Serse & Co.

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“El Seicento es el jazz antes del jazz”

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CNDM. Ciclo Universo Barroco. Serse, HW 40. George Frideric Haendel. Auditorio Nacional de Música. Madrid, 22 de noviembre de 2015. M. Ernman, A. Kučerová, S. Prina, K. Amevo, M. de Liso, Ch. Senn, L. de Donato. Dir.: Jean-Christophe Spinosi. Ensemble Matheus. Y otros adelantos del ciclo Universo Barroco del CNDM.

La imagen de Jerjes I (s. V a. C.) que fue legada a la posteridad por historiadores como Heródoto o Plutarco no siempre guarda correspondencia con las versiones ficcionadas que se han construido a partir de los antiguos textos griegos (o los estudios de los especialistas). El monarca aqueménida, además de someter Egipto y Babilonia bajo su autoridad y llevar al imperio persa a su cénit económico y político, trató de vengarse en la Segunda Guerra Médica de la derrota infligida por los jonios a su padre, Darío, si bien la resistencia de la symmachia griega, que (pese a su inferioridad numérica) se impuso en batallas tan decisivas como Salamina o Platea, hizo que el conflicto desembocara en un nuevo revés para las tropas orientales.

Poco tiene que ver el líder persa con la ridícula semblanza que se suele hacer de su figura luchando contra los supuestos héroes de la libertad en películas de baja estofa como la popular 300, donde se muestra a un gigantesco emperador con voz de dudosa virilidad e infantiles ansias de dominación global (sin duda, por razones muy tendenciosas de la industria occidental); características fabuladas que, es de suponer, lastran sobremanera su credibilidad como personaje histórico maduro y reflexivo. Justo lo contrario que su oponente, el inteligente y valeroso Leónidas.

Este exordio no pretende ser gratuito: pocas veces reflexionamos sobre nuestra visión sesgada de ese mítico Oriente en el que solemos proyectar fantasías, anhelos e impotencias desde hace siglos, sin molestarnos en conocerlo con seria profundidad. De todos modos, quizá esta ignorancia generalizada pudiera ser en parte disculpable en épocas precedentes a nuestra postpostmodernidad globalizada, pues la fantasía desatada del libreto de Serse (al que no podemos atribuirle con certeza un autor –¿Angelo Corri?–, si bien está adaptando una versión anterior del argumento, usado por primera vez por Francesco Cavalli) tiene una minimísima relación con los acontecimientos de la Historia, y el interés de la obra se halla en otros aspectos menos “científicamente correctos”. A menudo se la ha denominado –incorrectamente– como la única ópera cómica de Handel, pues resulta muy sugestivo ver cómo del denso drama de amoríos, deseos y equívocos irá surgiendo lo humorístico. Aunque lamentamos que esto nos acerque a las más ácidas críticas que sufrió Handel, preferimos no dar más pábulo a la cuestión argumental, puesto que si los espectadores se descargan el libretto comprobarán la dificultad de resumir la enrevesada complejidad de la trama en unas pocas líneas. Centrémonos más bien en otras particularidades de la ópera y su contexto.

El lunes 26 de diciembre de 1737 comenzó la composición de Serse, tras un descanso que Handel tuvo que concederse durante el día de Navidad (recordemos su constante laboriosidad), puesto que poco antes había arrostrado circunstancias realmente extenuantes: el día 24 finalizó la ópera Faramondo, y en la semana anterior se había producido la penosa pérdida de uno de sus grandes apoyos desde sus comienzos en Inglaterra, la reina Carolina (cuyo himno fúnebre compondría). El estreno de Serse (15 de abril), pese a los elementos bufos, y una plantilla escogida con esmero, no alcanzó los éxitos comerciales del “Oratorio” (en realidad, un pasticcio propio sin verdadera unidad dramática) que había presentado previamente en marzo en el Hay-market, con lo que ya podía ir perfilando Handel el gusto del público inglés por el género religioso (lo que le interesaba enormemente por los problemas económicos que tenía en esta época). En conjunto, podríamos decir que se trata de una ópera que alude en sus contenidos musicales a la tradición italiana (veneciana) del siglo XVII (lo que sin duda motivó el descontento de Charles Burney), al tomar Handel inspiración de la composición homónima de Bononcini, y probablemente se hace eco de una tradición obsoleta para hacer frente, con una estructura más flexible, a la omnipresente ópera seria. A pesar del olvido general en el que se sumió la partitura a lo largo de varias centurias, lo cierto es que no desmerece la calidad de otras óperas del músico alemán. Tal vez, como apuntó Lord Shaftesbury en su momento, la culpa de la mala fama naciese de una interpretación poco atinada.

