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Temporada 2012/2013 Ciclo III Concierto 8 de Diálogos de la ONE. Obras de Bach, Beethoven, Hindemith y Liszt. Javier Perianes, piano. Orquesta Nacional de España. Dir.: Rafael Frühbeck de Burgos. Auditorio Nacional. Madrid, 13 de enero del 2013.

Difícil ha sido esta vez intentar dilucidar quién fue el protagonista del concierto que aquí les presento. ¿Compositores, solista, director u orquesta? Por otro lado, ha sido muy comentado en Madrid “lo ecléctico” del programa con el que la ONE inauguraba su 2013. Si se observan las obras a primera vista, puede que sí nos produzcan un choque, pero en mi opinión esa elección fue trazada con fina inteligencia. Regalos así no se ven todos los días. Las piezas se aunaban bajo la excusa “diálogos”, y yo les pregunto ¿entre quién? En las notas al programa, el crítico Enrique Martínez Miura, nos lo explicaba muy bien. Quien las haya podido leer ya habrá trazado la línea, pero yo eso no se lo cuento, para que cada uno de ustedes trace y cree su propio discurso, que puede coincidir con el de Miura o no. Este es uno de los aspectos interesantes y que enriquecen el concierto de ese día, así que les invito a que encuentre cada uno la historia de los diálogos que se establecen.

La primera obra tocada fue la bella y colorida orquestación de Stokowski sobre el coral de J. S. Bach Despertad, la voz nos llama.El resultado bajo la dirección del maestro Rafael Frühbeck de Burgos fue una pieza de gran majestuosidad y de carácter solemne conseguido a través de un tempo ligeramente más lento al acostumbrado en otras interpretaciones, lo que le otorgó una sensación algo pesante. No obstante, el público asistente quedó muy complacido con la versión ofrecida, aunque en mi opinión habría ganado mucho con un pulso más agilizado.

Después de esta obra, llegó sin duda el momento más esperado por los asistentes al auditorio, entre los que se encontraban jóvenes pianistas bien con su carrera terminada, bien en plenos estudios. Y no era para menos, ya que el solista al que esperábamos escuchar era Javier Perianes, Premio Nacional de Música del pasado 2012. El concierto regalado, porque créanme que fue un regalo, fue el Op. 16 nº 1 de Beethoven, compuesto cronológicamente después del que conocemos como nº 2, ambos publicados en 1801. Por sus características musicales y orquestales, entre otras una plantilla orquestal reducida en comparación con conciertos posteriores, o líneas melódicas transparentes y líricas, se le piensa mozartiano, aunque naturalmente ya se aprecian en él claros pasajes que sólo el genio de Bonn podía haber compuesto. En un marco general, la interpretación brindada descansó en aras de una lectura reposada y limpia. Perianes definió un estilo propio, con pequeños momentos de recreación en los puntos culminantes. Aunque ya les hablé de la herencia mozartiana del concierto, esta versión caminó por veredas más cercanas al romanticismo, constatado por ejemplo en los picados, que no fueron pronunciados, o en un uso más continuado del pedal, eso sí, de manera calculada, perfecta y no excesiva. Para el final del primer movimiento el pianista eligió la segunda cadencia que Beethoven escribiera para este concierto y que se caracteriza especialmente por su brevedad. En este punto, me gustaría ofrecerles dos versiones: la de Glenn Gould, cuya cadencia es un artificio de imaginación polifónica del propio Gould, y la de Artur Rubinstein, que optó por la larguísima tercera cadencia de Beethoven. Para finalizar con este apartado pianístico quiero destacar el fraseo de Perianes, quien en el segundo movimiento demostró ese don con el que hizo cantar al piano y que no todo el mundo posee. El éxito de este momento pudo lograrse también a la mano del maestro, quien en el descanso declaró para la retransmisión en directo de radio clásica que no es difícil acompañar a quien es músico de verdad, y que cuando se es músico existe esa intuición y comunicación que anticipa y hace saber lo que musicalmente va a pasar después. Con medio auditorio en pie, y otro medio en ovaciones, Perianes nos propinó con el tercer movimiento de la Suite Bergamasque de Claude Debussy. Fue esta una versión muy viva y rica en matices, sin ápice de mecanicismo y muy personal. La delicadeza y cuidado de los sonidos que Perianes sacó del piano cortó hasta la respiración de un público que no quiso romper la magia del aire debussiniano, aunque un tempo algo menos agitado nos hubiese hecho disfrutar más del volado placer.

Así llegamos a la segunda parte del concierto. Las obras fueron el Concierto para metales y cuerda Op. 50 de Paul Hindemith y el poema sinfónico los Preludios de Franz Liszt. En la primera, Frühbeck de Burgos demostró su maestría sacando todo lo mejor de la ONE, ya que es una obra de amplias exigencias y requiere una orquesta muy virtuosa. Además nuestro director mantiene una relación especial con la pieza, entre otras razones la estudió con un discípulo del propio Hindemith. Pero definitivamente nuestros músicos se sintieron más cómodos en el poema sinfónico de Liszt. Esto lo afirmo porque en ciertos momentos las dinámicas del concierto del contemporáneo quedaron un poco planas, lo que a veces no hizo distinguir bien las voces principales; y el tempo, al igual que en el coral orquestado de Bach, también se hizo algo lento. ¿Casualidad? No creo, pero recuerden que les hablaba al principio de los diálogos… Y este concierto tiene una sección fugada que obligadamente nos lleva a mirar al gran genio de este arte…

Ya para finalizar, termino con Los Preludios de Liszt de los que sólo destacaré el gran toque marcial de la última sección (aún resuenan con gran fuerza esos platillos en mi cabeza). Obra ésta en un solo movimiento de cuatro secciones, creada a partir de un único motivo en forma de la gran pregunta transcendental: ¿Beethoven? Parece un juego de relaciones, aunque prefiero pensar (perdonen mi arrogancia) casi segura de no errar, que más que de juego, tratamos del entendimiento que existe entre Los Músicos, como ya dijo De Burgos en este concierto, aunque en su caso se refiriese a la interpretación. Y ahora, si me permiten, les dejo con un fragmento de las “Meditaciones poéticas” de Lamartine en los que se sustenta la música con la que cerró el concierto, ¿diálogo cruzado con el coral de Bach que abría la sesión y que invitaba al despertar? Eso ya lo dejo a su elección. “¿Qué es la vida sino una serie de preludios a ese canto desconocido cuya solemne nota inicial es entonada por la muerte? […]”

Mª Cristina Ávila Martín

Fotografía: Jaime Alonso.

     
     
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