Juan Aguirre:

“El 15M nos influyó en lo personal, pero no cambió nuestro concepto de escribir”

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Hace un año Amaral publicaron la canción “Ratonera”, acompañada de un polémico y mordaz vídeo sobre la clase política dirigido por Alberto González Vázquez. Algo ha cambiado en la música pop española para que un grupo definido como mainstream se aventure a lanzar un videoclip tan provocador. ¿Alguien se imagina a La Unión o Gabinete Caligari, allá por los años noventa, criticando al PSOE por los GAL?

Juan Aguirre (San Sebastián, 1970), guitarrista de Amaral, cumple con uno de los tópicos sobre la banda: es un tipo majo y educado que accede a la entrevista de muy buena gana. Disculpa varias veces la ausencia de Eva Amaral ya que están trabajando en su próximo disco. Lo que el tópico no ha difundido es el carácter reflexivo y profundo de Juan. Parece callado pero se explaya en las respuestas. Charlamos sobre música, política, compromiso, industria…

Como aficionado a la música, ¿qué opinas sobre los artistas que se posicionan políticamente en sus canciones?

Nunca me he planteado si me gustaba un tipo de música u otro en función de los temas que tocasen, de hecho la mayoría de grupos que me gustan no son monotemáticos. Si hablamos de los clásicos, desde los Beatles a los Rolling Stones, tocan todo tipo de temas, sobre todo los Beatles. Es decir, no me va a gustar más una canción porque hable de un tema social o político que otra que hable de un tema más introspectivo. Y creo que a Eva le pasa igual, siempre hemos compartido música y cuando hemos descubierto un disco no nos hemos planeado qué lectura política se puede hacer de él. Hablamos del sonido, de lo que te transmite la canción, pero nunca hemos hablado de otros aspectos.

Hay cosas que me gustan más por su sonido, porque me resulta más agradable o quizás… ¡ni si quiera sé por qué me gustan! y no tiene nada que ver con el mensaje. Por ejemplo, el rock urbano: Leño me encantan, me parecen una gran banda. La primera vez que escuche a la Polla Récords me parecían bien, pero no me gustaban solamente por los temas que tocaban. Al final te llegan las cosas cuando te llegan, sin más. El disfrute y la pasión por la música no es algo que piense que sea muy racional, creo que tiene mucho de irracional.

Y desde el punto de vista profesional, como banda, ¿os habéis planteado de manera consciente hacer una canción con contenido político? ¿O es algo que surge, sin planteamientos previos?

Jamás. Nosotros hemos habladode temas sociales desde el principio pero de una manera natural. En el primer disco, la primera canción que Eva me enseñó era la historia de una niña (“Rosita”), que estaba siempre pidiendo en la plaza donde estaba la escuela de artes en Zaragoza, y eso no fue premeditado, simplemente la escribió porque la tenía delante. Todos nuestros discos tienen impregnada una visión del mundo. Hemos escrito muchas veces sobre política sin darnos cuenta, entendida como algo amplio, no como un sentimiento de adscripción a un partido político. Escribimos sobre amor, desamor, amistad, sexo… Nosotros no pensamos que estamos haciendo una canción protesta ni política, y “Ratonera” surge de la misma manera.

Pero “Ratonera” es una canción con muy mala leche, algo que no estaba tan presente en otros discos.

Hay canciones, como “Sin ti no soy nada”, que habla de un sentimiento muy destructivo. Es una canción escrita con mala leche en el sentido de que estás narrando la historia de alguien que tiene una dependencia afectiva radical por otra persona. Nosotros siempre hemos dicho que normalmente nos interesan las canciones con alto contenido emocional. Si haces una canción en la que estas hablando de algo que odias, obviamente el odio es un sentimiento que es muy perceptible cuando lo verbalizas. A mi la frase de “Ratonera”: “ojalá sintieras el miedo que generas” me parece un pensamiento terrible, porque realmente yo tengo amigos que temen perder su trabajo y temen no poder escolarizar a sus hijos. Cuando ves ciertas cosas las ves bajo ese prisma, pero no significa que tú seas partidario de un partido político u otro. No creo que el sentimiento que habita en “Ratonera” no esté en “Cómo hablar”, en “El universo sobre mí” o en “Revolución”. A mí me extrañó, porque cuando se publicó “Ratonera” había gente que se preguntaba “¿por qué hacen esto ahora?”, como si nos hubiéramos sacado un conejo de la chistera, cuando realmente llevamos escribiendo cosas así desde el mismo día en que empezamos.

Yo te iba a preguntar por otra frase de la canción, “Puedes intentar que te perdone Dios, no lo haré yo”, muy dura.

