La vida de Beethoven en el cine

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Ludwig van Beethoven es, probablemente, el más célebre compositor del período romántico. El mito creado en torno a su figura constituyó durante mucho tiempo un poderoso símbolo del nacionalismo alemán; y aún hoy ejemplifica el ideal de genio romántico. Su pervivencia en la cultura de nuestros días es innegable, como lo demuestra el hecho de que sus obras sean frecuentemente empleadas en el teatro, en los documentales –sobre todo, los históricos– y en numerosas películas actuales: desde El pianista (2002) hasta El discurso del rey (2010).

Pero hay un aspecto apenas esbozado en la literatura reciente y que es el objeto de este  artículo: su vida ha sido también fuente de inspiración para numerosos filmes. Y si bien este acercamiento no ha sido siempre rigurosamente histórico, su reiterada aparición en los argumentos de las películas pone de relieve la fascinación que ha ejercido sobre los creadores del séptimo arte. Lo más interesante es que, formando todas ellas parte de una misma historia, cada una ha subrayado un determinado aspecto. Y, así, el conjunto actúa como una suerte de caleidoscopio, un precioso artefacto cultural que nos permite disfrutar con los distintos perfiles de un mito fílmico. Un mito que ha evolucionado con la propia historia del cine.

 

Beethoven, un genio irascible

Desde los orígenes del cinematógrafo, la vida del compositor alemán atrajo la atención de los cineastas. Habían transcurrido 82 años desde su muerte, cuando en 1909 el director francés Victorin-Hippolyte Jasse dirigió una película corta (12 minutos) titulada Beethoven, que fue protagonizada por Harry Baur. Sólo tres años más tarde, y también en Francia, se estrenan dos cortometrajes sobre su vida realizados por la famosa productora de León Gaumont: Beethoven (estrenada no en Francia, sino en Estados Unidos), y La gloria y el dolor de Ludwig van Beethoven, dirigida por Georges-André Lacroix. Todavía en la época del cine mudo, nos encontramos con una producción austriaca: Das Leben des Beethoven (La vida de Beethoven, 1927) de Hans Otto. Todas estas cintas se caracterizan por su brevedad (10-30 minutos) y por la imagen que transmiten del compositor. Todas ellas son deudoras de la idea romántica del genio; y, en consecuencia, nos presentan a Beethoven como un músico inspirado, capaz de crear obras sublimes, y a la vez, un hombre temperamental, agitado por frecuentes estallidos de ira.

Muy pronto los argumentos cinematográficos se interesaron también por las relaciones de Beethoven con otros músicos de su época; muy especialmente, con Franz Schubert. Es conocida la profunda admiración de Schubert hacia Beethoven y la impronta de esta influencia en algunas de sus obras. A pesar de ello, la coincidencia en Viena de estos dos grandes compositores no parece haber sido suficiente para establecer entre ellos estrechos lazos de amistad personal. Sus diferentes círculos sociales y la escasez de evidencias sobre sus encuentros apuntan hacia un contacto esporádico, más que frecuente. Con todo, esta relación dio pie a un filme de cierta extensión e importancia: El último amor de Franz Schubert (Alfred Deutsch-German, 1926), producido en Austria. Basada en la novela de Viktor Trautzl, y centrada en la vida amorosa del compositor austríaco, incluye en su argumento una breve presencia de Beethoven (Theodor Weiser), que es sin embargo decisiva en la orientación musical de Schubert. Un argumento muy similar a éste es el que vemos en la película francesa Sérénade (1940), dirigida por Jean Boyer, que en España se tituló Amor inmortal. También aquí el argumento se centra en el amor platónico de Franz Schubert por una bailarina inglesa (Lilian Harvey); amor al que ambos deberán renunciar y que fue el origen de la famosa “Serenata” de Schubert. En segundo plano, pero también de forma relevante, la historia desarrolla la amistad entre Schubert y Beethoven (interpretado por Auguste Bovério) y su mutua admiración.