En relación con esto último, en esta ocasión no parece que la H/historia tenga visos de repetirse: el entramado musical estará a cargo del Ensemble Matheus, un grupo bretón (Brest) que viene desarrollando desde hace más de veinte años una variopinta actividad que su director (y fundador), Jean-Christophe Spinosi, organiza con proyectos operísticos en los que no tienen cabida las restricciones de los purismos superespecializados: su repertorio abarca desde ejemplos tan tempranos como Monteverdi hasta románticos como Bellini (habitualmente, en exitosa colaboración con Cecilia Bartoli) o contemporáneos como Crumb. Todas estas producciones han sido interpretadas en teatros y auditorios de Europa (Londres, Viena, Roma…) y Norteamérica (Nueva York, Quebec…), si bien habitualmente su agenda radica normalmente en Francia, puesto que es residente en el Théâtre du Châtelet de París. Asimismo, sus inquietudes musicológicas incluyen la recuperación de la cultura musical europea: en la década pasada realizó varias grabaciones de obras no muy conocidas de Vivaldi en base a las investigaciones interpretativas de Spinosi.

El elenco de solistas junto al que abordarán Serse incluye a algunas de las celebridades del mundo de la música antigua. Sin duda serán Malena Ernman y Sonia Prina las que resalten en una primera ojeada, aunque no resulta demasiado correcto meter en el mismo saco a cantantes tan dispares. Prina es una contralto handeliana en toda regla, pues a pesar de la gravedad que tal título pueda aparentar, la absoluta belleza de su voz y su compromiso con los propósitos del compositor la convierten en una convidada perfecta para un barroco festín de los sentidos. Y es bien sabido que Handel, pese a no destacar demasiado en la Tafelmusik, gustaba tanto de los banquetes corporales como de los espirituales –recordemos las crueles caricaturas de sus contemporáneos y la devoción de personajes tan dispares como George Bernard Shaw o Ch. W. Gluck–. Ernman, por el contrario, es una aclamada estrella internacional que ha participado en festivales tan insospechados para una cantante de clásica como Eurovisión, donde cosechó enorme fama, lo que ha servido para acercar a sus compatriotas suecos al mundo de la ópera. Asimismo, tanto ella como el resto de los cantantes (quizá haya que destacar también a Luigi di Donato y Marina de Liso) posee un abultado currículum en el que se encuentran numerosas colaboraciones con algunos de los más destacados grupos del “movimiento” de la historically informed performance (interpretación históricamente informada).

Serse será la apertura escogida para la nueva temporada del ciclo Universo Barroco, organizado por el CNDM en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional. Tras ella vendrán otras obras de Handel, puesto que es el artista de Halle el que suele protagonizar esta parte de la temporada integrada por composiciones a gran escala (óperas, oratorios...). Esta vez tendremos ocasión de escuchar la ópera pastoral Susanna, HW 66, de innegable encanto rural (secundada por la austera seriedad de la Wiener Akademie), y Partenope, HW 27, fruto de un cambio de estilo en el que Handel se adapta a la mayor ligereza melódica que le demanda su público tras el fracaso previo de Lotario. Volveremos a encontrar aquí una producción marcada por divos neobarrocos como Philippe Jarousky colaborando con el virtuoso conjunto Il Pomo d’Oro.