El origen de la canción tiene que ver con que vi en las noticias unas imágenes de unos tíos cuyos brazos y piernas estaban cercenados por las cuchillas de la frontera de Ceuta o Melilla. Acto seguido salió un ministro, que es bastante dado a encomendarse a las divinidades y que tiene una imagen pública de ser una persona muy religiosa, diciendo que no sabía si eso cortaba. Te puedes inventar un mundo de explicaciones, pero eso es una especie de impostura máxima, y no tiene nada que ver con la ideología política, es una actitud personal. Yo no discuto su manera de pensar, que respeto porque está en su derecho de ver la vida como quiera y de profesar la religión que quiera, pero aquello me pareció un insulto a todos, y eso fue el origen de la canción, fue un origen visceral. El sentimiento de esta canción es muy personal, no hay una praxis política ni estás intentando salvar el mundo. Si la gente entiende que eso es una canción política me parece muy bien, pero no es más personal ni menos que otras canciones que hemos podido escribir.

La letra es muy personal, pero sin ver el video no tiene por qué tener una lectura política.

El video en el fondo es mucho más amable que la letra de la canción porque no deja de ser una sátira en forma de cómic, mientras que la letra no tiene un atisbo de sátira. No somos un grupo que nunca hayamos aceptado estereotipos, siempre pensamos que la banda era una manera de expresarnos nosotros mismos, y no consideramos el video sea una falta de respeto a las personas. A las personas las respetamos como tal. En el vídeo aparecen cargos públicos, y los problemas que han generado esos cargos no nos los hemos inventado nosotros.

La canción hay que enmarcarla dentro de un cambio político profundo en la sociedad española, en la cultura política de este país, a partir del 15M. ¿Sentís de alguna manera se han roto algunas barreras para poder hablar de cosas políticas en la música?

En nuestro caso no. Cuando se produjo el 15M estábamos grabando un disco, y como estábamos bastante cerca del centro de Madrid lo vivimos con bastante interés porque era una cosa que generaba mucha esperanza, una esperanza de progreso. A mí la política me ha interesado desde que tengo uso de razón, porque la he vivido en Zaragoza y la he visto desde pequeño, desde que había concentraciones multitudinarias en Zaragoza en contra del trasvase del Ebro. El 15M nos influyó en lo personal, pero no cambió nuestro concepto de escribir.

Es llamativo que una escena como la indie, que en sus orígenes se mostró refractaria a tratar temas políticos, ahora los aborde de una manera tan directa. Grupos como Vetusta Morla, Grupo de Expertos Solynieve, Mucho, Supersubmarina, Maronda, Niños mutantes, entre otros, se han volcado con la crisis económica y sus efectos sociales.

Imagino que es algo que les sale de forma natural, como a nosotros. El compromiso, o la ausencia de él, es algo muy personal. Cuando se habla de compromiso en la cultura se adscribe a lo social o a lo político, pero no se habla del compromiso estético. Yo me considero guitarrista y prefiero hablar en las canciones. Para nosotros las letras son importantes pero hay un compromiso estético que es muy primordial: a mí me importa el sonido de la voz, de las melodías... A mí me gusta la cultura del entretenimiento, me parece que hay un arte en esas cosas. Me puede gustar una canción porque me gusta una melodía, sin más. Cuando se pone tanto énfasis en lo social se corre el riesgo de ponernos muy serios. Creo que estaría muy bien reírnos de nosotros mismos. Hay que relativizar las cosas, el poder de una canción o de un músico, que en el fondo es una labor bastante hedonista. 

Hay otro tipo de “política” que tiene más que ver con las relaciones de poder dentro de la industria musical, con la relación del músico con su discográfica. Ahí vosotros os posicionasteis claramente hace unos años entrando en el mundo de la autoedición.

Cuando nosotros llevamos hechos tres discos con Virgin, esta compañía es absorbida por otra gran compañía, EMI. Entonces vemos cómo la mayoría de la gente con la que trabajábamos se va quedando sin trabajo y empezamos a pensar en la idea de dar el paso de montar un sello. Esto lo pensamos en el 2005-2006. El primer disco que autoeditamos nosotros y que distribuyó EMI fue Gato negro, Dragón Rojo. Fue el disco de transición a este cambio, ahí ya tenemos un sello, pero nadie lo ve porque no tiene nombre. Pero el problema surge cuando la compañía que absorbió a la nuestra es absorbida por no sé qué accionistas, y claro, nosotros nos preocupamos porque no sabemos quién gobierna la compañía de discos, si es un fondo de inversión… o quién. No quisimos editar un disco en esas condiciones. Acto seguido nos reunimos con la dirección y les explicamos la situación. Con ellos siempre habíamos tenido muy buen trato, eran gente amable y les apreciábamos, pero otra cosa era estar gestionados por una corporación de la que no sabíamos nada. Un día tomando un café, mientras montábamos una canción que se llamaba “Antártida”, Eva dijo: “podemos llamar a nuestro sello así”, y así lo hicimos. Acto seguido la prensa musical empezó a plantear que “Amaral se han hecho indies”, un término que realmente no llegamos a comprender. Claro, a nosotros nos sorprende nuevamente, porque llevábamos funcionando así desde el 2007, durante 4 años. Lo único que cambia es que le ponemos nombre al sello.

