Escúchalo en YoutubeLa danza y la música folk renacen en Europa

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Folkarria. Festival de Danza y Música Folk. Valdemorillo, Madrid. 28, 29 y 30 de abril de 2017. La Base Duo (Gascuña, Francia); Les Bottines Artistiques (Bélgica); Bal Barbare (Francia); Ciac Boum (Poitou, Francia); Acetre (España); Embrun (Bélgica).

Imagina a todo un pueblo bailando en círculos concéntricos al son de la música folk. Las sillas rodean la sala, dispuestas para no molestar y servir de apoyo a quienes necesitan tomarse un respiro. ¿Una fiesta ancestral? Quizás anacrónica para aquellos que miden la diversión en likes en las redes sociales, el Folkarria Eco Festi Bal celebra su 7ª edición en España. Cada año vuelve con más fuerza y frescura, porque el que va una vez siempre quiere volver a bailar “como antes” y disfrutar compartiendo la cultura europea.

Organizado por un grupo de amigos que redescubrieron el baile tradicional en los festivales de Europa, este Eco Festi-Bal se ha realizado los días 28 a 30 de abril en Valdemorillo, Madrid, con la colaboración de Radio 3 y el Ayuntamiento de Valdemorillo. Ideado para recuperar y difundir la música y danza tradicionales europeas de una forma tranquila, se puede disfrutar con un par de cervezas artesanas que animan la cena y se bajan bailando sin pausa durante horas. Todo junto a un grupo de unos 250 asistentes, una difusión minoritaria que ayuda a mantener el encanto.

Y es que este festival no es como los demás. Con más de la mitad del pabellón ocupado por largas mesas al más puro estilo de furancho gallego, donde los asistentes comparten comida y debaten entre sí, tiene un enfoque ecológico, con una cantina en la que todos los alimentos son de producción consciente o local –el menú anuncia alegre con tiza las “hamburguesas de carne feliz” y la cerveza artesana Veer, de la que devuelven al consumidor un vale de un euro si trae de vuelta el casquillo–. Además, la organización admite voluntarios. A este espacio rodea una pequeña feria de artesanía con camisetas, piedras pintadas y trabajadas cucharas y pendientes de madera. Dos de los artesanos, Lucía y Juampe de Pinceladas Conscientes, repiten por segundo año consecutivo, y se muestran felices de “sentirse entre amigos.”

El cartel incluye grupos nacionales, como Acetre, y europeos, principalmente de Francia y Bélgica, como Balbarbare o Embrun. La variación en su nombre, “Festi-bal, es un guiño al bal folk. Este concepto es una selección dentro del repertorio folk de las danzas y músicas tradicionales (mazurcas, polcas o círculos circasianos) que más éxito están cosechando y que por su sencillez permiten a niños y mayores incorporarse al baile y disfrutar aprendiendo unos de otros. Aunque entre el público también los hay más experimentados, que llevan años reuniéndose en el Templo de Debod, la Tabacalera o el mercado de San Fernando en Lavapiés para bailar estas danzas populares europeas a la forma tradicional. Los organizadores han incluido también grupos como Ciac Boum o La Base Duo, que interpretan música tradicional menos conocida de las regiones francesas de Poitou y Gascuña, respectivamente. Antes de los conciertos hay talleres en los que aprender los sencillos pasos de estos bailes, para poder disfrutar al máximo durante su interpretación, o donde los propios músicos imparten sus especialidades: Acetre el canto y el francés Robert Thébaut, del grupo Ciac Boum, el violín.

Lo que hace de esta fiesta una experiencia feliz es el diálogo en movimiento, que permite a los asistentes formar parte del grupo sin necesidad de grandes coreografías, y sin miedo a dar un paso en falso porque entre todos se encuentra un pulso común. Tal energía es difícil de comunicar con palabras, y Miguel Ángel, uno de los organizadores, reconoce que este es uno de los problemas a la hora de difundirlo, porque es una experiencia que hay que vivir para entenderla. Con el propósito de implicar a los lugareños, algunos talleres se han realizado en una carpa en el centro del pueblo, junto con el 4º concurso Folkarria para grupos noveles. El reto no es sólo una buena interpretación, también enseñar los bailes a los asistentes con paciencia y capacidad de liderazgo. Este año la premiada es Zagala, una formación de voz, mandola, guitarra, violín, panderetas y pandero cuadrado nacida con el propósito de ahondar en el folclore peninsular y que, emocionados con el premio, cantaron la jota “Yo la vi y ella me miraba, y en la mano llevaba una jarra”. El año que viene formarán parte del cartel.

Es el ambiente lo que distingue a este festival: la música y el baile aúnan, logran que los desconocidos dejen de serlo, entregados al presente, con la mirada brillante y la media sonrisa del que disfruta y se deja llevar. La energía de tres músicos es suficiente para agruparse y olvidar la soledad, unidos por ese antídoto infalible contra el miedo que es la danza grupal. Prueba de ello es que, tras un buen rato, los que danzan se dan cuenta de que llevan un rato bailando y canturreando solos, de que los músicos hace ya que han parado de tocar.

Camila Fernández

Fotografía: Folkarria y David Ferreiro

     
     
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