Sol y el silencio

Un viaje hacia la armonía

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Orquesta Pelota

Sol era una nota muy alegre que vivía en un piano. Casi siempre estaba contenta porque era muy importante. Era la dominante en el acorde de Do, uno de los más significativos, la subdominante en el de Re y cuando se sentía triste se iba a Mim. Por supuesto también tenía su propio acorde, en el que la acompañaban Re, su siempre amiga, y Si. Sol estaba dentro de un grupo perfecto, porque en su variante Sol7, junto a Do7 y Fa7, formaba el trío del blues en el que se todos complementaban mutuamente. Un día vino un estudiante de intercambio de Inglaterra, G, la gemela de Sol, y se hicieron muy amigas.

Sol siempre cantaba con Do y Re en la guardería, porque aunque entre ellos tuvieran sus disonancias personales eran su 4ª y 5ª justa.

Pero como todos, Sol creció, se hizo cada vez más grande y su música fue creciendo con ella. Tuvo que aprender a correr más en las corcheas y semicorcheas y a saber pararse en las blancas y redondas. Fue un camino difícil, pero lo consiguió.

En el colegio vecino se encontraban sus equivalentes negativos: las notas sin sonido, los silencios. Corría la voz de que eran fríos, apagados y tranquilos; nadie quería estar con ellos. Su directora era el Silencio de redonda y contaba la leyenda que por donde pasaba no se volvía a oír un solo ruido. La directora de la escuela de Sol, al contrario, era muy mayor y larga, pero la más sabia de todas porque había visto nacer y morir muchos tipos de notas y estilos: era la Cuadrada. Tan vieja era ya, que un día no pudo más y tuvo que dejar su cargo en el colegio, por lo que las dos escuelas se fusionaron. Los silencios y las notas nunca se hablaban, no se querían ni ver, pero con Sol no fue así. Se enamoró del silencio de negra. “Z con cola o C con sombrero, me da igual porque el amor es ciego”, repetía Sol. Tanto fue así que logró enamorarlo también a él, pero no podían coincidir en el colegio, por lo que decidieron emprender un viaje juntos. El viaje hacia la clave de su amor, que les mantendría unidos y sin distinciones. El viaje hacia la Clave de Sol.

En él pasaron por la escuela de matemáticas, que aunque muchos crean que se parece mucho a la música, las notas y los nueves y seises tuvieron sus diferencias en el pasado. Por eso las plicas siempre van a la derecha hacia arriba y a la izquierda hacia abajo, para no parecerse a ellos.

Poco después atravesaron La Ciudad de la Literatura, en la que conocieron a muchas palabras que estaban preparándose para estudiar la rama de la música en la que se unirían a los versos de diferentes canciones.

Después de un largo camino entraron en la provincia musical, ya se iban acercando a su destino. En su viaje decidieron recorrer los conservatorios de Europa para ilustrarse y ampliar sus conocimientos. El primero que visitaron fue el de Austria en el que estudiaron a Mozart y Haydn. Más tarde entraron en el conservatorio alemán, en el que aprendieron el arte de Beethoven y Bach. Después pasaron por Italia y descubrieron artistas como Paganini o Boccherini.

En ellos Sol conoció un mundo nuevo, necesitó aprender cómo se podía ordenar en los pentagramas junto a sus compañeras, que debía respetar siempre a la armadura y estar muy atenta a los puntillos, calderones y barras de repetición para no perderse en todo aquel barullo. Más tarde descubrió la técnica para subir y bajar escalas por las líneas adicionales para dar más juego a su música.

Cuando ya estuvieron preparados continuaron su viaje hacia el Auditorio.

Atravesaron la Tierra de las Alteraciones, que estaba llena de disonancias y contradicciones. Se podían ver bemoles y sostenidos corriendo de un lado a otro mientras los becuadros intentaban detenerlos. Algunos habían tenido problemas en su creación y eran dobles bemoles o dobles sostenidos, que subían o bajaban una nota entera y descuadraban todas las partituras haciéndolas complicadas y difíciles de leer. Las alteraciones no siempre se portaban mal, las más formales y educadas se colocaban en armaduras para formar nuevas escalas y acordes, aunque siempre había alguna que se colaba. No tardaron en salir corriendo de allí, pero no les esperaban mejores tierras.

Se aventuraron a entrar en la zona de Las Claves de Fa, dos hermanas (en 3ª y en 4ª línea) que, muy pícaras ellas, decidieron hacerles una prueba a Sol y a Silencio de negra. Debían colocar la escala de DoM y su correspondiente Lam en los dos pentagramas sin equivocarse, de lo contrario les cerrarían el paso. Con mucho esfuerzo y cuidado Sol y Silencio consiguieron superar la prueba.

Las dos hermanas, no contentas con ello, decidieron adelantarse y hablar con las Claves de Do, siete primas hermanas similares pero diferentes, que no se usaban demasiado y liaban a músicos novatos o distraídos. Había cuatro claves de Do (en 1º, 2ª, 3ª y 4ª) y las notas variaban de lugar en cada una, no demasiado, pero se confundían muy fácilmente. Las convencieron de que Sol y Silencio tenían malas intenciones y de que no les permitieran pasar.

Cuando Sol y Silencio llegaron exhaustos a la zona más cercana al Auditorio se encontraron a las primas Do, que les pusieron otra prueba más difícil aún: debían escribir una partitura que las deleitase y sirviera de inspiración en las cuatro claves. Como a Sol y Silencio no se les ocurrían muchas ideas después de la prueba de las hermanas Fa decidieron coger diferentes melodías conocidas de muchas canciones para crear una gran obra. A las hermanas Do les encantó y dejaron pasar a la pareja hacia su destino.

Pero aunque pueda parecer increíble se encontraron otro problema más: la SGAE les había estado espiando en su prueba con las primas Do y descubrió que las partes más importantes de muchas obras habían sido copiadas sin solicitar los derechos de autor, esto les costó una buena multa y una gran mancha en su expediente musical.

Una vez superadas todas las pruebas y dificultades consiguieron llegar a la clave de Sol, la más famosa de todas, que pese a su falta grave les permitió formar parte de su música para que pudieran componer juntos y crear muchas obras que acabarían llegando a nuestros oídos.

Diego Valero Sánchez*

* Diego Valero es alumno de 3º de ESO del Colegio Nuestra Señora del Pilar, c/ Sánchez Preciados nº 62.

Ilustración: Diego Valero Sánchez.

     
     
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