El oído del músico

El oído del músico

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De la ira

Nuria Ruiz de Viñaspre

MY HUCKLEBERRY FRIEND...
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Orquesta Pelota

LA FORMA DE LA BOCA
Perder canciones

Hugo Milhanas Machado

Nuestro instrumento más valioso como músicos es el oído, sin embargo, es el que menos cuidamos. Muchos de nosotros nos preocupamos por proteger nuestras manos o preservar nuestra voz –en el caso de los cantantes–, pero ¿cuántos prestamos atención al cuidado de los oídos? Paradójicamente, es el gran olvidado entre los músicos, a pesar de que es nuestro principal medio de vida.

¿Quién no ha sentido el agotamiento auditivo después de largas jornadas de ensayo en orquesta? Al fin y al cabo, los oídos están formados por músculos que también se cansan, igual que se agotan los músculos de los brazos, el cuello o la espalda si pasamos demasiadas horas practicando con nuestros instrumentos. Probablemente, durante nuestras continuas jornadas de estudio nos marcamos descansos físicos o mentales cuando nuestro cuerpo o nuestra mente necesitan reposar, pero nunca pensamos que, tal vez, nuestros oídos también necesitan tomarse un respiro.

Los músicos nos encontramos entre las diez profesiones más peligrosas para los oídos, por detrás del personal de los aeropuertos, los pilotos de Fórmula 1, los mineros, los obreros de la construcción y los carpinteros.1 Aunque el trabajo como músico no sea el de mayor exposición al “ruido” si lo comparamos con un empleado de aeropuerto, es verdad que no existe entre nosotros una conciencia general sobre los daños que puede provocar en nuestra audición. En la instrucción de un empleado que deberá enfrentarse todos los días a intensidades sonoras superiores a 80 dB –como es el caso de los músicos–2 se incluyen las medidas preventivas, cosa que no ocurre con los integrantes de una orquesta. Y eso que durante los ensayos grupales nuestros oídos tienen que soportar intensidades sonoras que oscilan desde los 71 dB hasta los 110 dB e incluso en numerosas ocasiones rozan el llamado umbral del dolor, situado en 120 dB. De hecho, los instrumentos de viento metal y el flautín son los más peligrosos por su elevada intensidad y frecuencia sonora, respectivamente. En la percusión el riesgo se multiplica debido a que los sonidos son tan repentinos que impiden al oído protegerse.

Según datos publicados por la Organización Mundial de la Salud, una exposición sonora superior al límite aconsejado puede provocar daños irreversibles en nuestros oídos si se prolonga durante más de ocho horas diarias.3 Ahora bien, a medida que la intensidad del sonido aumenta, la tolerancia permitida para nuestros oídos disminuye.4 Según estos datos, un ensayo grupal en el que los niveles de presión sonora superan los 100 dB no se debería prolongar durante más de los quince minutos recomendados si no queremos que nuestra audición se vea perjudicada.

La pérdida auditiva en estos casos se debe al deterioro de unos filamentos diminutos situados en el oído interno –conocidos técnicamente como cilios sensoriales– que son los responsables de transformar las ondas sonoras en señales neurológicas.5 Con el paso del tiempo, los cilios pueden sufrir daños irreparables6 que, en el caso de los músicos, son mucho más probables a causa de las fuertes intensidades sonoras a las que estamos expuestos.7   

Desgraciadamente, el audiólogo Sargunam Sivaraj8 afirma en un estudio que más del 60 % de los músicos de orquesta entre los 27 y los 66 años tienen problemas de audición, también el 22 % de los músicos con edades comprendidas entre los 18 y los 38 años, y lo que es más preocupante, el 16 % de los niños con edades de entre los 8 y los 12 años. Las pérdidas auditivas son, por tanto, más frecuentes entre los músicos –en torno al 43 %– que entre los no músicos –cerca del 24 %–.9

En la formación de un músico ni siquiera se contemplan temas relacionados con los problemas auditivos, a pesar de que estamos sometidos continuamente a niveles que superan los 85 dB recomendados en situación laboral –el margen considerado dañino para nuestro oído–. El principal problema es que no somos conscientes de los daños irreversibles que estos hechos pueden provocar en nuestros oídos y, lo más preocupante, es que nadie nos ha (in)formado sobre ello. Por tanto, la medida preventiva más urgente es la mayor concienciación entre los músicos sobre el daño auditivo al que estamos expuestos y sus posibles soluciones antes de que sea demasiado tarde. Los cuidados de nuestros oídos y las revisiones de los especialistas se convierten en imprescindibles si queremos preservar nuestra audición. No someterlos a ruidos intensos y evitar escuchar música en los cascos con intensidades elevadas se pueden sumar al uso de tapones o pantallas protectoras durante los ensayos, de uso obligado en otros países europeos como Londres o Alemania10 pero que todavía no están bien vistos en España.