 

Amada inmortal

Con la llegada del cine sonoro, las biografías sobre el compositor ganan en profundidad y empiezan a desarrollar diversas líneas temáticas. Una de las más interesantes es la referida a la “amada inmortal”, punto que merece una mínima explicación por nuestra parte. Tras la muerte de Beethoven en 1827 se encontraron entre sus papeles tres cartas de amor escritas entre el 6 y 7 de julio de 1812. La misiva —que quizás nunca llegó a enviarse— arranca con las sugerentes palabras: “Mi ángel, mi todo, mi yo mismo”, y continúa con una apasionada declaración de amor en la que se omiten datos tan relevantes como el lugar y año de su redacción y el nombre de la destinataria, a la que se dirige como “Mi amada inmortal”. La identificación de esa amada es un misterio aún no resuelto que ha hecho correr ríos de tinta. Entre las candidatas más citadas están tres jóvenes aristócratas de la misma familia: Giulietta Guicciardi, y sus primas, las hermanas Therese y Josephine von Brunswick. Sin embargo, los biógrafos Maynard Solomon (1972, 1998) y Barry Cooper (2000, 2008) han cuestionado estas hipótesis y han presentado nuevos argumentos que apuntan hacia Antonie Brentano, la opción más probable hoy —junto a la de Josephine Brunswick—para muchos académicos.

Básicamente, hay dos películas que han abordado esta cuestión. La primera es Un gran amor de Beethoven (Francia, 1936), de Abel Gance, situada en 1801. Giulietta Guicciardi (Jany Holt) llega a Viena con sus padres y toma clases de piano con Beethoven, quien se enamora perdidamente de ella. Tras una insinuación de matrimonio, ella rechaza al compositor para casarse con el conde von Gallenberg, de lo que al poco tiempo se arrepiente. Entonces descubre la carta a “Mi amada Inmortal”, y pregunta a Beethoven si está escrita para ella, a lo que él contesta afirmativamente (aunque, según nos presenta el filme, la escribió para su prima Therese). Con esto, los remordimientos de Giulietta le acecharán toda su vida. Es interesante constatar que el personaje de Beethoven es interpretado de nuevo por Harry Baur, que ya interpretara al compositor en el filme de 1909. Fueron muy discutidos los “arreglos musicales” de Louis Masson en algunas escenas: entre otras, la que muestra en primer plano al compositor tocando el piano mientras el audio reproduce el sonido de una orquesta completa.

La segunda película, y la que más ha profundizado en este misterio de la vida de Beethoven, es Immortal Beloved (Amor inmortal, 1994), coproducción anglo-norteamericana dirigida por Bernard Rose. El filme tiene también como punto culminante la aparición de las cartas, aunque añade un detalle ficticio: lo encontrado tras su muerte no son cartas de amor, sino un testamento donde lega todos sus bienes a la susodicha “Amada inmortal”. Su fiel discípulo Anton Schindler (Jeroen Krabbé) iniciará la búsqueda de esa mujer para cumplir el último deseo del maestro, y encontrará las cartas “auténticas” en el balneario de Karlsbad, visitado por Beethoven. La película sugiere como identidad de la “amada inmortal” a Johanna, la madre de Karl y cuñada de Beethoven, de la que –supuestamente– siempre estuvo enamorado en secreto. Históricamente, nada parece sustentar esta particular relación entre Beethoven y su cuñada. De hecho, todos los datos conocidos sobre la misma hacen altamente improbable esta hipótesis, a la que ninguno de sus biógrafos se ha sumado.

