Preludios e interludios

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Series 20/21. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía/Auditorio 400. Preludios e Interludios: Dmitri Shostakóvich, 24 preludios, op. 34 (1933); Jesús Rueda, 24 interludios para piano (1995-2003). Mario Prisuelos, piano. Lunes 15 de octubre de 2018.

El pasado día 15 de octubre tuvo lugar en el auditorio 400 del Centro de Arte Reina Sofía el primero de los doce conciertos que conformarán hasta el 27 de mayo el ciclo 20/21, serie organizada por el CNDM con la premisa de acercar al público una selección de obras de reciente creación, o “música nueva” si se prefiere el término elegido por la organización, de factura preferentemente española.

El concierto se articuló en torno a los 24 preludios de Dmitri Shostakóvich, op. 34, a los cuales se confrontaron los 24 interludios para piano de Jesús Rueda de forma intercalada, a modo de diálogo. Este particular despliegue del programa resultaba, a priori, uno de los mayores alicientes para asistir al concierto y generaba muchas expectativas acerca del resultado final. Si bien la obra de Rueda, actual compositor residente del CNDM, resistió con dignidad la comparación forzada con la de su homólogo ruso, no quedó tan claro que ambas terminaran de funcionar juntas si lo que se esperaba era conseguir un todo coherente. El orden de las obras se ciñó estrictamente a la numeración de sus respectivos catálogos, haciendo que cualquier posible interacción o diálogo entre ellas quedara en manos del azar. Habría resultado mucho más interesante haber emparejado dichas obras en función de sus características intrínsecas, para hacer de la idea de comentario musical algo más que un mero reclamo. Por otro lado, intercalar piezas esencialmente no tonales después de cada preludio tuvo, como consecuencia indirecta, un debilitamiento en la sensación de progreso tonal a través del círculo de quintas, idea que articulaba la obra de Shostakóvich en su conjunto.

Mario Prisuelos, al piano, tuvo el enorme desafío de enfrentar a lo largo de los 70 minutos ininterrumpidos que duró el concierto dos obras con numerosas dificultades técnicas, algo que por momentos, como en el caso del exigente interludio nº 13 Notturno de Rueda, jugó en su contra en términos de claridad de ejecución y limpieza del sonido. En general fue una interpretación correcta quitando algún desliz muy puntual, pero dio la impresión de que Prisuelos podría haber dado algo más de sí, especialmente en lo que a expresividad se refiere.

El volumen de asistencia fue bueno, aunque sin duda contribuyó el hecho de que la entrada fuera gratuita. La recepción, no obstante, fría, con bochornosas intervenciones de teléfono móvil y alarma de reloj incluidas. No es de extrañar, pues, que Prisuelos no estuviera por la labor de ofrecer un bis al terminar.

En resumen, una propuesta muy interesante que supo a poco.

Miguel Arnaiz Molina

Imagen procedente de: ABC.

     
     
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