Redescubriendo la figura de Joaquín Turina

Los escritos de Alfredo Morán

MATILDE MUÑOZ
Primeros escritos de crítica musical

Eva González Bullón

Y SÚBITAMENTE... ESTE DESPERTAR
Una vez más la ópera española

Juan Carlos Justiniano López

LA TRASCENDENCIA DEL SONIDO
Evolución y revolución

Tatiana Aráez Santiago

MORÁN, Alfredo: “Biografía: El hombre”, Joaquín Turina a través de sus escritos, vol. I, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1981.

Si hoy en día a un estudiante de conservatorio le preguntan lo siguiente: “¿quién es Joaquín Turina Pérez?” y “¿cuántas obras has tocado compuestas por él?”, las respuestas nos resultarían sorprendentes. A la primera pregunta probablemente nos respondiese (si no se confunde de entrada con José Luis Turina) “¿Te refieres a Joaquín Turina? ¡Ah! Hombre, pues un compositor español” pero es la segunda de las respuestas la que sin duda nos llamaría la atención: “Déjame pensar… ¡ninguna!”. Y yo me pregunto: ¿esto a qué se debe? Si ante ambas respuestas nos ceñimos a la primera e intentamos recabar la información que el músico tiene del tema en cuestión, preguntándole: “¿tú sabes que Turina además de compositor-intérprete fue crítico-escritor?” o “¿a quién conoces de estos tres biógrafos suyos que te voy a decir: Federico Sopeña, José Luis García del Busto y Alfredo Morán?” muy posiblemente nos respondiese: “No, no… perdona pero creo que te confundes: escritor no fue, ¡fue compositor!” o “de los nombres que me dices conozco escritos del primero –eso si tenemos suerte con el entrevistado–, el segundo me suena, pero el tercero… el tercero no me suena de nada”.

Lo cierto es que todavía se conoce relativamente poco sobre la figura de Joaquín Turina Pérez (1882-1949). Pese a ser un músico reconocido en su época, a lo largo de la historia se ha dejado por sistema al margen de los estudios llevados a cabo en torno a la Generación de los Maestros. Este hecho podría estar propiciado por varias razones, entre las cuales cabe destacar las críticas vertidas por Adolfo Salazar quien, por esos mismos años, sería el principal formador del juicio estético musical en España. Salazar, abanderado de la figura de Falla, deja patente en su libro Historia de la música española contemporánea el poco aprecio que le merecía la música de Turina.1 Junto a este hecho, la participación de nuestro músico dentro del periodo franquista en la Comisión General de Música del Ministerio de Educación (19402-19453) será un factor a tener en cuenta pues, por este motivo, en muchas ocasiones se le ha querido tildar de pro-franquista, aislando a su figura y no considerándola dentro del desarrollo historiográfico musical español.

A lo largo de la investigación llevada a cabo sobre este autor, se ha experimentado una evolución con el paso del tiempo a la hora de abordar su figura y obra. Antes que Alfredo Morán,4 no sólo Salazar lo mentó, sino que dos obras esenciales se volcaron en reflejar su vida y obra: el libro de Federico Sopeña,5 cuyo escrito, pese a ser más periodístico que musicológico, plantea un trabajo fruto de su relación como secretario del compositor; y la obra de José Luis García del Busto,6 autor que permite dar a conocer al lector no sólo la faceta de Joaquín Turina como compositor-intérprete, sino también como crítico y escritor. Pero sin lugar a dudas es la obra de Alfredo Morán, denominada por Francisco Melguizo como opera omnia,7 un escrito de incalculable valor, pues compendia en ella no sólo referencias a sus dos biógrafos anteriores, sino que trata de acopiar y poner a disposición de los estudiosos muchos de los materiales que rodean a la figura del músico en un solo escrito.