 

El origen de sus composiciones

Junto al motivo de la “amada inmortal”, otro de los temas relevantes en las películas sobre Beethoven es la indagación sobre el origen de una determinada pieza musical. Así, Walter Kolm-Veltée rueda en Austria la cinta Heroica (1949), que toma como eje la composición de la Sinfonía nº 3, conocida por ese nombre. En el arranque del filme, Beethoven se muestra entusiasmado con los ideales expresados por Napoleón después de la Revolución Francesa; por eso recibe con alegría la noticia de su llegada a Viena y se apresura a componer una Sinfonía, precisamente la número 3, para dedicársela a Bonaparte. El estreno de la sinfonía es un éxito grandioso, pero poco después sabe que Napoleón se ha proclamado Emperador y eso le aboca a una profunda depresión.

Ya en nuestro milenio, la BBC retomó este argumento y produjo el telefilme Eroica (2003), dirigido por Simon Cellan-Jones e interpretado por Ian Hart. La película transcurre en Viena y gran parte de la misma en la noche del 9 de junio de 1804, fecha de la primera audición privada de la 3ª Sinfonía, en el palacio de Lobkowitz. Durante el concierto, Beethoven intenta convencer a Josephine von Brunswik, viuda de su primer matrimonio, para que se case con él, pero ella se niega por causa de su hijo. Josephine pertenece a la nobleza, y no puede casarse con un plebeyo sin perder la custodia de sus hijos. Durante los últimos minutos de la sinfonía, asistimos a un flash forward: días después, su alumno Ferdinand Ries le dice que Napoleón acaba de proclamarse Emperador de Francia, y Beethoven sufre una fuerte conmoción: toda su fe en los ideales revolucionarios se viene abajo, y movido por la rabia, arranca la portada de su sinfonía donde figuraba la dedicatoria “a Napoleón Bonaparte”. De vuelta al presente, asistimos al glorioso final de la sinfonía. A la salida, alguien pregunta a Haydn su opinión sobre ella y él responde: “A partir de hoy todo en la música será diferente”.

La tercera gran película sobre una obra de Beethoven es la afamada Copying Beethoven (2006), producción anglo-húngaro-norteamericana dirigida por Agnieszka Holland y protagonizada por Ed Harris y Diane Krueger. El argumento trata de imaginar cómo fue el proceso de composición de la Novena Sinfonía, con un Beethoven completamente sordo y abatido, al final de su vida, que experimenta una nueva ilusión cuando una estudiante, Anna Holtz, es contratada para que copie su obra en el pentagrama. Inspirado por ella, el músico de Bonn completa su obra y se anima a dirigir el estreno con la ayuda de Anna, quien le orienta situada detrás de los músicos. En realidad, se trata de una ficción: tanto la idea de que una mujer ejerciera tal puesto (en verdad, fue copiada por dos hombres) como el hecho de que pudiera influir en la composición del maestro o ayudar a dirigir el estreno se apartan por completo de la realidad, pero sí reflejan bien dos aspectos importantes de su biografía: el ambiente caótico en el que vivía y el carácter excéntrico y anhelante de afecto que manifestó en sus últimos años.

 

La familia de Beethoven

Tangencialmente, el cine ha relatado también el contexto íntimo y familiar del compositor. En 1976 Horst Seemann dirige en la Alemania del Este la película Beethoven: Tage aus einem Leben (Beethoven: Días de su vida). La acción se desarrolla entre 1813, cuando se instala en Viena, y 1827, el año de su muerte. Asistimos a episodios de carácter político: el espionaje al que se ve sometido por sus convicciones democráticas, su rechazo a la revolución industrial y a las clases medias burguesas que ha engendrado, o la influencia de su sordera sobre su aislamiento social. Junto a ello, vemos a un Beethoven preocupado por la tutela de su sobrino Karl, en una faceta familiar que otros filmes han obviado por completo.

