Sonada de adiós de Joaquín Rodrigo

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Otilia Fidalgo

Una mirada sobre el maestro Joaquín Rodrigo, diferente a la habitual, nos muestra su faceta más contemporánea a través de su obra Sonada de adiós. La reflexión sobre esta pieza nos ofrece inevitablemente, a su vez, la visión de un París que en el año de 1935 era uno de los principales centros musicales del mundo artístico europeo, aspecto fundamental a la hora de comprender su génesis.

Por lo general, siempre se ha visto al maestro Rodrigo dentro del ámbito neoclásico más tradicional, pero con Sonada de adiós quiero mostrar un Joaquín Rodrigo que supo imbricar dentro de su propio lenguaje el color impresionista del que tanto bebió en su estancia parisina. Con ello, pretendo poner de manifiesto esa imagen menos conocida del compositor que, con un lenguaje diferente al acostumbrado en él, recuerda y defiende las ideas de su maestro Paul Dukas con gran emotividad y lirismo. Nos encontramos ante un Rodrigo “no anclado” en el noeclasicismo ni en el neocasticismo al que siempre se le ha asociado, sino ante un compositor de su época muy consciente de los avances estéticos que estaban sucediendo en aquel momento.

Sonada de adiós, compuesta durante el período parisino de Joaquín Rodrigo que abarca desde 1927 a 1939, nos habla de una etapa de sentimientos, de recuerdos y de inquietudes que el compositor plasma en estas páginas evocadoras que son un emotivo homenaje a su querido maestro. La primera edición de esta partitura salió en el suplemento de la Revue Musicale en el ejemplar de mayo-junio de 1936 en París. Posteriormente, vería la luz una segunda edición en 1966, realizada por Max Eschig.

Para comprender mejor esta obra debemos remontarnos a los días en los que Rodrigo se trasladó a París en 1927, donde decidió estudiar con el compositor Paul Dukas tras haber asistido a la representación de Ariana y Barba Azul. Según Nommick, fue Henry Collet, el musicólogo, la persona que dio la carta de presentación a Dukas, quien recibió a Rodrigo en su casa al igual que había hecho con Falla veinte años antes.1 El proceso culminó con el ingreso del compositor en la École Normale de Musique de París, en la que permaneció durante cinco cursos perfeccionándose como orquestador e impregnándose de todas las innovaciones musicales del momento.

Fue también a través de Dukas como Rodrigo conoció a Falla, a quien admiraba profundamente. Ambos mantendrían una estrecha relación epistolar como lo atestigua su correspondencia entre 1928 y 1938. Gracias a esta documentación sabemos que Falla ayudó a Rodrigo a conseguir la beca que le concedió la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para poder ampliar sus estudios en París. 2 Pero el apoyo de Falla no quedó ahí; la música de Rodrigo comenzó a escucharse en París cuando Falla incluyó con gran generosidad música de Rodrigo en el programa Una hora de música española organizado con motivo de la imposición a Falla de la prestigiosa “Cruz de Caballero de la Orden Nacional de la Legión de Honor” el 14 de mayo de 1928. La música de Joaquín Rodrigo fue rápidamente apreciada en París. Así, Dukas le escribió el 27 de mayo de 1928:

[…] me alegro mucho de los resultados que ha conseguido en París en tan pocos meses [...] debe usted su éxito al gran interés que a todos inspiran sus composiciones, más que a mi intercesión que no hubiera servido de nada si sus valiosos trabajos no la hubiesen respaldado. 3

En palabras de Gallego,4 con Dukas aprendió Rodrigo las sutilezas de la orquestación moderna entre otras cosas, puesto que tanto para ser admitido en su clase de la École Normale, como ya dentro de ella, Rodrigo contrastó con la agudísima crítica del maestro francés toda su obra valenciana anterior y todo lo que fue componiendo por entonces. Esto nos da un punto de referencia del alto nivel con que el compositor pasó todas las pruebas, pues Dukas no se cansaría de decir que, habiendo visto la llegada a París de muchos músicos españoles, era tal vez Rodrigo el más dotado de todos ellos.

En 1935, año de la muerte de Dukas, Rodrigo compuso tres nuevas canciones junto con Sonada de adiós, dedicada a su maestro desaparecido; desde su Serenata de 1931, el compositor no había vuelto a crear nada para piano hasta este año. Tras el fallecimiento de Dukas en París el 17 de mayo, el director de la prestigiosa Revue Musicale parisina, Henry Prumières, como había hecho antes con Debussy, pidió a nueve destacados compositores relacionados estrechamente con el maestro una obra musical breve “In memoriam” del gran músico francés, y así se publicaron, en el suplemento de dicha revista, con el título: Le tombeau de Paul Dukas,y con el subtítulo Neuf pièces inédites composées pour piano à la mémorie de Paul Dukas par Florent Schmitt, Manuel de Falla, Gabriel Pierné, Guy Ropartz, Joaquín Rodrigo, Julien Krein, Oliver Messiaen, Tony Aubin et Elsa Barraine.Magnífica ofrenda fue ésta, que reunió nueve emotivas páginas de otros tantos compositores, ilustres todos ellos en su tiempo, hoy ya no tanto algunos, pero de un valor musical extraordinario.