La vigencia de la obra de Alfredo Morán queda patente al ser ésta una obra de referencia de la investigación en torno a la figura de Joaquín Turina. Indudablemente, en todo este proceso de difusión del músico y su obra, la vinculación familiar de Alfredo Morán con Joaquín Turina (no olvidemos que es marido de la hija del compositor, Obdulia Turina Garzón, 1921-2007) ha jugado una baza importante, prueba de lo cual es el conocimiento exhaustivo y el acercamiento a determinadas fuentes que manifiesta a lo largo de los dos volúmenes. En este sentido, es el propio Alfredo Morán8 quien afirmaba, al hablar de su trabajo, que fue su esposa la que, organizando el despacho de su padre poco a poco, acabó por convertirse en “el alma máter de lo que hoy conocemos como Archivo Joaquín Turina”.9 Y, junto a la figura de su mujer, el autor remarca la participación de la Junta de Andalucía en diversidad de actos y acontecimientos en homenaje al músico (principalmente desde su 50 aniversario), la eficaz contribución de escritos como los de Jorge de Persia, musicólogo argentino, y las que serían sus tres miras esenciales dentro de este trabajo que estamos tratando: 1) propiciar el conocimiento, 2) confeccionar un catálogo técnico de la obra del músico y 3) propalar la significación y extensión de su extraordinaria producción que, no muchos años atrás, era escasamente conocida.

Pero centrémonos en su gestación: ¿quién es el gran desconocido Alfredo Morán y cuáles fueron los motivos que le llevaron a realizar la que sería la tercera biografía del músico sevillano (biografía que corresponde al primero de los volúmenes de la edición de 1981 que vamos a comentar)? Si hubiese que hacer una breve recensión, ¿cuáles serían los puntos que podemos destacar sobre la obra en cuestión?

Un aspecto importante en la obra de Alfredo Morán radica en que fue miembro de RNE, concretamente en calidad de técnico de sonido y fue él el que hizo posible, como promotor y coordinador, la grabación que se realizó casi al completo de toda la obra de Turina en los estudios de Radio Clásica en 1982 (centenario del nacimiento de Turina). Esta integral de la obra del músico partió de su interés por el archivo del compositor y resulta fundamental a la hora de entender la creación de la obra que nos ocupa. ¿De qué manera se conecta su integral con su escrito?

En mayo de 1978, a nueve meses justos para la celebración del trigésimo aniversario del fallecimiento del compositor (también eran 30 años de servicio por él cumplidos en la emisora oficial en que desempeñó destinos íntimamente ligados a la música, su antiquísima profesión), Morán creyó estar en condiciones de afrontar un nuevo proyecto cuya esencia sería la de dar a conocer tanto la vida de Joaquín Turina como su obra musical. Considerando que, de los más de 100 títulos que conforman la producción del músico, tan sólo un corto número eran favorecidos por los intérpretes y, por tanto, familiares al público,10 Alfredo Morán puso en conocimiento del jefe de redacción de Radio 2 (hoy radio clásica), don Gabriel, el proyecto que tenía en mente: ampliar las grabaciones existentes de la obra de Joaquín Turina dando así a conocer no sólo las obras musicales –muchas inéditas hasta el momento–, sino también a la figura del músico.

Fue entonces cuando la mujer de Alfredo Morán le ofreció toda la información de la que disponía con objeto de facilitar el trabajo a quien o quienes posteriormente confeccionaran los textos radiofónicos. Sería este contacto con tan abundante documentación consultada el germen que motivó sus posteriores labores tanto de investigación como literaria. La razón era simple: en ellos Morán no sólo veía temas para crear un catálogo de la producción de nuestro músico (su inicial propósito), sino también para la redacción de una fiel biografía.

El resultado final de este complejo trabajo tuvo como fruto dos importantes logros: por un lado, el enriquecimiento sonoro del archivo de Radio Nacional de España con 75 nuevas obras de Turina, lo que “posibilitó la radiación de un elevadísimo porcentaje de su producción en 33 programas de una hora a él dedicados en 1982 con motivo del centenario de su nacimiento”;11 por otro lado, ya iniciado en el quehacer de la investigación, Alfredo Morán consideró como algo prioritario la confección de un catálogo técnico que diera luz a la obra de nuestro compositor y, ahondando en sus escritos, observó que paralelamente eran de un valor incalculable por ser la mayoría inéditos para la elaboración de una biografía de Turina que echara por tierra la multitud de inexactitudes hasta entonces propagadas en torno a su vida y su obra. Ordenó por riguroso orden cronológico todo texto de interés biográfico aparecido y surgió, fruto de este trabajo, el que sería el primer título de la obra que nos ocupa: Datos para una biografía de Joaquín Turina, título que finalmente transformaría en tituló Joaquín Turina a través de sus escritos, cuya publicación se efectuó en Sevilla en la década de los ochenta12; una obra que parte de un análisis minucioso sobre la vida y obra del músico y se presenta estructurada cronológicamente con aportaciones críticas y referencias epistolares en las cuales el músico interviene directamente.