De modo más claro y explícito, la lucha por la tutela de Karl aparece reflejada en la película El sobrino de Beethoven (1985), coproducción hispano-franco-alemana dirigida por Paul Morrisey. El argumento se basa en dos obras cargadas de fantasía: unas supuestas memorias del sobrino Karl, escritas por Jacques Brenner en 1967, y el libro de Luigi Magnani Il nipote di Beethoven (1972), que presenta al sobrino como víctima de las luchas familiares. La película refleja los hechos desde la óptica de la madre. A la muerte de su hermano Casper Karl (1815), Beethoven es nombrado tutor de su sobrino Karl junto con la madre del chico, su cuñada Johanna. Pero Ludwing quiere al sobrino para él solo, e interpone una demanda, alegando la mala reputación de la madre. Tras cinco años de batalla legal, Beethoven consigue la custodia en exclusiva, pero no será sin pagar un alto precio: en esos años su productividad se resiente; y, para colmo, su relación con el sobrino nunca será demasiado buena: los roces y desavenencias serán constantes, hasta culminar en el intento de suicidio de Karl en 1826. Un año después, cansado y abatido, fallece el compositor.

 

Otros acercamientos

Para cerrar este rápido espigueo por las películas sobre Beethoven, debemos hacer mención de algunos filmes menos conocidos o que han incluido a Beethoven como personaje secundario. Así, vemos una fugaz aparición del músico alemán en el filme Rossini (Mario Bonnard, 1942), que desarrolla el romance entre el compositor italiano y la mezzosoprano española Isabel Colbrán. El encuentro de Beethoven con Rossini en 1822 configura en el argumento una escena breve pero decisiva. Otra breve aparición de Beethoven la descubrimos en el gigantesco filme Napoleón (Sacha Guitry, 1955), de 182 minutos, en el que asistimos a la decepción que el gobernante francés suscita en el músico por su traición a los ideales revolucionarios. Finalmente, en Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Stephen Herek, 1989), dos jóvenes construyen una máquina del tiempo y visitan a grandes figuras de la historia; entre ellas, Beethoven.

No debemos olvidar tampoco la producción televisiva Beethoven Lives Upstairs (David Devine, 1992), ganadora de un Emmy. Sobre una grabación vocal escrita y dirigida por Barbara Nichol, la película está protagonizada por Illya Woloshyn en el papel de un joven que desarrolla una amistad con el compositor Ludwig van Beethoven (Neil Munro), un huésped que vive en el piso de arriba. El telefilme se rodó en Praga y ha sido emitido en más de 100 países, y se utiliza ampliamente en las aulas de EE.UU. y Canadá.

También hay que destacar otros productos audiovisuales, como aquellos que optan por el documental, como la canadiense An Immortal Spirit (2000), una puesta en escena biográfica y coreográfica basada en el X Cuarteto de Cuerdas; o Ludwig van (1969), del compositor y escenógrafo Mauricio Kagel, una mezcla de concierto, cine y radio, realizada para el Año de Beethoven.

En definitiva, un buen número de propuestas, muy distintas en su enfoque pero confluyentes en el mito. Todas ellas han contribuido a perpetuar la imagen de Beethoven como icono romántico. Su temperamento exaltado, sus altos ideales, su intuitiva creatividad o su agitada vida familiar aparecen como perfiles complementarios en esa visión romántica del compositor, cuya plasmación en el cine ha contribuido a engrandecer el mito. Ciertamente, la vida de Beethoven ha inspirado a generaciones de artistas, y sigue iluminando nuestras vidas y nuestra cultura. Hoy, de modo muy relevante, lo consigue a través de las películas.

Alfonso Méndiz Noguero
Salve Márquez Sánchez*

* Alfonso Méndiz Noguero: Universidad de Málaga. Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad. amendiz@uma.es.

Salve Márquez Sánchez: Conservatorio Profesional de Música “José Salinas” (Baza, Granada). Departamento de Tecla. spmsanchez@gmail.com.

Imágenes: http://static.thecia.com.au/reviews/c/copying-beethoven-2.jpg (interior), http://www.metallized.it/public/articoli2/1371249783mzd.jpg (exterior).

     
     
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