Entonces hay gente que se molesta dentro de la industria –no dentro de nuestra compañía– porque podemos convertirnos en un símbolo, un grupo que ha estado funcionando bajo el amparo de una multinacional y de pronto se queda solo. Y debido a esto tuvimos que sufrir algunas cosas que no están bien. ¿Este tipo de decisiones tienen una consecuencia política? Bueno, volvemos a lo de antes, responde a una visión del mundo y a una visión de lo que significa para nosotros tener una banda y cómo nos gusta trabajar. Nosotros no hicimos la banda con unos criterios económicos, si no creo que hubiéramos hecho otra cosa, no pensábamos nunca que el grupo iba a crecer como lo hizo pero nunca fue nuestra intención el conseguir éxito a gran escala ni nada por el estilo –cosa nada desdeñable porque nos encanta y estamos muy agradecidos–. La banda siempre ha servido para satisfacer unas necesidades que no pasaban por el reconocimiento público. Era una pulsión que sentíamos de adolescentes y que ahora que ya no lo somos también la sentimos.

¿Creéis que hubierais podido publicar “Ratonera” con ese videoclip en EMI?

Sí, lo que no entiendo es por qué se plantea lo contrario. ¿Hay gente que piensa que una compañía puede opinar sobre lo que editas y lo que no? En mi experiencia, lo que te puedo decir es que nadie manipula a quien no se deja manipular, yo lo siento como un axioma, nadie me ha dicho “tenéis que grabar esto, y esto no”. Nosotros no hemos notado diferencia entre autogestión y estar en una discográfica porque en el fondo, nuestra manera de funcionar siempre ha sido autogestionaria. Habrá gente a la que le sorprenda, pero siempre hemos tenido la referencia de grupos como Fugazi. Es cierto que no venimos de la cultura hardcore, más bien del folk, pero como filosofía puede no haber ninguna diferencia.

Desde que os autoeditáis habéis tocado bastante por Europa, ¿cómo habéis gestionado esas giras?

Hemos hecho dos giras, una primera sólo los dos, con guitarras acústicas, que fue muy positiva, y una segunda con toda la banda. Viene a vernos gentes del país, no sólo españoles, y es un público muy respetuoso. Sin duda Internet nos ha dado mucha difusión, pero también hemos publicado con sellos pequeños de algunos países, al tener nosotros el master de los discos. Altafonte, empresa que distribuye nuestra música, tiene contactos con una asociación de sellos europeos, Impala, y eso nos ha servido. Es una de las cosas positivas de la autoedición. También hemos tocado en Latinoamérica. Hemos ido mucho a Argentina y Chile, en México y Estados Unidos también. Pero allí es lo mismo, nuestro mánager negocia con algunos sellos locales para editar los discos. Editamos con quien nos encontramos a gusto.

Aunque el éxito comercial no haya sido un objetivo primordial para vosotros, sois un grupo muy popular. ¿Os incomoda?

Estar en un grupo conocido es un impedimento para hacer cosas normales. Para nosotros hacer música tiene que ver con la libertad de observar. En el momento en el que eres un... artista, pierdes eso. Yo odio las zonas VIP en los conciertos. Si vienen Suede, por ejemplo, quiero verlos en primera fila, no quiero estar con los de la compañía, que me den tickets de consumiciones y todos hablando, para eso me quedo en casa y me pongo el disco. Nosotros tenemos esa contradicción: que el grupo venda y sea conocido, que nos encanta, y poder comprarnos instrumentos. Pero queremos seguir teniendo la capacidad de observación que tuvimos siempre.

La charla continua mientras tomamos café y te. Ya no hay cuestionario, simplemente curiosidad. Hablamos de sus inicios en Madrid, cuando coincidían con Carlos Chaouen o Enrique Urquijo. De Quique González. De cuando estuvieron en el estudio de Ryan Adams. De hipsters, críticos y gafapastas. De dónde comprar una Telecaster. Juan coge su bici para irse al estudio. La guitarra le espera.

Fernán del Val

Fotografía: http://www.headbangerstore.com/noticias/juan-aguirre-de-amaral/.

     
     
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