Xoel López

Atlántico es mi disco más latinoamericano y más español”

ANDREAS PRITTWITZ
“Todos estamos deseando romper...”

Mario Muñoz Carrasco

XOEL LÓPEZ
Un pirata del Atlántico

Cristina Aguilar

NUEVOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA
Prácticas emergentes en la industria discográfica

Héctor Fouce

España y Latinoamérica tienen una fluida historia de encuentros y reencuentros en lo que a pop-rock se refiere, bastante más intensa de lo que se tiende a pensar en España. No en vano a Elvis y el primer rock and roll lo conocimos a través de los mexicanos Enrique Guzmán y los Teen Tops, o de los cubanos Los Llopis. Los hispano-argentinos Tequila nos recordaron lo divertido que podía ser el rock stoniano en un momento en el que el rock español estaba marcado por el costumbrismo y el desencanto. Y Los Rodríguez, con los argentinos Andrés Calamaro y Ariel Rot al mando, reivindicaron la rumba en medio de la vorágine anglófona del primer indie patrio.

No hace tanto tiempo que Xoel López, por entonces parapetado tras Deluxe, despuntaba en la escena indie con aspecto mod y versos en inglés. Diez años después el viaje realizado por el músico gallego se antoja, si no infinito, como titulaba en su 5º disco, al menos bien fructífero. Primero dejó atrás el inglés por el castellano, después dejó España por Latinoamérica y ahora vuelve con un disco en el que géneros de allá se mezclan con los de acá en un ejercicio de sana ductilidad. Ya con Lovely Luna, grupo compartido con el también gallego Félix Arias, y paralelo a su carrera como Deluxe, Xoel se había introducido en el terreno del folk, pero sin la profundidad de su última obra. Con todos estos precedentes a sus espaldas nos recibe un Xoel López sonriente en la cafetería del Circo Price de Madrid.

Estudiando el fenómeno del rock y pop latino nos encontramos con que tu nuevo disco, Atlántico, se diferencia de propuestas anteriores protagonizadas por americanos que vinieron de allí para instalarse en España, mientras que tu itinerario ha sido el contrario.

Mi disco es un puente entre las dos costas. No pasa tan a menudo, o casi nada, que un español se vaya a vivir tres años a América, y eso hace que Atlántico sea tan particular. Hay más casos de argentinos que han venido a vivir a Madrid, o a Barcelona, que han hecho discos aquí y que tienen algo de influencia de la música española, pero españoles que se hayan ido a América y hayan hecho un disco desde allá ha pasado menos.

No sé si podemos contar en ese caso con Julio Iglesias o Alejandro Sanz...

[Risas] ¡Me han robado la idea!

En tu disco utilizas géneros musicales latinoamericanos, por ejemplo hay algún parecido a la milonga, al tango o a la rumba en algunas canciones. ¿Es una incorporación consciente de estos géneros?

Yo pienso lo contrario, creo que aunque es un disco que recoge elementos de determinados géneros, no recurre al género directamente. No hay ningún ritmo concreto que remita a un patrón claro. Canciones como “Hombre de ninguna parte” pueden sonar un poco a bossa-nova, con cierto aire tropical. “Joven poeta” también suena a milonga...

Esa canción también suena muy argentina, muy tanguera...

Sí, pero tampoco termina de ser un tango... incluso puede sonar a bolero... Es un poco todo, y no es nada. Todas esas músicas las he escuchado desde pequeño, y ahora las he podido vivir más de cerca. Creo que estoy en una época en la que los géneros ya no me atrapan como cuando tenía 20 años. Entonces quería hacer música como los Beatles, o los Stones. Ahora cuando escucho la música se me mete de una forma casi casual. Por eso este disco es un ejemplo de matices, de músicas latinoamericanas...

Y no sólo, también hay rumba flamenca, como “Caballero”.

Sí, pero tampoco sé si es una rumba, aunque lo pueda parecer. Todas las canciones se parecen a algunos estilos. Yo llego a ellos de una forma bastante ingenua, eso hizo que saliesen esos ritmos un poco híbridos. Quizás “Joven poeta” es el tema que más podría aproximarse a un género, aunque tampoco sabría decirte cuál es. Ya me ocurrió con una canción del último disco de Deluxe, “Quemas”, de la que todo el mundo me decía: “eso es una especie de copla”, que tampoco lo es exactamente... Realmente los géneros son híbridos ya en su origen, se crean a partir de unas mezclas, la milonga, por ejemplo, no nació como milonga, se fue creando de forma casual. Hay que tener en cuenta que las circunstancias son muy importantes: un gallego que se va a América, que se empapa de nuevos ritmos... ¿Qué “carallo” sale de ahí? Pues a lo mejor sale un ritmo nuevo, el ritmo “Atlántico”, que quizás es el que habría que definir.

