La última conquista de El Kanka Escúchalo en Spotify

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De pana y rubí. El Kanka. Banda acompañante: Juan Rubio “El Manin” (percusión y coros), Álvaro Ruíz (guitarra y coros), Pedro Campos (bajo), Benítez (batería), Carlos Manzanares “Avatar” (saxo y acordeón), Jaume Torne (trompeta). La Riviera, 9 de febrero de 2017.

A menudo la escena de cantautores nacionales pasa desapercibida frente a la enorme afluencia de bandas de rock, artistas internacionales o en general agrupaciones con mayores recursos tanto económicos como comerciales. Así, músicos como El Kanka (también podríamos hablar de Mundo Chillón, de Rafa Pons, de Antílopez y otros muchos) van abriéndose poco a poco un hueco en el panorama musical a través de los micros abiertos, colaboraciones, participaciones en pequeños eventos; en resumen, es en última instancia el pequeño público que van conquistando quien los hace grandes. El concierto de El Kanka en la gran sala de La Riviera da testimonio de lo que una voz cálida, una guitarra y muchas, muchas ganas de crear pueden llegar a conseguir.

La masa de seguidores del malagueño, que agotó las entradas y ocupó cada espacio de la sala, se entregó mucho antes de que apareciera en el escenario el artista, vitoreando su nombre e instándolo a salir cada vez que la música de fondo hacía el amago de pararse. Palpitaba una sensación explosiva, como si en cuanto se encendieran los focos todos los fans fueran a hacer estallar la discoteca madrileña por los aires. Y por poco. Los músicos aparecieron sucesivamente introduciendo “Llámame fino” y en cuanto tocaron el último acorde el estruendo de los aplausos y las miles de cabezas intimidaron tanto al andaluz que no supo cómo reaccionar. Nos mostró su incredulidad en numerosas ocasiones a lo largo de su concierto, dialogando constantemente con nosotros y creando una atmósfera cercana en la que participábamos. Nos confesó que no podía creer ver tanta gente junta ni haber “petado la Riviera”, y casi se le escapan las lágrimas cuando coreamos su nombre una y otra vez. Quizá el punto culminante para los que estábamos allí abajo, bailando frenéticamente sus canciones, fue cuando (en medio de los rápidos versos de “Lo mal que estoy y lo poco que me quejo”) nos hizo saber que hemos sido el mejor público que ha tenido, el que conocía, cantaba y bailaba todas sus canciones sin excepción.

Precisamente la tónica de sus canciones es ese desparpajo musical que entra sin dificultad en los oídos del oyente e invade sus cuerdas vocales, sus miembros y sitúa su nido en la base del cerebro. Tratar de definir su género es arriesgarse a dejar en un páramo inhóspito gran parte de sus temas que simplemente son incalificables. Puede con la misma facilidad crear una atmósfera digna de cualquier jam de jazz americana, piano, contrabajo y escobillas para el batería incluidas, como en “Confesión”; incendiar la pista de baile con ritmos ska (no sin que falten las trompetas) con “A desobedecer” o acercar los corazones con dulces baladas como “De miércoles a martes”. Y todas sin exclusión son odas al goce, al disfrute, invitaciones a apreciar la vida a través de la música o la música a través de la vida. ¿Cómo podría osar poner una sola etiqueta en este gran cajón de sastre?

La elección de los temas fue la esperada teniendo en cuenta que se trataba de un concierto presentación de su último disco De pana y rubí (2015). No faltó por tanto ninguna de las canciones que conforman el álbum, pero tampoco temas de sus otros dos trabajos, El día de suerte de Juan Gómez (2014) y Lo mal que estoy y lo poco que me quejo (2013). De hecho, en uno de los momentos más extáticos de la noche hizo una fusión de tres temas de sus tres álbumes: “Ante la duda”, “A desobedecer” y “Tarde”. Ni siquiera olvidó canciones menos conocidas como la íntima “Todo pasará” (que no aparece en ningún LP pero podéis escuchar aquí) en la que contó con la colaboración de Manu Clavijo y su violín.

Por supuesto, detrás del enorme reconocimiento que ha conseguido en toda España hay muchos años de lucha llenos de actividad, con multitud de conciertos (más de 70 en el último año) y colaboraciones que le han granjeado la valiosísima amistad de otros grandes cantautores españoles que no dudaron en mostrarle su apoyo, bien desde el público como Pedro Pastor (a quien pudimos distinguir entre la masa) o bien desde el escenario. Aparecieron con él Rozalén en “Volar”, Carmen Boza en “Vengas cuando vengas” o El Niño de la Hipoteca en su conocidísima “Canela en rama”. Y todos ellos se unieron a El Sharif para interpretar su canción “Brindis a la luna”, con un ambiente de fiesta, felicidad y fraternidad.

Nadie podía ocultar su incredulidad ante la inesperada confluencia en un mismo escenario de tantos artistas que admirábamos. Es una gran alegría poder escuchar a jóvenes músicos que han pasado por el proceso común en estos tiempos dominados por las redes sociales para darse a conocer. Hacerse un hueco en la escena musical es cada vez más difícil si no te ajustas al corsé de lo comercial, si no empleas las manidas fórmulas melódicas que sabemos que van a funcionar. Parece que en un siglo en el que ha desaparecido la paciencia del día a día también ha sido eliminada de la escucha musical, de modo que las discográficas son reacias en ayudar al artista que no les va a producir beneficios rápidos y seguros (sonar en el siguiente anuncio de refrescos, ser machacada en todas las discotecas) y por tanto son abandonados a la ignominia del cantautor.

Cantautor, esa extraña figura que empieza siendo músico, productor, mánager, publicista y editor. Todos los mencionados han empezado tocando en jams acústicas, frente a una decena de oyentes y, con suerte, atentos. También han tenido que ayudarse, darse la mano, aprovechar la menor oportunidad de ser difundidos gracias a plataformas como Sesión de Micros Abiertos, el Twitter de la música, Soundcloud o locales comprometidos con esta raza musical en extinción como el Libertad 8 o La Fídula. No es fácil, pero la pasión por la música de estos talentos es tan grande como para poder hacerse oír y obtener su merecida recompensa. Y que nunca les falle.

Ni El Kanka ni el público queríamos que acabase el gran concierto que estaba ofreciéndonos, pero inevitablemente tras dos breves horas llegó el momento de abandonar el escenario, no sin antes unos bailes de despedida por parte de todos los músicos que lo habitaron. Podemos estar seguros de que conforme Juan Gómez “El Kanka” fue atravesando la puerta de salida una amplia sonrisa cruzó sus labios tras haberse visto sorprendido por un público tan entregado en una de las noches más inolvidables de su carrera musical. ¿Es este el principio de algo mucho más grande? No sabemos con qué nos sorprenderá la próxima vez, porque tan sólo un día después nos anunció su último single, “Andalucía”, que podemos escuchar en Spotify desde el 24 de febrero.

Gonzalo Hormigo Fraire

Fotografía: Lucía Colom Porrero.

     
     
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