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Concierto de Tri, Back to R'lyeh, Morgana VS Morgana y Pervy Perkin. Segunda edición del Progstureo Fest (segundo día). Sala Lemon de Madrid, 5 de noviembre de 2016.

Para serles sincero, pensaba que la gente en Madrid había dejado de ir multitudinariamente a conciertos de música popular donde sus protagonistas no formasen parte de la selecta esfera de los grupos consagrados, y menos un día de lluvia –porque ya sabemos que la naturaleza de esta ciudad impone que el agua ha de constreñir toda sospecha de movilidad ciudadana de manera sintomática–. Este fenómeno de concurrencia fue un factor influyente; cada uno de los artistas que fueron a trabajar esa noche a la sala Lemon se vieron arropados por un público que había ocupado más de dos tercios del lugar sin haber empezado todavía las intervenciones musicales. Créanme cuando les digo que, como músico, tener un ambiente así en Madrid antes de comenzar la performance es, además de inhabitual, una motivación extra para el cumplimiento de tus funciones.

El escenario inicial planteaba una formación instrumental estándar –rock– de tres integrantes complementada por viento madera. La agrupación Tri tuvo el honor de abrir el evento, proyectar una impresión de su propio estilo y brindar un primer estímulo musical a un público que confiaba ilusionado en disfrutar de una gala rebosante de sorpresas para el oído –Progstureo Fest, ya saben–. El atractivo de su directo se halló en el talento de cada uno de los tres integrantes para usar una amplia gama de recursos y técnicas instrumentales en la búsqueda de un clímax musical a través de una dinámica de claroscuros; intensidades, colores y tempos. El trocado de baquetas por mazas para crear atmósferas, el uso de flauta travesera y whistle –o flauta irlandesa–, y el empleo de técnicas vocales como el scatting proporcionaban identidad a cada una de las composiciones que interpretaron. La constitución de cada tema se basaba en una propuesta diferente; algunos crecían a raíz de un argumento jazzístico, otros aprovechaban la brillantez y el protagonismo del viento madera para recordar melodías de tradición celta-galaico-irlandesas e incluso se llegaron a percibir algunos tintes de country, todo ello interpretado bajo una coherencia de identidad grupal. Muy destacable el homenaje a Jethro Tull en su representación de “Boureé” –versión que los británicos elaboraron a partir de la original de Johann S. Bach– al más puro estilo de Ian Anderson y su famosa pose de tocar sobre una pierna, con un breve intermedio clásico –planteado por Tri– para recordar la sección fugada de Tocata y fuga en re menor (BWV 565), también de Bach. Este tipo de covers tiene un lugar en el discurso musical del rock progresivo totalmente justificado cuando recordamos que, en los inicios del género y en función de una búsqueda de la sofisticación del rock, se empezaron a explorar caminos compositivos cercanos a la música académica y al jazz.

El ambiente cambió con la propuesta poliestilista de Back To R’lye. Esta banda madrileña integra de manera fraccionaria diferentes estilos musicales reflejados a modo de pequeños incisos –como por ejemplo un compás de reggae a mitad de un break de heavy metal o algunos ritmos latinos como la bossanova– en composiciones donde predomina una tendencia general al metal progresivo con guitarras marcadas por el uso recurrente del efecto fuzz. Su formación incluía un teclado y un seaboard que permitía modular digitalmente el sonido y doblar la línea vocal, conectados a un ordenador portátil. Éstos se percibían claramente durante los pasajes más agudos pero el resto del tiempo se perdían entre las distorsiones de los demás instrumentos; una lástima porque parecían elementos importantes de la formación. El planteamiento de Tri se hacía muy tradicional en contraposición a aquellos que basaban su discurso musical en sonoridades más duras y más cercanas, en ocasiones, al groove metal. El trabajo vocal de Back To R’lye se compone de dos vocalistas por regla general; uno desarrolla la técnica del gutural mientras que otro se desenvuelve en un rango lírico-melódico, pero en esta ocasión todo el peso de la actuación tuvo que ser defendido por este último, quien consiguió que alguien como yo, que no conocía al grupo previamente, no notase ninguna carencia de contenido o interpretativa –me enteré de que faltaba un componente después de la actuación y no se echó en falta para nada–. Se fundamentaba en una representación casi visual del propio artista que, cerca del enajenamiento, se sumergía en las sonoridades ofreciendo una melodía cambiante y transitando por un rango muy amplio de glissandos, con una voz que a veces se impostaba y otras se proyectaba vibrando dentro de la coherencia de su propio caos mientras sus dedos vertiginosos realizaban diferentes fraseos en el teclado y se deslizaban por el pad en los pasajes de más tensión atmosférica. Desde luego se trata de una propuesta atrevida que requiere mucha actitud y energía.