Realmente tu disco nos ha parecido eso, un ejemplo de cómo los géneros se van mezclando, “hibridando”, sobre todo en la última canción, “El asaltante de estaciones”.

Esa canción es, directamente, una ida de olla, es una especie de canción psicodélica... ¡¡psicodelia tropical!! [Risas] Realmente, a toro pasado me cuesta menos definir el disco, pero cuando lo estás haciendo no tienes tanta conciencia. Esa canción, por ejemplo, en su parte central tiene lo que los caribeños llaman una “descarga”. Los músicos que la grabaron forman parte de la banda de Ibrahim Ferrer Jr., el músico cubano, y por eso tiene ese toque. Date cuenta de que son músicos argentinos tocando música caribeña y dirigidos por un gallego, ¡es la hostia! [Risas]. De ahí salen los híbridos, canciones con nuevos matices. A estas alturas es muy difícil hacer música nueva, y yo no tengo ninguna intención. Yo me conformo con expresar mis sentimientos, las cosas que me conmueven, mis dudas, mis anhelos, lo que quiero, lo que me duele, lo que me encanta... Pero a nivel estilístico nunca he sido demasiado pretencioso. No me mueve el tratar de innovar en los géneros, en el fondo la estética de lo que haces te la encuentras, si tocas con una gente te sale una cosa, si tocas con otra, pues otra distinta, si estás viviendo en América te pasa esto. ¡Si me fuese a China acabaría tocando con chinos y con instrumentos de allí! [Risas]

Antes de irte a Argentina ¿tenías algunos rudimentos, algún conocimiento sobre estos géneros, sobre cómo tocarlos?

No, los he ido conociendo y aprendiendo estando allí. No me fui con la idea de quedarme. Yo me fui quedando. Mi idea era estar dos meses en Buenos Aires y dos meses en Nueva York, pero al final el continente me fue atrapando; estuve en San Francisco, en Chile... Y eso es lo que se plasma en el disco, uno refleja musicalmente lo que es como persona. A veces a la gente se le olvida que detrás de esos estilos hay una persona que tuvo que llegar a esa conclusión a través de sus experiencias. Pero, como digo, a pesar de la parte estética, a mí lo que me motiva es lo sentimental, poder contar algo, comunicarme con el mundo. El lenguaje musical que utilizo para ello es siempre algo secundario.

Es curioso, porque en algunas canciones de Atlántico parece que ritmo y melodías estén completamente fusionados...

Eso ocurre porque todas las canciones nacen de tocarlas muchas veces en sitios pequeños. Entonces, de forma inconsciente con la guitarra y con la voz procuro hacerlo todo... Ayer tuvimos un concierto en el Mercado de San Antón que ejemplifica cuál fue el formato con el que me defendí en Latinoamérica. Cuando tocaba así, yo solo, sentía que echaba de menos a mi percusionista, a mi batería... y empecé a añadir elementos yo mismo. Al final de este proceso las canciones prácticamente ya sonaban con guitarra y voz. De hecho, en la grabación del disco fue difícil añadir determinados elementos y tuvimos que prescindir de meter nada más, el ritmo ya estaba en la guitarra, subrayado claramente con la voz... Nos constó mucho deconstruir, fue una deconstrucción total.

En vez de reconstrucción...

¡Se podía haber llamado “deconstrucción” de hecho! [Risas]

¿En algún momento tuviste presente las aproximaciones que desde el rock español o el latinoamericano se han hecho hacia algunas músicas folclóricas? Grupos como Radio Futura, Gabinete Caligari, Los Rodríguez, Ariel Rot, Fabulosos Cadillacs...

Bueno, Gabinete siempre me sonaron más españoles.

De hecho los etiquetaban como rock torero...

Sí, sí, y en concreto esos grupos que citas me parecen muy roqueros, yo no soy tan roquero, soy más folkie. Tienen una gran presencia de guitarras, de unas baterías muy fuertes, el bajo eléctrico. Atlántico es mucho más folclórico, no tiene esa urgencia del rock. Los Rodríguez eran un grupo muy rock, y al mismo tiempo muy de radiofórmula, con un sonido que todo el mundo tiene muy asumido. Yo este disco no lo llevo a la radio porque me lo tirarían a la cara, no tiene esa base de “bombo-caja”, que es lo que te demandan las radios. En ese sentido es un disco bastante más relajado.