Por una parte, esta temporada es un consuelo para los que pensamos que todavía se echa en falta una presencia mucho mayor de la música barroca e ilustrada (y no digamos ya medieval o renacentista) en los escenarios nacionales, si bien la predominancia handeliana tiene mucho que ver con el monopolio de la influencia germánica en la programación, lo que impide que se preste atención a otros compositores de la geografía europea o nacional (como Hidalgo, Literes o Nebra). Esto se equilibra parcialmente al incluir Cain, overo il primo omicidio, de Alessandro Scarlatti, sin duda uno de los más relevantes compositores del periodo (y padre del discreto –pero sin duda más familiar por la proximidad peninsular– Domenico), y cuya interpretación descansará sobre el romano Concerto italiano, dirigido por Rinaldo Alessandrini, que desde su creación se ha convertido en una de las agrupaciones de referencia en Italia (junto a este ensemble encontraremos de nuevo a Sonia Prina como hijo –Caín– de Roberta Invernizzi –Eva–). También se descarga el peso del compositor nórdico con uno de los atractivos conciertos interdisciplinares que Jordi Savall nos viene ofreciendo –con mayor o menor fortuna– desde hace muchos años: Miguel de Cervantes: viajes, sueños y utopías, en el que vuelve a ocuparse de la figura del autor del Siglo de Oro tras publicar Don Quijote de la Mancha. Romances y músicas, uno de los proyectos de Alia Vox que incluyen la publicación de un libro acompañado (¿o es la música la que acompaña a la literatura?) de un cd de composiciones relacionadas con los textos (y que suelen ser interpretadas por uno de los grupos creados por Savall, como es el caso, ya que el violagambista dirigirá esta vez a Hespèrion XXI).

En la Sala de Cámara se desarrollarán paralelamente conciertos de gran interés, como la segunda parte de Yo soy la locura, donde Raquel Andueza, al frente de La Galanía, inaugurará (verdaderamente) la temporada de Universo Barroco en octubre con algunas obras hispánicas que el Padre Tiempo había cubierto inmisericordemente. Junto a solistas como Vivica Genaux o Enrico Onofri (que liderará como concertino invitado la Barroca de Sevilla), visitarán el Auditorio capitalino veteranos adalides de la música antigua como Les Arts Florissants, Il Giardino Armonico (que suele despertar tanto interés que agota las entradas con meses de antelación) y el ibérico Al Ayre Español con un programa que abordará composiciones del desconocido Juan Manuel de la Puente (maestro de capilla de la Catedral de Cádiz en la primera mitad del siglo XVIII). El único elemento discordante en esta extensa programación será, a mi juicio, el concierto que ofrecerá el violonchelista Jean-Guihen Queyras, cuya presencia en un ciclo cuyo objetivo es mostrar los variados y sugerentes frutos del maridaje entre la investigación musicológica y la interpretación musical resulta de todo punto inexplicable, pues a pesar de un periodo de estudios junto al renombrado Anner Bylsma (compañero de fatigas de Brüggen y Leonhardt) no se puede apreciar ninguna huella de su interés por el mencionado historicismo (es decir, interesarse en explorar por qué Bach –o tantos otros– no indicaba matices, fraseos y otros tantos etcéteras de forma explícitamente decimonónica) en su popular grabación de las Suites bachianas que interpretará maratonianamente en mayo. Pero no dedicaré más espacio a realizar una crítica individual, puesto que este no es el ámbito más específico para ello. Concluyamos recordando, como hace Serse tan voltaireanamente (“Ombra...”), lo conveniente que resulta retirarse de cuando en cuando a disfrutar de la umbrosa Natura y sus deleites. Y no es necesario salir demasiado de la torre de marfil: en ocasiones, sus artificiosos y fantásticos argumentos se recrean magistralmente en forma de arte, como sucede con buena parte de la música que se ha comentado. Esperamos que la disfruten.

Pablo Tejedor Gutiérrez

Léonidas aux Thermopyles por Jacques-Louis David - http://davidderrick.files.wordpress.com/2010/11/david-thermopylae.jpg. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons.

     
     
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