Grinder, la sublimación de lo obsceno

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Grinder. Compañía RetorCía. Autores: Davo Marín y Serena Altair. Dirección: Davo Marín. Música: Alex Marteen. Reparto: Irene Hernández, Óscar Domínguez, David Teixidó, Joan Vall, Alberto Espinosa, Alex Marteen. Madrid, Teatro Fígaro, 29 de enero de 2017, 23:00, prorrogada hasta el 31 de marzo de 2018.

Pueblo sin estado, los gays del mundo han vagado con mayor o menor grado de integración y aceptación en sus respectivas sociedades hasta la fundación de la que aspira a ser la Madre Patria Homosexual: Grindr. Nacida en 2009, esta aplicación para hombres gay1 se ha convertido en menos de una década en la más popular e internacional de todas las plataformas de citas. En ella ha surgido una auténtica sociedad digital que se rige por sus propias reglas de juego, su jerga y sus códigos de conducta. Y ahora incluso un musical: Grinder.2

Tras su estreno en Barcelona y su breve paso por Madrid durante el verano de 2017, este musical vuelve al Teatro Fígaro. La trama es simple: el enamoradizo Busco_Novio quiere tener una relación con el mentiroso Empotrador, quien a su vez desea beneficiarse al cultivado Culo-Tragón, profesor universitario cuyo apodo no necesita explicación. Tras un fallido encuentro con dicho profesor, el musculado GymxGym tendrá escarceos con el Discreto casado, contrapunto dramático de una obra de carcajadas. De este simple complejo de redes amorosas nacerán algunas peripecias vitales que, por evitar spoilers, no siempre coinciden con lo que esperaría una buena moralidad cristiana. Si bien algunos de los personajes caen en la caricatura, la evolución personal y psicológica de otros –especialmente de Discreto–serviría para escribir un spin off.

Este nido de conejos está orquestado por Miss Grinder, personificación de la aplicación Grindr y que cumple las funciones del clásico coro griego: actúa como anti-conciencia –no es precisamente Pepito Grillo–, interactúa con los personajes, rompe la cuarta pared –lo que da gran frescura a la obra–, comenta en su chabacano lenguaje las situaciones, etc. Por el tema de la obra, considero que una drag-queen se adaptaría mejor a la naturaleza del papel de Miss Grinder, y en Madrid contamos con un rico elenco de drags a las que podemos imaginarnos en este papel, con Chumina Powera la cabeza, por citar una diva consagrada. Pero si Dios trabajó con costillas fue por algo, y no somos quién para despreciar la diversidad de la viña: que Miss Grinder sea mujer.

Volviendo a las orquestaciones… El aspecto musical del musical es el menos, digamos, musical; la etiqueta le viene grande –especialmente desde la perspectiva de estas páginas–, adscribiéndose mejor al género de comedia musical, con el peso en la palabra comedia.3 La explicación es simple: la música es pretexto, no fin –volveremos sobre ello–. El registro general de los cantantes es de un baritonismo generalizado con algún "do de pecho"; la técnica de canto no es lírica sino teatral; las voces no se pierden en gorgoritos; bien afinado, con dicción clara y algunos cantantes destacables, especialmente Busco_Novio.4 La música, aunque en vivo, no es en directo sino de DJ, lo que se justifica por la propia naturaleza de los números musicales, que van del flamenco al reggaetón y del cabaret al house. Y antes de continuar, mi vara de avellano a los cuartos de quienes no prestan atención a la prosodia, lo que en nuestros teatros se ve con frecuencia tanto en producciones musicales españolas como en traducciones de obras extranjeras. La adecuación entre letra y texto es el talón de Aquiles de cualquier obra cantada –especialmente en una lengua tan inflexible como la española–, y el musical Grinder no ha sido una excepción en este sentido –en realidad he encontrado pocas de tales excepciones–. Corregir la relación entre música y texto es un aspecto mejorable para revisiones posteriores del musical. Pero sigamos con Euterpe.