¿Y has tenido mucha relación con grupos o músicos latinoamericanos?

He tocado con mogollón, pero he ido conociendo cosas muy interesantes, más allá de estos grupos, que te encuentras por casualidad, en bares... Pero sí, he tocado con muchos: Lisandro Aristimuño, Pablo Dacal o con Franny Glass, que es un músico uruguayo al que le he producido un disco, El podador primaveral, y me parece que es precioso, de canciones muy bonitas.

Pero es curioso, por ejemplo, gente de allí como Franny Glass apenas se acerca a las formas folclóricas, él es más dylaniano quizás.

Sí, pero con este último trabajo hemos conseguido acercarle un poco a esos sonidos. Curiosamente a pesar de hacerlo con un gallego es el disco más uruguayo que tiene.

Es lo mismo que le ocurrió a Kiko Veneno cuando le produjo Joe Dworniak su disco Échate un cantecito, y decía Kiko que gracias a un “guiri” había conseguido encontrar su sonido.

Tiene lógica, yo le decía a Franny que a mí me gustaba cuando con la guitarra hacía ese ritmito, esas cositas... Alguien desde fuera te puede dar cierta objetividad y valora cosas que tú no percibes, recurriendo al clásico “en casa del herrero cuchillo de palo”. Uno no se da cuenta de lo que tiene, a mí me pasó con España: en Atlántico hay muchas referencias a la música de aquí que no tenía Deluxe. Es mi disco más latinoamericano, y más español. Para mí es un disco atlántico, de mi Atlántico. Incluso Inglaterra también es atlántica, y también está ahí. En este disco tampoco he dejado de lado lo anglosajón, lo que pasa que está mezclado. Ahí están Bob Dylan, Simon and Garfunkel, que considero que son cosas básicas, no me las puedo quitar.

A lo largo de tu trayectoria ha sido muy importante el apoyo de Juan de Dios Martín, ya fuese como productor o músico en directo. ¿Qué tal se ha adaptado al giro estilístico que has dado?

Bueno, yo he grabado las guitarras en mi disco. Y Juan está tocando en este caso las guitarras en directo porque yo estoy tocando la española. Necesitaba un guitarrista y ¿quién mejor que Juan que es de total confianza y sabe perfectamente por dónde van los tiros? Juan y yo somos como hermanos. Es decir, somos íntimos amigos y además hermanos musicales y cosas como “Lluvia de Estrellas” [Risas] nos han unido forever and ever. [Juan de Dios y Xoel participaron en los años 90, antes de saltar a la fama, en el inefable programa “Lluvia de estrellas” presentado por Bertín Osborne, haciendo una imitación de los Beatles] Juan se ha adaptado muy bien porque en eso somos iguales, es muy abierto musicalmente y todo lo que sea hacer algo diferente le encanta. Él acuñó la frase “aquí ya hemos estado” y la llevamos a rajatabla. A lo mejor cosas que están guay las pasamos porque no queremos repetirnos. Depende de la personalidad de cada uno, pero a mí por ahora, hasta el momento, siempre me ha pedido que cada disco tuviera algo nuevo. Quizás dentro de unos años me apetezca quedarme con una línea, supongo que depende de lo que pase en mi vida.

Volviendo a lo que decías antes de la radio, ¿cómo ha sido tu relación con las radios comerciales?

Yo nunca entré en radiofórmula, con If things were to go wrong, el segundo disco de Deluxe, pasé sin pena ni gloria por los 40 Principales y nunca más volví a sonar. Si yo quisiera entrar en radiofórmula, si ya no entraba antes, ahora sería impensable. Una guitarrita, con una maraca... Imposible. Cuando escuchas una radio comercial lo que oyes es generalmente una cosa muy directa, muy a piñón. Yo, por ejemplo no tengo ni videoclip ni single en este disco. Salió un adelanto en iTunes, “Tierra”, pero no funcionó como single en la radio. Estamos haciendo las cosas más relajadamente. Si hay que hacer un vídeo más adelante ya lo haremos, a ver qué nos va deparando también cada momento. Yo ya tengo doce discos y está bien también a veces hacerlos a tu manera, sin más. Tampoco tengo grandes pretensiones.

En las letras también hemos notado un cambio, quizá la influencia del realismo mágico, elementos que remiten a la fantasía, el mundo de la infancia...

