Escúchalo aquíEscúchalo aquíGuitarra galega:
impresiones y paisajes policromados

Samuel Diz reflexiona sobre lo universal y lo nacional de la Generación del 27

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Ciclo de Conciertos de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Juan March “Música en domingo & Conciertos de medio día”. Suite compostelana, de Federico Mompou; Atardecer, de Juan José Mantecón; Invernal, de Fernando Buide del Real; Pastoral, de Jesús Bal y Gay; Nocturnal, de Fernando Buide del Real; Canciones populares españolas, de Federico García Lorca. Samuel Diz, guitarra. Concierto celebrado en la Fundación Juan March, 6 de marzo de 2016 (“Música en Domingo”) y 7 de marzo de 2016 (“Conciertos de Mediodía”).

Todos los que alguna vez hemos paseado por los alrededores de la catedral de Tui –provincia de Pontevedra– sabemos que se trata de un lugar que invita al recogimiento y a la meditación. Sin duda, lo mismo debe pensar el guitarrista que hoy nos ocupa, Samuel Diz (1986), natural de esta villa del sur de Galicia, quien nos ha regalado ya dos trabajos discográficos en los que se aprecia un profundo proceso de reflexión: Guitarra clásica galega (Ouvirmos, 2012) e Impresiones y Paisajes. Como el primer libro de Lorca (Poliédrica, 2015). En el primero, el intérprete se adentra en el papel que su instrumento ha jugado y juega en su propia región, elaborando de esta forma –según él mismo dice– “un canto a la guitarra gallega que inexplicablemente no había sido formulado hasta este momento”. El segundo, con un enfoque más musicológico, se centra en la guitarra de la Generación del 27 para construir “un crisol de composiciones que toman a Federico García Lorca como punto de encuentro de lo popular y lo erudito”, lo que hace que revivamos de forma irremediable –¡y con qué placer!– la fusión entre lo nacional y lo universal tan característica de aquella generación.

Se trata de dos títulos muy sugerentes, que, como proponemos en el juego de palabras hecho con ellos para titular estas líneas, vienen cargados de una amplia paleta de colores que no dejará a nadie indiferente. Esos colores fueron los que la mañana del pasado domingo día 6 pintaron las paredes del auditorio –y también los oídos del público– de la Fundación Juan March en un concierto en el que este músico gallego nos ofreció una muestra de los dos discos que acabamos de mencionar.

Para romper el hielo, toda una declaración de intenciones hacia Galicia: la Suite compostelana del compositor catalán Federico Mompou (1893-1987), escrita en 1962 durante el tiempo en que ejercía como profesor en el curso “Música en Compostela”, auténtico muestrario internacional de la música española que impulsaba el gran guitarrista Andrés Segovia. Se trata de una obra de madurez dividida en seis movimientos cortos que conjuga de forma limpia y clara elementos impresionistas, neoclásicos y folclóricos; y en donde destaca, por encima de todo, el uso que su autor hace en el movimiento final de la conocida Muiñeira de Lugo: escapando de la mera cita folclórica y utilizando procedimientos compositivos complejos, consigue mantener la esencia del tema en un acto sublime de folclorismo académico. Samuel Diz –que incluye esta obra en su primer disco– es capaz de comprender este tipo de prácticas, que se prestan al juego de sonoridades y le proporcionan la oportunidad de experimentar con los colores de su guitarra, una constante en todo el concierto y un auténtico rasgo de identidad del músico presente en todo su trabajo.

“Si un catalán se inspiró en Galicia, un gallego –Juan José Mantecón (1895-1946)– se inspiró en Andalucía”. Con estas palabras presenta Samuel Diz la segunda obra del concierto, Atardecer (1930), del músico de origen vigués que acabamos de nombrar. En la composición Mantecón muestra su compromiso con las raíces musicales españolas a las que imprime rasgos impresionistas, una influencia muy potente en este perfil de compositores. Realmente es una versión para piano de su pieza Danza del atardecer, versión de la que solamente existía un boceto que el músico había preparado para Regino Sainz de la Maza. Se trata por lo tanto de una recuperación inédita que Samuel Diz elabora para su segundo disco siguiendo sus propios criterios para ofrecer al público una versión personal, de variadas impresiones e idiomática para su instrumento. A pesar del contenido andalucista que se aprecia en la obra, no resulta difícil –en ocasiones– mirar hacia al norte, y es que quizás Mantecón, nostálgico, tuviera presente en su mente algún atardecer en la ría de su ciudad natal, algo en lo que es posible que haya pensado también el guitarrista.

