La ópera debe parar el mundo… o al menos a cada uno de nosotros

La bohème en La Scala

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La bohème, G. Puccini. Anna Netrebko, Piotr Beczala, Massimo Cavalletti, Marco Spotti, Ellie Dehn... Dir.: Daniele Rustioni. Escena y decorados: Franco Zeffirelli. La Scala de Milán, 22 de octubre de 2012.

El mundo se ha parado y parece que todo se repite. En esta época en que Apple se empeña en que cambiemos cada año esa cosa que muchos llaman “tableta” (como la de chocolate), vamos a La Scala y vemos una de las obras más populares del repertorio: La bohème una ópera vista y re-vista. Más de cien años pasando por todos los teatros de ópera del mundo. En La Scala también. El teatro milanés mantiene, para bien y para mal, la misma estructura que en la época de Verdi. La estructura social con sus rígidos (y a veces insufribles) palcos y también la estructura musical con su mundo de divos y puestas en escena tradicionales. Pero es que La Scala será siempre, insisto para bien y para mal, el símbolo de lo que es y ha sido la ópera.

Pero además la producción que se nos ofrece de La bohème es la de Zeffirelli, que lleva casi cincuenta años recorriendo los más afamados teatros de ópera del mundo. Y uno se pregunta por qué se mantiene en este momento de propuestas más atrevidas y originales como la que se pudo ver con estos mismos intérpretes en Salzburgo este verano. Zeffirelli se empeña en seguir haciéndonos la ópera bonita y clara: su buhardilla destartalada, una bulliciosa calle de Montmatre (con un logrado doble plano para no mezclar los grupos de intérpretes), una puerta en las afueras parisinas con su nieve… Vamos literalmente todo lo que pone el libreto. ¿Por qué cambiarlo?

Y como buena ópera en La Scala se nos ofrece además con intérpretes inmejorables. Ni más ni menos que Anna Netrebko, una de las divas del momento. La soprano rusa nos muestra toda su carnosidad sonora, su voz robusta y compacta que nos aplasta con su intensa línea de canto. Lógicamente con esas dotes su Mimí resulta a veces poco creíble como en su poca ingenua presentación, aunque cuando viene el deshielo es todo fuego y pasión. Y eso es lo esencial del personaje, no la ingenua modistilla sino la pasión que tiene en su interior. Su compañero es el aplaudido tenor polaco Piotr Beczala, un buen lírico de voz no muy ancha aunque hermosa y bien controlada. Un magnífico cantante y también actor que construye su personaje en la poesía de su voz.

Parece que todo se repite: gran teatro, buena orquesta y director (que no lo he dicho), divos con fama más que justificada, una producción clásica y repetida. Entonces, ¿por qué vamos a la ópera? ¿para ver lo ya visto? ¿Por qué nos empeñamos en oír La bohème una vez más? La respuesta está en la música de Puccini, seductora y genial. Que nadie se olvide: todo parte de una partitura de hábil dramaturgia y seductora musicalidad. Pero eso no hace falta recordarlo. Todos nos damos cuenta de cuándo sentimos un nudo en la garganta y se nos caen las lágrimas, en sentido figurado o literal. Y esa es la magia de esta ópera, que siempre nos emociona. Y emociona mucho. ¿Para qué necesitamos más?

Falso questo Re!

Foto procedente de: Ken Howard, Metropolitan Opera

     
     
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