Rememorando la trova

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Jorge Drexler. Salvavidas de hielo. 22/09/2017.

Hay artistas a los que el paso de los años –como ocurre con el buen vino– les regala una mayor madurez y hondura creativa. Es el caso del músico uruguayo Jorge Drexler afincado en España, que acaba de presentar Salvavidas de hielo, su decimotercer trabajo discográfico, grabado a caballo entre Ciudad de México y Madrid.

En este nuevo trabajo –algunas de cuyas canciones el autor ha ido presentando a través de Facebook e Instagram Live– encontramos al Drexler cancionista, como él mismo se autodenomina, donde la guitarra, que explota esta vez todo su potencial técnico, adentra al oyente en un universo sonoro que invita a explorar la belleza de lo sencillo, lo cotidiano, sin excesos de ruidos; donde el límite, lejos de suponer una barrera, posibilita la experiencia de la liberación, rescatando el pensamiento de Ígor Stravinsky. Para su título el autor se recrea en dos imágenes: el salvavidas y el hielo, la contraposición del mantenerse a flote con la idea de lo efímero.

Compuesto por once temas, Salvavidas de hielo nos adentra en un apasionante recorrido donde al oyente se le descubre una más que interesante multitud de matices, un nuevo prisma desde el que ver lo cotidiano con “ojos de águila”: el valor de la universalidad en la conformación de la propia identidad (“Movimiento”); el elogio de lo aparentemente intrascendente en la actual sociedad de las telecomunicaciones (“Telefonía”); un alegato a favor del silencio exterior e interior (“Silencio”); la estima por aquellos que marcaron el camino (“Pongamos que hablo de Martínez”); el valor del tiempo (“Estalactitas”); la sed de amor (“Asilo”); el poder emocional de la canción y la poesía (“Abracadabras”); el señorío del mandato (“Mandato”); la sana convivencia con lo efímero (“Despedir a los glaciares”); la incorporación de las experiencias vitales (“Quimera”) y el amor que mantiene a flote (“Salvavidas de hielo”). “Pongamos que hablo de Martínez”, un discreto pero sentido y sincero homenaje al reconocido cantautor de la voz ronca, refleja que la trova –ese género que tan bellamente aúna el contar y el cantar– sigue viva hoy a través de artistas como Joaquín Sabina, un alma mater que supo descubrir en Drexler el diamante en bruto para este género que hunde sus raíces en el Medievo.

El nuevo trabajo de Jorge no deja tampoco indiferente a nivel musical. Si bien la guitarra y lo electrónico son la base del mismo, el resultado sonoro –aun con la presencia ineludible de la madera– sorprende por sus sutiles e interesantes matices, no sólo armónicos –a los que Drexler ya nos tiene acostumbrados– sino y sobre todo, percusivos, explotando el amplio abanico de posibilidades del popular cordófono de seis cuerdas. Por otro lado, las colaboraciones femeninas de las cantantes mexicanas Julieta Venegas, Natalia Lafourcade y la chilena Mon Laferte, así como la incorporación de unos muy bien logrados coros en “Telefonía”, aportan una sustanciosa riqueza tímbrica y delicada interpretación a las composiciones del autor, quien nos va llevando desde una ranchera con base de milonga (en “Asilo” con Laferte), pasando por una bossa nova (en “Abracadabra” con Venegas) hasta una balada (en “Salvavidas de hielo” con Lafourcade). Todo ello sin dejar de lado otros estilos como el pop, la rumba y sonoridades caribeñas.

La gira Salvavidas de hielo comenzó el pasado cuatro de octubre en Montevideo, recorriendo diferentes países latinoamericanos. En breve, hará escala en España para continuar después a Estados Unidos, América del Norte y América del Sur de nuevo.

Sin duda, una delicia para los amantes de las seis cuerdas, las voces cálidas y la fina poesía. Y un solo ingrediente que, como dijera León Gieco, no puede faltar en toda buena canción: alma, mucha alma. Aquí se cumple y con creces, con una creatividad que desborda a raudales.

Enrique Mejías

     
     
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