El número correspondiente a mayo-junio de 1936 llevó anexo dicho suplemento, que se agotó enseguida y que según Iglesias hoy día es imposible de hallar por parte alguna.5 A juzgar por el mismo autor, un error de edición suprimió el título de Sonada de adiós y el número correspondiente a Rodrigo figura simplemente como Hommage à Paul Dukas, cuando, en realidad, se trata del subtítulo que aclara la intención del compositor.

La piezafue compuesta durante su estancia de verano en Salzburgo, siendo estrenada en París en la Societé Nationale de Musique en 1936 por el pianista español Joaquín Nin-Culmell, alumno también de Paul Dukas en el Conservatorio parisino; el cuaderno completo se presentó en un emotivo acto de homenaje póstumo, al que asistieron la mayor parte de los compositores, entre los que se encontraba Joaquín Rodrigo.

Según señala Gallego, mientras que Falla, en su homenaje, parte de unas ideas del propio Dukas extraídas de su Sonata para piano, Rodrigo vuela con más libertad personal y mucho mayor lirismo sabiendo conjugar el neoclasicismo con un lenguaje contemporáneo impresionista dando un color diferente a lo acostumbrado en el maestro. No obstante, el verdadero germen de toda la composición, según afirma Iglesias, es un motivo que se intercala en la tercera reexposición, ya que reproduce un tema tomado de la ópera de Paul Dukas, Ariane et Barbe Bleue,el de las esposas prisioneras que fácilmente se puede ver como columna vertebral de la obra:

Ejemplo 1. Fragmento de la ópera Ariane et Barbe Bleue.

Tras defender la valía de la obra sinfónica de Dukas, Rodrigo se fijó en su ópera, hoy tan olvidada, y la propuso como un ejemplo para el futuro, ya que en la síntesis entre Wagner y Debussy había logrado su ideal como persona y como músico. Las propias palabras del compositor lo demuestran:

La busca tenaz, incesante, de la verdad, de la justicia, en la dulzura y en la firmeza; la declamación con la que se expresa, tan sobria, tan musical, es un puente tendido hacia un futuro del lirismo cuyas posibilidades y consecuencias no han sido explotadas y pueden alumbrar el difícil camino de la ópera actual.6

Podemos concluir señalando que con esta obra el compositor no solo recuerda a su maestro, sino que rompe una lanza en favor de su obra operística apostando por la renovación de un género que con Dukas, miraba hacia el futuro. Rodrigo muestra aquí todas estas inquietudes elaborando una partitura con un lenguaje impresionista de gran lirismo, que convive con el neoclasicismo al que tanto acudió para elaborar sus obras; una pieza en la que mixturas de acordes y armonías clásicas forman una simbiosis capaz de imprimir el carácter y la elegancia que posee. Sonada de adiós es el perfecto ejemplo en el que coexisten el recuerdo de ciertos aires españoles y el color impresionista de la época y la ciudad en la que se estaba formando el compositor. No cabe duda de que el maestro supo apreciar todas las innovaciones musicales de su época y mirar hacia el futuro con coherencia y lucidez a pesar de su preferencia por las formas clásicas y su posterior gusto por el neocasticismo como él mismo denominó. Siendo gran conocedor de las corrientes estéticas europeas contemporáneas como hemos podido comprobar, no abandonó su propio estilo, con el que continuamente afirmó su personalidad.

Otilia Fidalgo González

1 Nommick, Yvan: “Dukas, Falla y Rodrigo: evocación de una amistad” en, Javier Suárez Pajares (dir.): Centenario Joaquín Rodrigo: el hombre, el músico, el maestro, Madrid: Sinsentido, 2001, p. 34.

2 Carta de Falla a Dukas fechada en Granada el 5-XII-1934. Se conserva el borrador mecanografiado en el A.M.F de Granada.

3 Nommick, Yvan: “Paul Dukas, un nexo de unión entre Falla y Rodrigo”, La Opinión de Granada, 4/V/2006, p. 45.

4 Gallego, Antonio: El arte de Joaquín Rodrigo, Madrid: SGAE, 2003, p.61.

5 Iglesias, Antonio: Joaquín Rodrigo, su obra para piano, Madrid: Conservatorio de Música de orense, 1965, p. 114.

6 Gallego, Antonio: El arte…, p. 107.

 

Bibliografía

Gallego, Antonio: El arte de Joaquín Rodrigo, Madrid: SGAE, 2003.

Iglesias, Antonio: Joaquín Rodrigo, su obra para piano, Madrid: Conservatorio de Música de Orense, 1965.

Nommick, Yvan: “Dukas, Falla y Rodrigo: evocación de una amistad” en, Javier Suárez Pajares (dir.): Centenario Joaquín Rodrigo, el hombre, el músico, el maestro, Madrid: Sinsentido, 2001, pp. 33-37.

Nommick, Yvan: “Paul Dukas, un nexo de unión entre Falla y Rodrigo”, La Opinión de Granada, 4-5-2006, p. 45.

Moyano Zamora, Eduardo: Concierto de una vida. Memorias del maestro Rodrigo, Barcelona: Planeta, 1999.

Fotografía: bbc

     
     
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