Festival Sónar Barcelona y Sónar+D: los herederos de los compositores de posguerraEscúchalo en Spotify

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Hace ya mucho tiempo que el IRCAM (Institut de Recherche et Coordination Acoustique Musique) fue inaugurado en París en 1970, diferenciando dos departamentos, electrónica e informática. Muchos consumidores actuales de lo que hoy se conoce como música electrónica desconocen que ésta viene del deseo de experimentación de muchos compositores que en su día soñaron, como Edgar Varèse (1883 – 1965), plasmar sus obras en la partitura, introducirla en una máquina y que ésta transmitiera el contenido al oyente.

El concepto de música electrónica, históricamente, se ha retrotraído a los años 50 del siglo XX, principalmente a la fundación por parte de Herbert Eimer en 1952 del Nordwestdeutscher Rundfunk en Colonia, al que se unió Karlheinz Stockhausen (1928 – 2007) poco después, siendo el primero en alertar sobre el hecho de que cuando los sonidos no tienen una afinación temperada la percepción tiene más dificultades para identificarlos, lo que le hacía llegar a la conclusión de que no era posible sobrepasar nuestras referencias culturales.

No sé objetivamente si hoy en día hemos sobrepasado esas referencias, pero quiero pensar que desde la renovación de conceptos propiciada por la música electroacústica, hemos superado cualquier límite musical gracias a la tecnología. Y, de eso precisamente, trata el Sónar, de presentar al mundo la vanguardia y la experimentación de las nuevas corrientes musicales, dando gran importancia a la electrónica.

Durante los días 18, 19 y 20 de junio de 2015, tuvo lugar en Barcelona el Festival Internacional de Música Avanzada y New Media Art, así como el Sónar+D, un congreso internacional que relaciona creatividad y tecnología con industrias culturales. La propuesta es excepcional para todos aquellos músicos, melómanos y musicólogos interesados en la música popular de los siglos XX y XXI.

Tras la posguerra, los compositores tuvieron que decidir si trabajar con notas o sonidos, porque la música electroacústica había nacido para quedarse como nuevo medio ideal. La posibilidad de producir tonos puros abrió las puertas a microtonos y clústeres; lo que no podían imaginarse entonces personalidades como Denis Smalley es que hoy en día se mezclarían sintetizadores saturados con sonido 8bit (Lemonade, SOPHIE) durante un espectáculo.

El uso de las nuevas tecnologías durante una ejecución en directo planteó algunos problemas a los pioneros y agentes de renovar los conceptos y las prácticas musicales. Los sonidos producidos electrónicamente o captados a través de sus medios sólo podían ser transformados en laboratorio. Recordemos que la primera unidad de disco duro se generó en 1956, almacenaba 5MB y pesaba una tonelada. En 2015, Cashmere Cat trabaja con una turntable, teniendo la posibilidad de registrar sus improvisaciones en una tarjeta SD de 64GB y dos gramos de peso.

Por tanto, es innegable que la creación de toda una industria se ha visto impulsada por los deseos musicales de producir nuevos diseños creativos y nuevos instrumentos que manipularan el sonido, entendido como creación en sí mismo.

Desde luego, no dudo que cualquier experimentalista estadounidense se lo hubiera pasado bomba acudiendo al espectáculo The Well (Koreless+Emmanuel Biard) que tuvo lugar esta edición.

¿No os imagináis a Pierre Schaeffer contentísimo en un concierto de Jimi Tenor & Jori Hulkkonen?

Andrea P. Envid

Imagen: http://edgarbarroso.net/wp-content/uploads/2008/05/aini_7.jpg.

     
     
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