En el total de veinte números musicales se explotan diversas combinaciones: solos para cada personaje, dúos, tríos y así hasta el sexteto.5 De hecho podría decirse que la estructura del musical, es decir, la alternancia de partes teatrales con números musicales, es el único aspecto convencional de Grinder. Aparte de la hilarante lección de ortografía de Miss Grinderal musculitos –que haber si surte efecto–, podemos destacar especialmente dos conjuntos. El primero de ellos es el divertido “quinteto de las Infecciones de Transmisión Sexual” o ITS, un número al más puro estilo de cabaret. Con pelucas, faldas y a lo loco, la gonorrea, sífilis, VIH, hepatitis y herpes cantan de felicidad las maravillas de esta Nueva Era de promiscuidad desprotegida, siendo ellas las verdaderas protagonistas de los puntos de encuentro sexual, como por ejemplo las conocidas zonas de cruising –en Madrid: el Templo de Debod, el Retiro y las Ventas– o las célebres saunas gay. El otro número sería el dúo “La monogamia no es natural”, donde dos de los personajes –evitemos nombres y spoilers– asumen que el tradicional concepto de pareja cerrada es contraria a la naturaleza del hombre –con H y h–, optando por ser una pareja abierta. Un canto a la libertad sexual que cierra el musical con un orgiástico himno al sexo –El perfume de Süskind redivivo– como liberador de todos los males de la humanidad, finale comparable –salvando las distancias– a la confraternización universal a través de la alegría de la Oda beethoveniana.

Y al lector que se pregunte en qué destacan estos números, le responderé: su clarividencia. Grinder no es un musical sino un diagnóstico y pronóstico. Los hombres homosexuales estamos revolucionando el modelo tradicional de relación sexual y sentimental.6 Son cada vez más frecuentes los perfiles de pareja que buscan trimonios –relación de tres–, open-dating –parejas subsidiarias a la principal–, pack-indivisibles que buscan terceros para encuentros esporádicos, y un largo etcétera de posibles combinaciones. Y como preocupante telón de fondo, el contrapunto negativo de las cada vez más frecuentes ITS, un resurgir de infecciones que estaban controladas, como advierten diferentes instituciones sanitarias.7 No podemos tomar la parte por el todo: existen tanto relaciones homosexuales monógamas sanas como relaciones heterosexuales abiertas y serodiscordantes –tema del que se habla en la anterior producción de la compañía RetorCía, Discordants, obra ganadora de la beca Desperta 2014 y que espero ver por Madrid (guiño, guiño)–, pero hay que dar un buen tirón de orejas a la comunidad gay en este sentido.

Como decía líneas atrás, la música aquí no es fin sino pretexto. Grinder no es una obra con una finalidad estética sino pragmática: pretende mandar un mensaje, y que sea claro, lo que justifica la escasez de recursos y la simplicidad vocal de la obra, además de su escenografía, tan simple y minimalista como efectiva. Aunque en ocasiones se roce lo absurdo, considero que casi todos los hombres homosexuales usuarios de Grindr que asistimos a la función –calculo que el 95 % del aforo, que a propósito estaba aceptablemente lleno– nos hemos sentido identificados de un modo u otro con muchas de las situaciones propuestas sobre el escenario, y es probable que constituyamos el público más abundante y económicamente rentable. Sin embargo, creo que el verdadero público-objetivo de esta obra debería ser justo aquel tipo de persona que, con independencia de su sexo e identidad, desconozca esta nueva realidad social, o aún peor, que la rechace o denigre: homófobos, transfóbicos, serofóbicos…

Comenzando –y concluyendo– por una propuesta más realista, recomiendo esta obra al gran público en general. Eso sí, con mente y oído abiertos a no escuchar arias de soprano, sino la palabrotesca verborrea de la irascible Miss Grinder;8 o dispuestos a ver cómo se sustituye el cortejo fúnebre de Eurídice por un pornográfico quinteto de nalgas sometidas a diferentes grados de depilación. Si se supera la –continuamente franqueada– barrera del tabú, opino que cualquier espectador que no espere –insisto– altas cotas de “excelsa cultura musical” va a poder disfrutar de un muy recomendable espectáculo y espectaculo divertido, provocador y, sobre todo, muy gamberro.

Alberto Caparrós

1 Como podemos ver en la web, no existe una prohibición explícita para perfiles femeninos, si bien su uso por parte de mujeres es muy reducido.

2 No se trata de la primera manifestación cultural relacionada con esta aplicación, como podemos leer en esta crítica, que incluye una interesante entrevista con el director.

3 El propio Marín en su entrevista (ver Nota #4) deja entrever que, en principio, la obra no estaba pensada como musical.

4 En esta web podemos ver el ensayo del número “tengo un presentimiento” de Busco_Novio.

5 En este enlace (min. 4:10), además de una entrevista a los personajes, se puede disfrutar del irreverente número “Bienvenida a la familia”.

6 Por motivos de espacio y por el contenido de la obra, se ha excluido de esta crítica su correlato lésbico, transexual, bisexual, heterosexual, etc., que constituye una verdadera cantera de posibilidades para ulteriores musicales u obras teatrales.

7 Por poner un ejemplo, en este artículo se analiza la relación entre las chemsex –orgías con uso de drogas– y la proliferación de ITS.

8 Basten los primeros treinta segundos del siguiente reportaje para saber a qué me refiero.

Fotografía: Grupos media.

     
     
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