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Música e intriga en el Renacimiento flamenco

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El manuscrito Royal 8.g.vii. fue un regalo. Quizás uno de los más lujosos que han llegado hasta nosotros procedentes de los años del Renacimiento. Fue realizado en 1516 y sus destinatarios eran una pareja que se había unido en matrimonio cinco años antes: los reyes Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón. Tal presente real provenía de las consideradas las manos más habilidosas de la época en cuanto a volúmenes musicales se refiere: las del copista flamenco Petrus Alamire, que recopiló en sus páginas las obras más destacadas de la producción musical del momento en los Países Bajos.

Es probable que el mismo Alamire, pseudónimo musical de Peter van der Hove,1 entregase ese regalo en mano al propio monarca. Y es que su relación era estrecha e iba más allá de lo estrictamente comercial: bajo la apariencia de un copista y mercader de manuscritos e instrumentos, Petrus Alamire fue espía; uno de los ojos y oídos que Enrique tenía en Europa y que vigilaban de cerca el devenir de las cortes contemporáneas. En este caso, la de Richard de la Pole, el último miembro de la casa de York que aspiró a recuperar el trono de Inglaterra.

Cultura musical en las 17 provincias

Petrus Alamire provenía de una familia de mercaderes, originaria de Núremberg. Nació en torno a 1470 pero pronto se estableció en las llamadas “17 provincias”, estados imperiales de los Países Bajos. En aquel tiempo el entorno musical flamenco vivía un momento de gran esplendor: en sus territorios se concentraban más compositores que en todo el resto de Europa y su producción marcaba tendencia. Nombres como Johannes Ockeghem, Josquin des Prez, Pierre Moulu o Pierre de la Rue daban forma a melodías que suponían los últimos coletazos de la Edad Media y conformaban la que sería la música del Renacimiento.

Precisamente en esas circunstancias empiezan a aparecer los primeros encargos a Alamire como copista, que –debido a su gran habilidad– se multiplicaron en los años siguientes y se convirtieron en objetos codiciados por las grandes cortes nobiliarias. No en vano en 1503 ya había realizado un volumen para Felipe de Habsburgo, “el Hermoso”, y en 1509 trabajaba para su hijo, el por entonces archiduque Carlos, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Trabajaría en su corte durante más de 25 años.

La corte de Felipe el Hermoso también fue lugar de trabajo de otro músico flamenco, un intérprete de sacabuche llamado Hans Nagel, uno de los más conocidos de la época. Había formado parte del grupo de vientos del rey Enrique VII de Inglaterra entre 1501 y 1504 y en 1506 había pasado a integrar el grupo de músicos de la corte del rey Felipe. De ahí pasaría a la corte de Margarita de Austria, hermana de Felipe, y más tarde a la banda municipal de Malinas para acabar estableciéndose en Amberes en 1519.

Precisamente en la ciudad de Malinas, a medio camino entre Amberes y Bruselas, se había instalado Petrus Alamire. Así pues, no es extraño que en algún momento, en alguno de estos lugares comunes, las vidas de estos dos músicos se entrecruzaran; aunque su colaboración más conocida fuese más allá de lo musical. Diplomacia y espionaje se unieron en la década de 1520 en las figuras de estos dos hombres, de una cultura elevada y políglota que les permitió moverse cómodamente entre las cortes de Flandes e Inglaterra.

Espías y contraespías

Alamire acudió a Inglaterra probablemente bajo el pretexto de hacer entrega del lujoso manuscrito destinado a Enrique VIII. Por otra parte, Nagel, que ya había trabajado en la corte inglesa, volvió para proporcionarle al rey nuevos intérpretes de sacabuche, provenientes de Flandes. Aunque al parecer no fue música lo único que ofrecieron al monarca, sino también información: habían visitado en Metz a un pretendiente al trono de Inglaterra, Richard de la Pole, con objeto de trasladarle de forma secreta al rey Enrique sus planes más inmediatos. Todo apunta a que fueron diversos los viajes que Nagel y Alamire realizaron entre ambas cortes, siempre bajo la premisa de ser, cada uno en su ámbito, músicos de gran éxito. En efecto, así era.

Pero en un momento dado, esta corriente de informaciones se interrumpió: ni Alamire ni Nagel volvieron a Inglaterra. No conocemos la fecha exacta en que esto se produjo, pero sí el motivo: tanto Enrique VIII como el cardenal Wolsey –Lord Canciller y mano derecha del rey– desconfiaban de ellos, y no sin razón. Ambos habrían ejercido de contra-espías, al servicio del mismo de la Pole, a quien habrían trasladado las informaciones de primera mano recogidas en Inglaterra. En un movimiento de intuición e inteligencia, los músicos abandonaron todo contacto con la corte inglesa, escapando de la más que posible venganza de un Enrique no precisamente famoso por su misericordia: entre otros, el mismo Wolsey acabaría sucumbiendo a él, acusado de traición y despojado de sus propiedades, por no haber conseguido que Roma aprobase el divorcio de Enrique y Catalina.

Sus últimos años

Tras esta curiosa etapa en la vida de Petrus Alamire, sus actividades consistieron en la copia de manuscritos, su probable interpretación como músico práctico y la composición. En referencia a este aspecto, tan sólo se conserva una obra claramente atribuida a él; una pieza instrumental a cuatro voces que lleva por título Tandernaken op den Rijn. Según el criterio de especialistas, como el estudioso Herbert Kellman, se trata de una pieza técnicamente bien elaborada y no sería de extrañar que algunas de las obras anónimas que se conservan en sus manuscritos también proviniesen de la pluma de Alamire.

Sus habilidades diplomáticas tampoco fueron olvidadas y convivieron con su actividad musical: ejerció como correo entre intelectuales y cortesanos del momento, y la consideración que de él se tenía se refleja, por ejemplo, en la descripción que de él hacía Erasmo de Rotterdam, quien le consideraba un hombre “ocurrente”, como manifiesta en una de sus cartas. Sus contactos también llegaban a la corte del rey Cristián III de Dinamarca, al servicio de quien trabajó en aquellos años. El cometido del músico en esta corte aparece en los libros de administración bajo un enigmático epígrafe: “instrucción en el arte de la minería”. Una expresión curiosa, que bien podría situarnos ante un Alamire con conocimientos de geología o más bien ante un original eufemismo de espionaje.

En cualquier caso, los últimos rastros de la actividad musical de Petrus Alamire datan de 1534, año en que recibe una generosa pensión de Margarita de Austria, para quien había realizado varios manuscritos. Dos años más tarde, Alamire fallecía en Mechelen, un 26 de junio de 1536, dejando tras de sí más de 60 manuscritos que recogían la gran música flamenca del Renacimiento y una más que interesante historia de música y espías.

María R. Montes

Bibliografía

Dumitrescu, T.: The Early Tudor Court and International Musical Relations. Ashgate Publishing. Hampshire, 2007.

Kellman, H. (ed.): The Treasury of Petrus Alamire: Music and Art in Flemish Court Manuscripts, 1500-1535. University of Chicago Press, Chicago, 1999.

1 El pseudónimo Alamire sería una construcción formada por las partículas A (en referencia a la nota musical la) y las sílabas la-mi-re, relacionadas con la solmización.

     
     
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