Elogio de la locura

Concha Buika y Chucho Valdés en una noche de verano o la culminación de la locura

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Festival Noches del Botánico. Chucho Valdés y Concha Buika. Real Jardín Botánico de Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid. Sábado, 1 de julio 2017.

Aunque el cartel de la noche invitaba a imaginar una actuación conjunta de Chucho Valdés y Concha Buika, el concierto inaugural del mes de julio de las Noches del Botánico nos sorprendió con un programa doble perfectamente separado. Incidimos en la sorpresa de esta opción por tratarse de dos artistas que han sido especialmente prolíficos a la hora de colaborar conjuntamente. En 2009, Chucho Valdés y Concha Buika grabaron en Cuba, de mano del productor y descubridor inagotable Javier Limón, el álbum El último trago. Este trabajo rendía tributo a Chavela Vargas en su 90 cumpleaños, y fue galardonado en 2010 con el Premio Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum Tropical Tradicional. Tras este proyecto y gracias al fuerte vínculo de ambos músicos con la Casa Limón, productora-estudio de Javier Limón (recordemos que fue este último quien produjo el delicioso Lágrimas negras junto a Bebo Valdés, padre de Chucho y El Cigala) la cantidad de conciertos y festivales de jazz en los que han actuado juntos es incalculable.

La primera parte del concierto estuvo protagonizada por el cuarteto de Chucho Valdés. El pianista caribeño demostró por qué es una de las figuras más influyentes en la historia moderna del jazz afro-cubano. En tan solo 75 minutos, Valdés tuvo tiempo de electrizar al público con improvisaciones estelares sobre temas propios como “El tango de Lorena”, dedicado a su mujer, o “Caridad Amaro”, inspirado en su abuela paterna con cita al concierto para piano nº 2 de Rajmáninov incluida. Sobre el escenario, Valdés explicó cómo esta pieza fue utilizada en el documental Calle 54 de Fernando Trueba. Pero también tuvo tiempo de estrenar un tema inédito, “resién sacaíto de la sartén”, que trataba del amor e incluía secciones de contrabajo con arco. En cuanto a versiones de otros compositores, merecen ser mencionadas “La comparsa” de Lecuona y la divertidísima “Con poco coco” de Bebo Valdés, a modo de homenaje a su padre. Ya en la propina, Valdés volvió a salir al escenario para tocar una pieza propia que presentó como “Son andino”. Entre los músicos que le acompañaron, todos ellos de un nivel estratosférico, merece especial mención el contrabajista Reinier Elizarde, El Negrón. Sus improvisaciones y las del propio Valdés rozaron la locura. Era una locura propia del que ya no puede parar, como la peor de las esquizofrenias, como si no pudieran dejar de escuchar en su cabeza voces de otros músicos, de otras obras y éstas se filtraran a través de sus dedos, interrumpiendo su propio discurso, intercalando ritmos de hard-bop con ecos de los grandes de la música clásica y el jazz como Bach, Rajmáninov o Miles Davis.

Y si con locos empezamos la noche, con otra loca la terminamos. Concha Buika, nacida en Mallorca, de padres guineanos y criada en un barrio gitano de Palma, tenía desde la cuna la mezcla que años más tarde impediría clasificarla en las tiendas de música. Aunque encontró en el flamenco su modo de expresión y su voz esté impregnada de un timbre afro, es literalmente imposible adscribirla a un estilo. En los siete discos publicados por la artista hasta la fecha encontramos restos de jazz, flamenco, funk, copla, soul, hip-hop o ranchera.

Pero si su discografía evidencia su eclecticismo, su directo revela su pasión. En su actuación en el Botánico, Buika repasó temas de sus primeros discos, aquellos producidos por el ya mencionado e inteligentísimo Javier Limón, quien en una noche de copas en el Café Berlín la escuchó cantar por casualidad y decidió producir su música. De aquellos años Buika repasó algunos temas como “Mi niña Lola”, “Nostalgias”, o “La niña de fuego”. Con una banda formada por trombón, teclado, guitarra y cajón flamencos, bajo eléctrico, batería y a mucha distancia en calidad de los estratosféricos músicos de Chucho Valdés, el desgarro y la locura de Buika en sus interpretaciones vocales fueron lo más destacable de lo visto sobre el escenario. Quizá los técnicos de sonido podrían haber manejado mejor el micrófono de la cantante para equilibrar los “excesos” de pasión de Buika, algo que en su discografía está perfectamente trabajado. En cualquier caso, se agradece el viaje propuesto por la artista, quien siguió su actuación con temas en inglés e italiano de sus últimos dos discos. Como despedida, Buika cantó su ya mítico tema “Jodida pero contenta”.

Nos quedamos con el buen sabor de boca de una noche de verano amenizada por la locura. Dos músicos. Dos isleños. Dos locos de la mejor especie.

Pilar Serrano Betored

Fotografía: Raimundo Sieso y El País.

     
     
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