Crítica
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Un lucero más en TaorminaEscúchalo en Spotify

Carmen en la gran pantalla

Carmen, George Bizet. Elena Maximova, Carmen; Giancarlo Monsalve, Don José; Valeria Sepe, Micaëla; Michael Bachtadze, Escamillo. Dir. musical: Myron Michailidis. Dir. Escena: Enrico Castiglione. Cuerpo de baile, Coro y Orquesta del Festival de Ópera de Taormina. Teatro de Taormina, 15 de julio de 2015. Retransmitida en directo a través de los cines Cinesa.

Llegan las olas de calor del verano y un plan más que suculento –para aquellos afortunados– es viajar a la península itálica y disfrutar de cualquiera de sus festivales de ópera estivales: Pesaro para los amantes de Rossini, Macerata para Verdi y los veristas, o Taormina para disfrutar de producciones de Carmen o Norma –entre otras– en la isla siciliana. Situado en un enclave idílico el Teatro Antico di Taormina es el segundo teatro griego más antiguo del país (siglo VII a. C.). La obra de Bizet se interpretó aquel miércoles para los espectadores de las gradas que contemplaron el Etna en el trasluz, y los de las butacas de cines Cinesa con aire acondicionado más que agradecido. Con Myron Michailidis al timón de la orquesta y Enrico Castiglione al de la escena y escenografía, se desarrolló una producción prácticamente italiana con grandes solistas.

El dúo Castiglione y Cammarata ha sido el encargado de caracterizar la escena íntegra en todas las producciones del festival. El vestuario, de corte tradicional, se conjugó con una escenografía simple basada en bloques móviles delante de las paredes del teatro griego que volvían aún más arcaico el ambiente sevillano. El cuerpo de baile y el coro se introdujeron bien en la escena caracterizados como gente por la plaza, mientras un coro de voces blancas cantó el famoso “Choeur des Gamins” de forma desequilibrada con respecto a la orquesta. La acústica de todos los componentes y la amplificación fue correcta a excepción de las partes corales en las que disminuía considerablemente la intensidad, no dejando cabida a la espectacularidad de Bizet en estos números. Un error que se podría haber subsanado con mayor número de micrófonos ambientales en escena.

Entre los protagonistas, Elena Maximova, encarnada en Carmen, destacó no tanto en la famosa habanera, “L’amour est un oiseau rebelle”, como en la “Séguidille et Duo” por su potencia, su facilidad para los pasajes ornamentados y la gracia emanada de su actuación realista. La gestualidad y el carácter chulesco en la interpretación actoral hacen remedar el estilo de Netrebko desde el papel de una mezzo. Con un gran fiato y una voz con cuerpo en el grave y soltura en el agudo fue merecedora de largos minutos de aplausos finales. En plano secundario estuvo Giancarlo Monsalve como Don José cuya voz a veces engolada e impostada distraía al público inmerso en el drama. Sin embargo, compensó su actuación por sus capacidades actorales y destacó en el lirismo de “La fleur que tu m’avais jetée”, dúo del Acto II. Escamillo, interpretado por Michael Bachtadze, fue muy aclamado, sobresaliendo expresamente en “Votre toast, je peux vous le rendre”. Valeria Sepe tiene una bella voz de soprano lírica aterciopelada; eso sí, se hacía necesario disfrutar de ella con los ojos cerrados –debido a la inexpresividad facial de la cantante– que transmitía toda la dulzura y fidelidad de Micaëla en el trazado melódico.

La orquesta brilló en el preludio, pero poco a poco perdió sonido y afinación, con grandes desajustes en la cuerda y unos metales algo despistados en cada entrada. La madera fue la sección conciliadora que salvó muchos pasajes. Parece ser común en algunos festivales italianos dada la intensa actividad del cuerpo instrumentista en cada producción.

La música de Bizet es mágica. Provoca todo aquello que soñaban los grandes compositores de ópera del siglo XIX: que sus melodías quedaran grabadas hasta el hastío en la memoria del público. Entre otras características, la calidad de esta ópera reside en la buena conjugación de las atractivas melodías de corte andaluz entretejidas con el ritmo y carácter francés y lirismo italiano. No es de extrañar la notoria celebridad que supuso en la recepción de la época, y que aún siga manteniendo los primeros puestos dentro de la programación de temporadas. En definitiva, queremos seguir viendo más luceros como Carmen entre las tinieblas de la noche estival siciliana.

María Elena Cuenca

Publicado en verano de 2015″ id=»mes» border=»none»/>

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