Sin abandonar Galicia, sin duda el eje temático del concierto, nos trasladamos ahora a su presente con dos obras de Fernando Buide del Real (1980). No es la primera vez que hablamos de este músico santiagués que –le pese a quien le pese– es el compositor gallego con mayor proyección internacional del panorama actual y uno de los más talentosos y versátiles de nuestro país. Buide aporta dos composiciones, una para cada disco de nuestro artista: Invernal, incluida en Impresiones y paisajes, es una paráfrasis del sonido del carrillón de la torre Harkness de New Haven, ciudad estadounidense que acoge la Universidad de Yale, donde se formó el compositor. Su título no es arbitrario, ya que es una música tremendamente evocadora y capaz de trasladar al público al refugio de sus casas en una tarde cerrada de invierno, de esas que solo el calor del fuego puede hacer más llevadera. En este caso, el fuego es la sonoridad de Buide y los colores de la guitarra de Samuel y el refugio el auditorio de la Fundación Juan March, que durante unos minutos nos mantuvo a todos a salvo. Por otro lado, Nocturnal, presente en Guitarra clásica galega, utiliza como elementos generacionales materiales de una composición de Jesús Bal y Gay pero tratados –según las palabras del propio Buide– “desde la introspección y la improvisación”.

Precisamente, no podía ser de otro modo, la segunda obra de Fernando Buide vino precedida en el concierto –y también en el primer disco de Samuel– de su elemento inspirador, Pastoral, de Jesús Bal y Gay (1905-1903), compositor de origen lucense que desarrolló una importante labor en torno a la Residencia de Estudiantes de Madrid –epicentro de las corrientes ideológicas del 27–, y vinculado también al Seminario de Estudos Galegos, una institución con tintes galleguistas que seguía las líneas de la Institución Libre de Enseñanza. Pastoral (1933) presenta un estilo firme y bien definido que –empleando aquí el programa de mano que se nos proporcionó en el concierto– “encierra un homenaje a Mozart y Bach en un envoltorio popular”. Como vemos, siempre nos encontramos de alguna forma con la dicotomía universal/nacional, el otro gran rasgo identitario presente en el concierto y en los discos de Samuel Diz.

Para finalizar el programa, el artista nos ofrece una adaptación de cinco de las Nueve canciones populares que Federico García Lorca (1898-1936) ­–cuyo primer libro titula el disco en el que vienen incluidas– arregló para voz y piano a partir de antiguas melodías españolas. Se aprecia aquí una aparente ruptura con el hilo conductor gallego, mas, como decimos, es tan solo aparente pues tal como informan las notas “sirva su conexión histórica con la Residencia de Estudiantes, su deuda con la tradición popular y el centenario de su primer viaje a Galicia para cerrar este programa”. Después de los merecidos aplausos, y a modo de bis, tuvimos la oportunidad de escuchar una más de las joyas que se incluyen en su segundo disco, la pavana Lía (Heraldos) de Salvador Bacarisse (1898-1963), otra recuperación inédita que hace que Samuel Diz ocupe ya un lugar destacado en el campo de la revitalización del repertorio guitarrístico de la Generación del 27.

Un repertorio de tal calidad merece una interpretación a la altura de las circunstancias, y en este sentido Samuel Diz no defrauda. Delante de un auditorio lleno, el músico hizo alarde de una gran flexibilidad musical, en donde los pianísimos de su guitarra, reducidos a la mínima expresión, captaron la atención del público desde el primer momento. Todo ello es el reflejo de un rico mundo interior que el músico es capaz de transmitir con su instrumento, mostrando además un profundo respeto por los compositores que escribieron la música que interpreta. Hemos de destacar también su sensibilidad a la hora de recrear los ambientes que forman parte de su imaginarium, en los cuales el contraste dinámico es un elemento sumamente cuidado, al igual que la creación de atmósferas sugerentes por medio del juego sonoro, al que le concede una gran importancia. Solamente así es capaz de ofrecer unas impresiones y paisajes –como el primer libro de Lorca– tan policromadas. Por ello, no debemos vacilar en reiterar el variado colorido de su interpretación, ni tampoco el trabajo de reflexión que se requiere para clarificar y hacer inteligible un repertorio complejo y en algunos casos experimental. A todo ello hemos de sumarle la cercanía, pues Samuel Diz habla y se comunica con el público, alternando las obras musicales con comentarios y presentaciones sobre las mismas –también experiencias vitales, algunas muy emotivas–; algo de agradecer, pues contribuye a que el público se sumerja todavía más en el universo de la Generación del 27.

David Ferreiro Carballo

Fotografía: Xosé Durán.

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