También hubo un grupo de fuera de la provincia: Morgana VS Morgana, que realizó un largo viaje desde Valencia. Seguramente los menos progressive de todos –reconocido por ellos mismos– y a su vez los más veteranos con aproximadamente 24 años de bagaje musical. Demostraron su experiencia en el escenario ejecutando, sin lugar a dudas, el concierto más cohesionado de la noche, solucionando cualquier problema técnico en cuestión de minutos sin obstaculizar la fluidez del espectáculo y ofreciendo su música con total dedicación, denuedo y nitidez. El carácter musical de MVSM incurre más en un metal alternativo tipo Hamlet que en la línea progressive del resto de agrupaciones que participaron en el evento. No obstante, fueron acogidos por un público receptivo que conectó desde el primer momento con las intenciones de la banda. La dinámica de sus temas se desarrolló en base al parámetro de la intensidad, de menos a más, buscando una atmósfera longeva a modo de clímax musical donde la voz aprovechaba para proyectarse de manera imponente, rasgándose y transmitiendo con firmeza el significado de unas letras escritas completamente en castellano. Un bajo con muchísima presencia, denso y eficaz junto con un baterista que justificaba su puesto en relación al rigor rítmico fueron la clave para lograr un ejercicio musical pulido y consistente que finalizó con una cover de “Breed” del álbum Nevermind de Nirvana.

Correspondía a los Pervy Perkin perfilar la conclusión de una serie de conciertos que apostaban por la originalidad y la personalización de estructuras musicales que florecían lejos de los triviales talentos deslucidos por rutina. La imagen corporativa –si es que la buscaron– fue singularmente informal: una bata del Instituto Nacional de Salud y una americana con estampado de leopardo polarizaron la atención del público que hesitaba entre el análisis de la situación y la expectación musical. Siendo los más jóvenes de la noche y con una actitud desvergonzada los Pervy demostraron que el talento puede ser inversamente proporcional a la edad. Estos chicos no saben lo que es el miedo al escenario. Para ejemplo su vocalista principal, del que ya podrían aprender algunos veteranos sobre cómo disfrutar y a la vez ofrecer un buen espectáculo entregándose por completo al público, sabiendo conectar con éste desde el primer momento. La cantidad de recursos que puso de manifiesto el frontman fue admirable, pasando desde una sólida voz de pecho a proyectar agudos más propios del heavy metal que del progressive más clásico. Es necesaria la mención de un sobresaliente baterista que, brillando con intensidad desde la retaguardia, apoyaba vocalmente al conjunto de la escena, además de muchos detalles de calidad como armonías a capela pensadas para que todos los integrantes de la banda tuvieran ocasión de presentarse al público desde una postura más orgánica.

Su música fue un collage de direccionalidades e intenciones. Cabría decir que el concierto fue una “progresión” en sí misma. El carácter casi circense del comienzo de la audición no tuvo nada que ver con la madurez de los temas que terminaron interpretando; en un principio parecían buscar ese carácter divertido, ocurrente y experimental, pero fueron evolucionando hacia un discurso introspectivo sin dejar de lado esa actitud desahogada. En alguna ocasión bajaron para formar parte del público mientras seguían tocando y al final consiguieron llenar el escenario con todos los músicos que habían participado hasta el momento en el evento a modo de colaboradores improvisados de la presentación del primer tema de su disco ToTeM, “I Believe”. Sin duda una propuesta interesante en cuanto a la singularidad de sus composiciones.

La segunda edición del Progstureo Fest fue un auténtico éxito. El secreto fue el compromiso de la organización además de una sala Lemon que puso a disposición del espectáculo a sus mejores técnicos. Mención especial al operario de sonido y sus impecables intervenciones realzando la voz en los momentos puntuales y al profesional de luces que se preocupó de crear un ambiente dinámico y coherente con el ritmo de la música. El comité organizador se despidió prometiéndonos una tercera edición del festival.

Daniel Rojas Gallardo

Fotografía: Alberto Pino.

     
     
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