La publicación de este trabajo suscitó innumerables polémicas, pues varios temas salieron a la luz para ser investigados: formación de Joaquín Turina (más allá de lo que conocemos en relación a la Schola Cantorum), sus influencias musicales en París, estudio de sus obras, influencias de otros autores en su producción musical o análisis tanto de sus escritos como de su obra conectada a las de otros músicos que, por aquella misma época, habían alcanzado la cumbre musical (por ejemplo, Falla o Debussy). Sin embargo, estas cuestiones no han sido por sí mismas objeto de estudio de una tesis o monografía hasta el día de hoy, sino que siempre se han tratado en artículos de revistas o se han abordado de una manera transversal en relación a otros temas de investigación. Asimismo, otras cuestiones tratadas en el libro quedaron postradas en el olvido: su etapa relacionada con la época franquista o su vinculación con la Comisión General de Música del Ministerio de Educación, son temas controvertidos que reforzaron el binomio de “músico pro-franquista” que, probablemente, influyó en su posterior aislamiento dentro de la investigación musicológica española. Sin lugar a dudas, la ausencia de estudios relativos a Joaquín Turina en los que se amalgaman temas de valor tanto político como musical, demuestran que ciertas épocas nos quedan todavía cercanas y que sus consecuencias, en cierto modo, se manifiestan en la actualidad. Es preciso, por tal motivo, que cuestiones consideradas en ocasiones tabú se dejen de lado, para poder así llevar a cabo una visión retrospectiva de la figura y época que le tocó vivir, abordando tales estudios dentro del marco de una investigación objetiva, sin prejuicios e ideologías de ningún tipo.

Indudablemente, el gran valor de los apuntes biográficos aquí recogidos como originales de Joaquín Turina estriba en su autenticidad, siendo muchos de ellos por primera vez revelados en un escrito. Nos encontramos ante un texto que se aproxima más a la persona que al compositor y en donde el objetivo inicial de Alfredo Morán (la brevedad) resulta difuminado. La obra en su totalidad no se caracteriza por la concisión, sino que en su deseo de mostrar todo aquello que iba descubriendo, este escrito acabó por convertirse en un documento de gran valía pero de carácter recopilatorio.

Esta abundancia de materiales en torno al músico que nos ocupa está conectada con su larga vida y esto, sin lugar a dudas, se refleja en el texto. Los escritos a lo largo de la obra no están igualmente repartidos, es decir, hay épocas en las que son muy abundantes y otras, por el contrario, escasos. Además, determinados años son tratados de manera superficial: los comprendidos entre 1936-1939, periodo en el cual el escritor no se detiene “por ser unos años de gran contenido histórico”13 y porque Joaquín Turina, con su desánimo, “no creó ninguna nueva composición considerada por él digna de ser catalogada”.14 Habría que plantearse de entrada dos cuestiones: ¿un periodo, por ser de “gran contenido histórico”, merece no ser estudiado? y, a pesar de que Joaquín Turina no catalogase en este periodo sus obras, ¿no se dan lugar otros acontecimientos en la vida del compositor que sean dignos de mención?

En relación a esta fecha de 1939, habrá que tener en cuenta que ésta presenta un punto de inflexión en el desarrollo del libro pues a partir de ella se observa un cambio en la orientación de la escritura debido a que Alfredo Morán tenía en mente finalizar aquí su trabajo. El porqué radica en que a partir de 1926 los escritos de Turina son cada vez más escasos. Si desde entonces existe poco material, a partir de 1939 la situación se agudiza aún más, pues es rarísimo, a excepción de los apuntes de su Diario, encontrar un documento útil al fin que le ocupaba. Estos hechos desembocan en un dato que es preciso subrayar, y es que a partir del año 1939 no se introducen descripciones relacionadas con los empleos o cargos (“por ser temas que exigen abundante y puntual documentación que no poseo”)15 y se tiende a la esquematización de los contenidos. Habría que preguntarse qué necesidad existía de realizar esto así, sobre todo cuando Morán deja patente en su apartado de “Ruego” la siguiente información: “Es propósito nuestro, con la idea puesta en una segunda edición, ampliar este trabajo dedicado a Joaquín Turina”.16

Si, por último, profundizamos en el análisis del contenido que se vierte en cada una de las partes del libro, resulta llamativo el siguiente detalle:

 

