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La ópera. Una historia social, Daniel Snowman, Madrid, Siruela (2012), ISBN: 978-84-9841-580-3.

La bibliografía generalista sobre ópera está llena de libros poco interesantes; en realidad por el mismo libro repetido una y otra vez: una pequeña introducción histórica y una larga serie de biografías y comentarios de las obras del repertorio. No es el caso de este libro, ni mucho menos. El enfoque social, dentro de la línea de los estudios culturales, nos ofrece una visión novedosa poco frecuentada por la literatura operística. Como señala el propio autor en la introducción, ha buscado unir la literatura puramente musicológica –centrada en los compositores, sus obras y sus intérpretes– con la historia social, cuyos límites habían estado separados “hasta muy recientemente, por verdaderas alambradas de espino y compuertas cerradas que marcaban las fronteras entre ambas disciplinas”. Y sin duda lo ha conseguido, saltando esa visión cerrada de los campos de estudio.

Como buena historia social, el libro no se centra tanto en la creación operística –en la clásica historia de los compositores y los estrenos de sus grandes obras– sino en la relación de la actividad operística con los diferentes momentos y contextos de la historia, desde sus orígenes hasta la actualidad. De ahí que las reflexiones sobre Monteverdi no solo aparezcan en los primeros capítulos sino también en los últimos, que se hable de Verdi no solo en relación con el Risorgimento sino también en las programaciones actuales de los teatros, o que se reflexione sobre Wagner desde el dominio actual de los directores de escena.

Daniel Snowman reúne el perfil ideal para esta labor. Músico y divulgador musical, es además investigador en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Londres. Trabaja con un gran rigor, como lo demuestran los amplios comentarios bibliográficos al final de cada capítulo, que constituyen la base sobre la que se apoya su discurso. Como reconoce él mismo no pretende ser un libro enciclopédico, por lo que el foco sobre algunos aspectos puede a veces echar de menos otros. Y eso es verdad cuando le da todo un capítulo a Beethoven –cuya importancia en el historia operística es realmente discutible– o no desarrolla la importancia de los géneros cómicos –como la opéra comique francesa, la opereta alemana o incluso la zarzuela– para articular una reflexión más rica de la relación entre teatro lírico y sociedad en el siglo XIX.

No deja de ser un libro anglosajón y así el peso de las referencias del mundo anglo-norteamericano a veces resulta excesivo. Incluso en determinado momento llega hablar de la “supremacía operística de Gran Bretaña”. Prácticamente en cada bloque hay un capítulo dedicado a estos temas, desde la llegada de la ópera a Londres en el XVII hasta la preponderancia de la actividad operística en los Estados Unidos. La historia del Convent Garden y del Metropolitan recorre todo el libro, así como el comentario sobre la globalización que se apoya excesivamente en el desarrollo de la ópera en Australia.

No obstante, no descuida los temas clásicos de sociología musical, con comentarios sugerentes y atractivos sobre la cuestión de la ópera italiana en el mundo de los castrati, la relación de Mozart con la Viena de su época, la importancia social de la ópera en la Francia del XIX, el vínculo entre ópera y nacionalismo o su utilización política en la época de las grandes dictaduras del siglo XX. Vistas desde esta perspectiva, las referencias anglosajonas constituyen más bien casos de estudios que amplían el foco de la historia general.

Junto a todo esto son muchos los temas que recorren el libro: lo femenino en la ópera del XIX, la atracción del mundo homosexual por la ópera, la influencia de la globalización en la unificación de gustos, las repercusiones del desarrollo tecnológico actual en el consumo operístico o el concepto de canon y repertorio. Todos tratados de manera crítica y acertada. En este sentido, Snowman no se deja llevar por el entusiasmo y minimiza la importancia que tiene la ópera en la historia; incluso llega a señalar que la ópera nunca dejó de ser aristocrática y minoritaria, desmintiendo algunos tópicos extendidos sobre la ópera en el XIX. El título original (The Gilded Stage) va en esa dirección, aunque la editorial española ha preferido buscar un título genérico algo más comercial. Eso sí, tan neutro que esconde la originalidad de esta interesante publicación.

Pero sin duda lo más sugerente de este libro es lo bien que está escrito, nada fácil dada la amplitud de documentación que se maneja y la gran variedad de temas. Su lectura engancha y Daniel Snowman se muestra como un gran narrador. No podemos dejar de pasar de un capítulo a otro, ni dejar nada en el camino. En este sentido nos encontramos con un discurso sólido e interesante, cuyas reflexiones enriquecen la historia cultural y social, pero que además entretiene. Un libro reciente que debe interesar a todo tipo de público y no solo al melómano y al aficionado a la ópera. Por si acaso, incluye un valioso disco con grabaciones de referencia (nada tópicas) que pueden ayudar a entrar en el mundo sonoro de la ópera.

Víctor Sánchez Sánchez

     
     
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