Homenaje a una joven coreógrafa

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Recordar a Virginia es recordar aquella oportunidad de verla actuar en la sala DT Espacio Escénico. Es recordar la sorpresa de conocer su entorno: todos los que la querían estaban allí, compartiendo con ella su magnífico trabajo. Su gran personalidad se podía palpar en el ambiente, en el que se respiraba una energía especial. El espectáculo constaba de dos partes, una primera en la que se proyectaron tres videodanzas: Lluny, Pereza y El Deseo, y una segunda parte en la que Virginia bailaba, junto con las videoproyecciones de Davinia Martínez, en directo, en aSolas.

En Lluny la danza grupal, lo primitivo, los instintos básicos, los seres de los primeros tiempos, saliendo de las rocas y de las entrañas de la tierra, el contacto de los cuerpos, el movimiento casi animal, contrasta con la individualidad, lo espiritual, con el movimiento contenido, pero a la vez tan sugerente. La impresionante imagen de la genial artista Rosa Guerro, madre de Virginia, parece irreal, integrada en el paisaje nos traslada a un mundo onírico de expresión en estado puro su figura, su presencia blanca, etérea, es de una fuerza evocadora. Como ella misma afirma:

La danza butoh es para mí una forma de arte transpersonal, me permite expresarme más allá de las fronteras de mi ego, con todo mi cuerpo, interpretar, danzar, fundir, desvanecer, una forma potente, permanente, de conectar con mis ancestros, una transmisión que va más allá del diálogo de las palabras y las formas, una tensión viva que no deja indiferente al espectador. Una experiencia que me llena y me lleva cada día a través del silencio hacia lo universal.1

Esa relación de los sentimientos internos con la naturaleza se refleja también en Pereza, en la que las blancas cumbres nevadas de los montes de León contrastan con la figura de la intérprete –la propia Virginia Caballero– aislada en medio de la inmensidad, que con sus movimientos transporta nuestro espíritu a otra dimensión, la del mundo interno, la del descubrimiento del propio cuerpo y sus sensaciones, enfrentándose al gélido mundo externo.

El Deseo, sin embargo, nos muestra una naturaleza urbana que agobia al individuo y le ata a una cultura de consumo que fomenta ese mundo de deseos como medio de evasión. La vorágine del tráfico, la prisa de la gente que va de un lado a otro, atrapan a la persona en una alienación de la que le cuesta escapar. En esta pieza se unen de forma magistral dos lenguajes complementarios: el movimiento corporal y la tecnología. La posibilidad del montaje de imágenes dota a la coreografía de un dinamismo muy interesante, y es utilizado como un recurso más de la composición. El movimiento adquiere elasticidad y ductilidad conforme a secuencias de movimiento que se repiten: van hacia delante, hacia atrás, integrando a los viandantes dentro de la escena, adquiriendo un protagonismo que ensalza el enfrentamiento entre colectividad e individualidad, entre anonimato y expresión del yo.

La colaboración tan estrecha entre las dos artistas, Virginia Caballero y Davinia Martínez (que crearon la compañía Malandanza en 2004), nos muestra la importancia de un género, el videodanza, en el que ambas disciplinas –la danza y los medios audiovisuales– se unen para crear nuevos lenguajes, nuevos caminos para la coreografía, bajo unos parámetros comunes de composición y de creación. Surge entre ellas una conexión profesional, tanto en la poética como en el concepto: a Davinia como artista audiovisual le atrae la danza, el movimiento, el cuerpo; y al mismo tiempo Virginia ve en la utilización del vídeo un medio para materializar un arte tan efímero como es la danza e integrarlo como un recurso más para la creación.

En su pieza aSolas la danza y los medios audiovisuales forman un todo en el escenario. A menudo la imagen del cuerpo en movimiento se integra en la propia imagen proyectada, interactuando con ésta; y la música, muy bien escogida, actúa junto a los demás elementos dentro de un mismo concepto artístico y expresivo. Es una reflexión sobre la soledad del individuo dentro de la gran ciudad, que a pesar de estar rodeado de personas, son personas que juzgan y critican. Habla por tanto de los sentimientos internos, de la añoranza de las personas queridas.

La noche del 17 de abril se apagó una luz, de forma inesperada, repentina, a solas. Con ella se va una joven promesa, enseñándonos a los que nos quedamos la más importante premisa: la levedad del ser, la importancia de la danza como arte capaz de transmitir lo efímero de nuestro paso por el mundo. Gracias Virginia por mostrarnos la única verdad del arte y de la vida.

Ana Rodrigo de la Casa

1 Compañía Danzapapel – Espectáculos, en Rosa Guerro. Compañía Danzapapel, consultado el 23 de abril de 2012

Foto tomada de Danza Contemporánea - Maladanza

     
     
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