  • Sevilla (1882-1902): pp. 3-24 (21 hojas à 8 hojas de imágenes, 4 hojas enteras de citas. Hojas resultantes: 9, todas ellas con citas)
  • Madrid (1902-1905): pp. 27-56 (29 hojas à 9 hojas de imágenes, 2 hojas enteras de citas. Hojas resultantes: 18, todas ellas con abundantes citas)
  • París (1905-1913): pp. 59-171 (112 hojas à 24 hojas de imágenes, 46 hojas enteras de citas. Hojas resultantes: 44, todas ellas con citas)
  • ¿Sevilla (1913-1914)?
  • Madrid (1914-1949): pp.172-414 (239 hojas à 60 hojas de ilustraciones, resto de hojas en su mayoría en formato esquema con abundantes citas)

 

Para haber querido finalizar el proyecto en 1939 y, teniendo en cuenta que a partir de esta fecha no encuentra suficiente información, la sección final del libro resulta ser la más extensa. Además, el resultado de este análisis manifiesta el que, a mi modo de ver, es el aspecto más problemático: la abundante reproducción de documentos originales en el cuerpo del texto, acompañados en ocasiones de paráfrasis de los mismos. Lo que se genera es una duplicación gratuita de la información y una extensión del contenido del libro innecesaria (hecho que se corregirá en la segunda edición del libro, la cual recoge en un solo volumen de 580 páginas, lo que la primera edición recoge en dos volúmenes con un total de 736 páginas).

Pese a estas reflexiones en torno a la obra de Alfredo Morán, no debemos olvidar que indudablemente su obra representa una aportación de incalculable valor, no sólo por el vínculo familiar que le une al compositor, sino porque trabaja directamente sobre fuentes primarias y muestra al lector una selección que de ellas lleva a cabo. Alfredo Morán rellena un importante vacío historiográfico mediante el filtro de un material que, tal y como hemos mencionado, es de amplias dimensiones. El “filtro”, naturalmente, tendrá sus pros y sus contras, pero es innegable que la tarea de concentrar en un libro tan divergentes cuestiones que rodean a la vida del músico resulta un trabajo encomiable. Asimismo, es de agradecer la manera de narrar, a modo de novela histórica, los diferentes hechos que a lo largo de la vida del autor se suceden; una narración no sólo organizada, sino también fluida. De esta manera Morán consigue, a través de una lectura amena, el objetivo que en su día se plantease el autor: velar por recuperar y mantener viva la figura del compositor, no sólo acercándola a investigadores,17 sino a cualquier persona que decida interesarse por el músico o por ciertos aspectos de su vida.

A lo largo de sus cuatrocientas cuarenta y siete páginas se desvelan por primera vez singularidades de la vida del compositor, personajes que le rodeaban en su vida diaria, músicos que fueron importantes en su formación, conciertos, críticas y documentos epistolares que nos permiten conformar una idea aproximada del contexto musical de la época. Pese a que el texto carece de un análisis musical de la obra de Turina, Morán compensa este déficit incorporando detalles sobre los procesos de composición de las distintas obras con las influencias que éstas reciben.

Para finalizar, una última reflexión. Teniendo en cuenta tres cuestiones: 1) que en ocasiones se cae en el tópico narrativo del “héroe injustamente olvidado” con el que España, y más concretamente Sevilla, está en deuda (hecho al que Sopeña hace referencia en el prólogo del presente libro), 2) que las críticas vertidas a lo largo del volumen son, en su mayoría, nacionales (quizás se echa en falta un mayor número de críticas internacionales) y 3) que muchos de los textos relacionados con la figura de Joaquín Turina que vieron la luz posteriormente tenían la finalidad de cuestionar aquellas figuras que, como las de Salazar, erigieron a ciertos músicos como representantes de un periodo concreto desechando a muchos de los músicos que también participaron en él. No debemos olvidar, teniendo en cuenta estos tres puntos, que el problema radica esencialmente en que la recreación de una época no puede basarse sólo en la visión de aquellos que en ella alcanzaron la cumbre, sino que es preciso realizar una mirada retrospectiva que nos permita ver más allá del destello que supusieron ciertas figuras. En este sentido, el merecido reconocimiento a la obra de Alfredo Morán no es baladí, pues constituye el reflejo de un interés por rescatar a esta figura y ubicarla dentro de la musicología española redefiniendo los elementos que hasta hoy en día la han caracterizado.

Ahora el relevo lo tenemos en nuestras manos, así que saquemos del cajón de sastre todos nuestros prejuicios, leamos sus escritos y ahondemos en esa época y en este músico de la mejor manera posible: a través de la interpretación de su obra.