En definitiva, después de estos datos tan amenazantes para los oídos de los músicos, os animo a buscar y disfrutar del silencio, a pesar de que John Cage afirmó que “el silencio no existe, ya que siempre está ocurriendo algo que produce sonido”.11 Estoy segura de que nuestros oídos nos lo agradecerán en el futuro si empezamos a cuidarlos desde hoy mismo.

Noelia Lorenta Monzón

1 Fligor, Brian. “Noise Induced Hearing Loss” [en línea], Betther Hearing Institute. Consultado el 28 de abril de 2018 http://www.betterhearing.org/hearingpedia/hearing-loss-prevention/noise-induced-hearing-loss

2 Almodóvar, Antonia; Galiana, Mª Luz; Hervás, Pilar; García, Julia. Protejamos el oído musical en las orquestas sinfónicas. Madrid, Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), Ministerio de Higiene y Seguridad Social, Gobierno de España, 2014, p. 14.

3 Existen estudios que confirman que la exposición a niveles sonoros superiores a 85 dB durante más de 20 horas semanales a lo largo de 40 años causa hipoacusia hasta en un 26 % de los casos. En Pawlaczyk-Luszczynska, Małgorzata. “Evaluation of sound exposure and risk of hearing impairment in orchestral musicians” [en línea], International Journal of Occupational Safety Ergonomics. Consultado el 16 de abril de 2018 http://archiwum.ciop.pl/44787

4 La Organización Mundial de la Salud desaconseja escuchar el motor de una moto –95 dB– durante más de 47 minutos, la bocina de un coche –100 dB– durante más de 15 minutos, o un reproductor mp3 a todo volumen –105 dB– durante más de 4 minutos.

5 Artime, Miguel. “Pelos modificados con ingeniería genética para mejorar el oído humano” [en línea], Naukas. 28 de agosto de 2008. Consultado el 28 de abril de abril de 2018  http://maikelnai.naukas.com/2008/08/28/pelos-modificados-con-ingenieria-genetica-para-mejorar-el-oido-humano/

6 Aunque estos daños son irreparables a día de hoy, desde el Hospital del Ojo y el Oído de Massachusetts y la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Cambridge, se está trabajando en la posible regeneración de las células ciliadas dañadas. En “Posible tratamiento farmacológico para regenerar las células ciliadas del oído interno” [en línea], Amazings: Noticias de la Ciencia y la Tecnología. 24 de febrero de 2017. Consultado el 28 de abril de 2018 http://noticiasdelaciencia.com/not/23182/posible-tratamiento-farmacologico-para-regenerar-las-celulas-ciliadas-del-oido-interno/

7 “Pérdida de audición inducida por el ruido” [en línea], National Institute of Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD). Marzo de 2014. Consultado el 28 de abril de 2018https://www.nidcd.nih.gov/es/espanol/perdida-de-audicion-inducida-por-el-ruido

8 Sivaraj, Sargunam. Hearing in Various Age Groups of Orchestral Musicians and Progression of Hearing Loss With Increased Number of Years of Music Exposure. New Zealand, Massey University, 2011, p. 4.

9 Almodóvar, Antonia; Galiana, Mª Luz; Hervás, Pilar; García, Julia. Protejamos el oído musical en las orquestas sinfónicas…, p. 17.

10 La Royal Opera House de Londres fue la primera sala de conciertos en facilitar a sus músicos todos los medios necesarios para la protección de sus oídos mediante el uso de tapones electrónicos, pantallas protectoras y un equipo técnico a su servicio para medir las frecuencias sonoras durante sus funciones. Este punto de inflexión se debió a que el viola Chris Goldscheider se vio obligado a abandonar su carrera como instrumentista en 2012 tras sufrir daños severos en sus oídos mientras interpretaba, en esa misma sala, la ópera La Valquiria de Richard Wagner. En “Un músico gana una demanda a la Ópera de Londres por dejarle sordo” [en línea], El Español. 29 de marzo de 2018. Consultado el 28 de abril de 2018https://www.elespanol.com/cultura/musica/20180329/musico-gana-demanda-opera-londres-dejarle-sordo/295720801_0.html

11 Schafer, Murray. El nuevo paisaje sonoro: Un manual para el maestro de música moderno. Buenos Aires, Ricordi, 1969, p. 22.

Ilustración: Yunus Öner Genç, Instagram: @yunusonergenc.

     
     
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