Puede ser, pero no tanto por una lectura directa, porque la literatura sudamericana que conozco la leí hace ya muchos años. Puede venir de la coincidencia entre los elementos del realismo mágico y lo que he vivido yo en América. No tengo ninguna influencia literaria directa. Aprecio a muchos poetas, he leído novelas y obviamente eso está ahí pero yo creo que escribo bastante a mi bola. Para bien y para mal, claro. Pero puede ser, por qué no, ayer mientras cantaba “El cielo de Madrid” me acordé de cuando vivía en Ópera. Las calles de Madrid, el tipo durmiendo en la calle, los bares... Y ahora en Atlántico sin embargo encontramos gigantes de acero, unicornios de fuego... Y me pregunto a mí mismo: ¿de dónde sale todo esto? [Risas]. Realmente son cosas que salen muchas veces sin querer. No se si vosotros también escribís…

Escribimos textos académicos, que son poco imaginativos.

Pues cuando te salen las palabras así como me ocurre a mí es un poco mágico. Empiezas a escribir y es como si te fuera sola la mano.

Como la técnica de la escritura automática...

Sí, es un poco eso. Luego lo lees y puedes encontrarle un sentido, o incluso puedes cambiar alguna palabra, pero estas cosas a mí mismo me sorprenden. ¿De dónde coño saldrán los unicornios de fuego? Es que no sé ni lo que es, pero te sale, te gusta y lo dejas. Si está en mi subconsciente será porque tiene algún significado para mí.

¿Y cómo ves que está recibiendo la gente el disco?

En términos generales muy bien. Para ser un cambio, y después de tanto tiempo fuera, la verdad es que bastante por encima de lo que me esperaba. La gente que entendía el proyecto Deluxe entiende muy bien el disco, porque esa apertura de miras siempre ha estado ahí. El que se ha enganchado a una etapa concreta y ha entrado y ha salido no va a entender estos nuevos caminos.

De hecho en Lovely Luna ya metías cosas de muñeira.

Incluso, al principio de todo, cuando empezamos en el 94-95 llegamos a tocar con un músico de folclore gallego que metía gaitas, flauta, percusiones folclóricas galegas... Todo esto no llegó a estar reflejado en el primer disco, que luego salió más anglosajón y más sesentero, “beatle”. Pero ya teníamos desde entonces ese rollo y en este último trabajo vuelve a estar ahí. El folclore siempre me interesó mucho, en casa se escuchaba mucha música de todas partes del mundo, mi padre tiene discos de música africana, irlandesa, Lola y Manuel, Pink Floyd... Con catorce o quince años descubrí la música brasileña, Vinícius de Moraes en La Fusa de Maria Creuza, luego descubrí a los tropicalistas Tom Zé, Caetano, Gilberto Gil... Todo eso me abrió la cabeza, de hecho en Deluxe hay un tema, “Caetano Veloso”, que curiosamente es un poco premonitorio de lo que llegó 5 ó 7 años después.

Por eso digo que quien conocía bien Deluxe o Lovely Luna no se sorprende tanto con este disco. El que no, pues a lo mejor dice “¿y esto qué es?” Y digo, bueno, ¡pues haber estudiado! [Risas].

Y para acabar, ¿ahora hacia dónde vamos? Después de esta mezcla, ¿tienes alguna idea, algún proyecto nuevo?

Eso me gustaría saber a mí...

Sigo pensando en ello todo el rato, pero podría ser algo continuista, ¿por qué no?

Quizá algo en gallego...

Tengo una canción en gallego, pero no está publicada. Bueno, la de “Caetano Veloso” sería la única, que está en “portulego”. Hay una en gallego en el nuevo disco que llegué a grabar pero no a editar, porque me parecía que podía quedar mucho mejor. Tengo grabadas tres o cuatro canciones más de las que están en el disco, mezcladas y todo. Pero las dejamos de lado para recuperarlas más adelante porque creo que no estaban al cien por cien. Puedo sacar un EP con esos cinco temas o añadirlos a un disco que podría salir en un par de años. No sé, lo que tengo claro es que me voy a tomar las cosas con más calma, que eso de sacar un disco por año es demasiado trabajo.

Lo peor es la promo, ¿no?

Cuando saqué Fin de un viaje infinito y Reconstrucción no salía de la mesa. Sacabas disco, la promoción, y cuando acababa ya estaba sacando otro y ya me estaba promocionando otra vez. La gente me preguntaba qué tal el disco y realmente se referían al anterior, no daba tiempo a asumirlo.

Muchas gracias...

Fernán del Val y Cristina Aguilar

     
     
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