Tatiana Aráez Santiago

1 Prueba de ello es que de su producción comenta sólo hasta el op. 37, salvando una única obra: “Las mujeres españolas [op.17] es, a mi entender, la primera obra de Turina que puede aspirar a una consideración seria” mientras que el resto de su producción es calificada bajo los siguientes términos: “la facilidad y la ligereza son sus notas distintivas” (Música contemporánea de España, Madrid, La Nave, 1930, p. 205), opinión que se ve acentuada cuando en La música orquestal en el siglo XX vierte las siguientes palabras: “De Enrique Granados puede decirse que fue un músico malogrado. De Joaquín Turina que fue uno mal logrado o, al menos, logrado deficientemente” (La música orquestal en el siglo XX. México, Fondo de Cultura Económica, 1967, pp. 32-34).

2 Año de creación de la Comisaría General de la Música, en cuyo frente figuran Otaño, Turina y Cubiles. Sería en 1941 cuando Joaquín Turina fuese nombrado comisario general y Federico Sopeña su secretario.

3 El 2 de febrero Joaquín Turina presenta su dimisión como comisario general de la Música (MORÁN. 362).

4 MORÁN, Alfredo. Joaquín Turina a través de sus escritos, 2 vols. Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1981.

5 SOPEÑA, Federico. Joaquín Turina, Madrid, Editorial Nacional, 1943.

6 GARCÍA DEL BUSTO, José Luis. Turina. Madrid, Espasa Calpe, 1981.

7 MELGUIZO, Francisco. Ritmo (Madrid), marzo de 1983: “Lo que podríamos llamar ópera omnia está recogido sistemáticamente en los dos tomos de esta edición antológica [Joaquín Turina, a través de sus escritos], obra fundamental y definitiva para conocer la personalidad del compositor sevillano”.

8 En una conferencia realizada en la Fundación Juan March el 4 de mayo de 2004 bajo el título En torno al archivo Joaquín Turina.

9 Esta conexión familiar le permitirá ser posteriormente el encargado de dirigir el archivo del músico no sólo velando por recuperar y mantener viva su figura, sino desarrollando el que hoy en día es el catálogo de referencia de las obras del compositor a petición de la SGAE en 1993.

10 Fiel reflejo de esta situación era que el archivo sonoro de la emisora entonces sólo contara con grabaciones de unas 20 o 25 obras, siempre las mismas, siendo la única renovación la de los intérpretes que las efectuaban.

11 Conferencia realizada en la Fundación Juan March el 4 de mayo de 2004 bajo el título En torno al archivo Joaquín Turina.

12 Respecto a las dos ediciones de la obra, es preciso destacar que la primera, publicada en 1981 en conmemoración del centenario de su nacimiento, consta de dos volúmenes; la reedición, llevada a cabo por Alianza en 1997, presenta el catálogo de referencia de las obras del compositor. Esta última edición se caracteriza por estar “corregida y aumentada”, incorporando los principales escritos de Joaquín Turina encuadrados en la biografía del compositor.

13 Es innegable que el desarrollo de la guerra civil determina el desarrollo de esta sección pero sería al menos preciso realizar alguna referencia a lo que ésta supuso dentro del costoso desarrollo de la música española. La guerra civil española no debe ser ignorada a la hora de estudiar los discursos y prácticas musicales nacionales y las relaciones de éstas en el ámbito internacional, pues es incuestionable que, en cierta manera, influyó en nuestro desarrollo musical. Obviar este hecho deja patente una falta de vinculación entre temas que suelen estudiarse por separado: la España anterior y la posterior a la Guerra Civil.

14 MORÁN. Joaquín Turina…, pág. 347

15 Ibid., pág. 354.

16 MORÁN, Alfredo: “Ruego”, Joaquín Turina a través de sus escritos, vol.I, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1981.

17 Investigadores que se asombrarían al comprobar, tal y como afirma Morán, cómo en una fecha como la de 1992, año de efemérides de resonancia universal materializadas en la Expo de Sevilla, en el programa oficial el nombre de Turina, nacido en el lugar del evento e hijo predilecto de la ciudad, figurase sólo en una ocasión al ser programada una obra suya por una orquesta extranjera.

Imagen: Joaquín Turina en la terraza de su casa (c/Alfonso XI, Madrid), 1944.

     
     
Persíguenos en Facebook Persíguenos en Twitter Visítanos en Flickr ¡Suscríbete! Canal de YouTube Spotify ¡Suscríbete!