públicos, pero es que la música siempre ha sido para todos los públicos. Se han establecido unas separaciones por franjas de edad que no tienen mucho sentido, porque yo presupongo que los niños de la época escuchaban a Louis Armstrong. Nosotros intentamos defender que los niños no son tontos, que pueden emocionarse perfectamente escuchando a Mozart, no necesitan estar simplemente escuchando lo que les proponen los mayores, que a veces son cosas bastante tontas.

Y, por supuesto, nuestros discos gustan a la gente mayor porque reconocen sus bailes y sus épocas, la gente joven también se sorprende con nuestros instrumentos y los pequeños disfrutan y no se lo plantean de ninguna otra manera.

Bailables ya fue un rotundo éxito, pero quizá ha sido Cantables –a nuestro juicio–, el disco que ha consolidado vuestra difusión entre el público general. ¿En qué sentido os cambió esta experiencia?

Cantables fue una especie de juego, porque nuestro objetivo no es hacer música cantada, cantamos muy mal. Nos dimos el gusto y nos dio otra perspectiva del grupo. En Latinoamérica se hizo muy conocido el disco y nos ha abierto muchas puertas. Pero no, estas experiencias no te cambian de una manera especial, te aportan.

Por eso ha habido dos canciones en nuestro nuevo disco cantadas, porque hemos aprendido y nos dimos cuenta de que nuestra música podía funcionar con una letra encima. Pero bueno, es un disco del que estamos súper orgullosos, en el que ha merecido mucho la pena trabajar junto al productor Sebastian Schon. Pero ahora estamos volviendo al camino de lo instrumental, que también es lo nuestro.

En este mundo loco en el que nos ha tocado vivir, ¿cuál creéis que es el futuro de la cultura y la música? ¿Serán públicas o privadas? ¿Tendrán un lugar en la educación?

La música es más grande que toda la humanidad. La música perdura y los seres humanos nos vamos yendo. Por eso, a pesar de que ahora hay una crisis muy grande de valores en general y la música que se consume tiene, muchas veces, una calidad que brilla por su ausencia, la música va a estar ahí.

¿Será pública o privada? Depende de nosotros, los políticos nos ofrecen, nosotros votamos. También tenemos mucho que decir. La educación en casa es muy importante, lo que escuchen los niños y niñas en casa va a determinar hacia dónde orientarán su interés por la cultura.

¿Pensáis que los conservatorios siguen teniendo sentido?

Sí, lógicamente. Los conservatorios son las universidades de la música. Tienen que estar: tienen que tener más calidad, tendrán que renovarse, estar más abiertos a otras músicas… En este país, falta mucho terreno por sembrar en los conservatorios. Pero sí que es verdad que son más que necesarios.

Las plataformas de reproducción y difusión como Spotify, YouTube o iTunes están cambiando nuestro día a día en cuanto a hábitos de escucha. Del mismo modo lo hacen las redes sociales, que modifican la conducta y la percepción de la realidad, ¿cuál prevéis que será el papel del intérprete en ese nuevo escenario? ¿Habéis notado cambios en vuestro modus operandi en estos años?

Sí, bueno, estas cosas no son ni buenas ni malas, suceden y hay que adaptarse, ¡ya está! Tienen una cosa muy buena: que tengamos toda la música posible. Tienen otra cosa que no es tan buena y es que la gente ha perdido la capacidad de elegir. Te mandan listas, te dicen lo que tienes que escuchar. La libertad no está en tener mucho donde elegir, la libertad está en saber elegir. Creo que eso es importante, no hay que darle vueltas si es mejor o es peor, son cambios en la vida.

En concreto, para Fetén, nos ha aportado cosas, nos ha quitado cosas, pero, intentamos seguir el ritmo de los acontecimientos.

 

Cuestionario Síneris

Si tuvierais hijos o si tenéis amigos con hijos ¿les recomendaríais que estudiaran música? ¿Por qué?

Sí, lo recomiendo a todo el mundo: a los niños y no niños porque la música es una herramienta para ser feliz, como la literatura, el deporte… Esas herramientas hay que utilizarlas.

¿Qué hay en la playlist Spotify de Diego y Jorge, de Jorge y Diego?

Bueno, creo que no tenemos playlist… Por lo general música muy antigua: años 20, años 30, música clásica, mucho jazz; nos gusta ACDC, los Stones, David Bowie, Louis Armstrong… Cosas muy eclécticas.

¿Qué hay en el armario de concierto deFetén? ¿Algún objeto o prenda fetiche? Para nosotros las camisas y los zapatos son importantes. Intentamos combinarlas, que sean llamativas; no nos pueden faltar nunca.

Si tuvierais que dar a elegir entre tocar, cantar o bailar… ¿qué escogeríais? Yo creo que se puede hacer todo. Nosotros en concreto tocar, porque lo otro lo hacemos muy mal [risas].

¿Algún libro sobre música predilecto?

Hay un libro muy interesante que recomendamos a todo el mundo. Se llama Musicofilia [Sacks, Oliver: Musicofilia: Relatos de la música y el cerebro, Anagrama] 2015, del psiquiatra Oliver Sacks, sobre cómo la música influye en nuestro cerebro.

Zoila Martínez Beltrán

Fotografía: www.rtve.es

     
     
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