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Cumpleaños feliz, o el espíritu crítico

Ideario sobre la investigación científica

Muchas veces creemos saberlo todo. Muchas veces la explicación a un asunto se reduce a un rotundo “porque sí” y ya está. Y muchas veces está bien; pero muchas veces no es todas las veces. Este razonamiento tan sencillo es aplicable a muchas cosas en esta vida. Pero creo que a muchas personas les parecería imposible aplicarlo a la musicología. Pues bien, otra vez más no es todas las veces.

Empecemos por el principio. ¿Quién no se sabe Cumpleaños feliz? Parece una melodía sencilla y que absolutamente todo el mundo conoce (o debería conocer). ¿Y qué pasa con su origen? Popular. Hasta ahí vamos bien. Te dicen de pequeñito es “popular” y ya está, no preguntas más. Incluso si eres mayor. Es popular y punto. Pero… ¿y si tiene un origen especial? ¿Y si tiene compositor?

Primero analicemos la palabra “popular”. Según nuestra querida, amada y nunca bien ponderada R.A.E., la palabra popular tiene seis acepciones. La primera es la más genérica “perteneciente o relativa al pueblo”, pero hay otras más interesantes, como la quinta: “que es estimado, o al menos conocido, por el pueblo”. Según esta acepción serían igual de populares la Quinta de Beethoven, El patio de mi casa y Wellcome to the Jungle, y esto es cierto en tanto que es popular porque la conoce el pueblo y ha podido, o no, hacerla suya (segunda acepción). El panorama cambia algo cuando nos referimos a la acepción musical “canción o tocata –sí, sí: tocata (me parece que los señores académicos tienen pendiente una o más clases de música)– bailable (sin más que añadir) propia y característica de un pueblo”. Ahora parece que nada es popular. O todo. Según la acepción que se mire.

Sin embargo no debemos confundir el que algo sea “popular” y el que algo sea “de origen popular”. Pequeño matiz ¿verdad? Sin embargo estos dos términos hacen referencia a dos realidades bien distintas. Cuando hablamos de origen popular nos referimos a aquellas melodías, canciones u obras que no tienen un compositor reconocido, que son de carácter tradicional y que se han transmitido de generación en generación de forma oral, principalmente. Sin embargo hay piezas que damos como de origen popular y no lo son. El Wiegenlied, op. 49, nº 4 de Johannes Brahms es un buen ejemplo.

En cualquier caso hemos empezado con Cumpleaños feliz. Es archiconocidísimo el hecho de que Cumpleaños feliz no es una canción española, o por lo menos, de origen español. No nos sorprende tanto el hecho de que sea una traducción del inglés, y casi ni nos inmutamos cuando oímos que su origen es norteamericano. No lo sabemos, pero no nos sorprende. Pero lo que sí que nos deja muertos es que sabemos año exacto y compositor (compositoras, más bien) de la pieza. Cumpleaños feliz, o, si respetamos el título original, Good morning to all, es una canción infantil publicada en 1893 por dos profesoras norteamericanas, que además eran hermanas: Patty y Milderd J. Hill. Ambas hermanas compusieron una melodía sencilla para que los niños que llegaban a sus clases dieran los buenos días por la mañana. Creo que ninguna de ellas sería consciente de su posterior repercusión. Su letra parece adaptarse más a la tonadilla que la nuestra actual:

            Letra Original (1893)                       Adaptada para cumpleaños    Traducción

            Good morning to you,                     Happy birthday to you,          Cumpleaños feliz,

            Good morning to you,                     Happy birthday to you,          Cumpleaños feliz,

            Good morning dear children,         Happy birthday, dear…         Te deseamos todos,

            Good morning to all.                        Happy birthday to you.          Cumpleaños feliz.

La pieza se convirtió en la canción más mediática del siglo XX (ni que citarse tiene su interpretación por Marilyn Monroe al presidente Kennedy) y, según el Libro Guinness de los récords, la más popular en lengua inglesa del mundo. Hoy en día sigue siendo la obra más interpretada del mundo (como resulta más que obvio) y, tranquilo, que si bien sus derechos han pertenecido históricamente a un par de productoras de cine, desde 20131 es de dominio público, así que puedes cantarla todo lo que quieras.

La arrogancia del ser humano es un mal endémico. Todos la tienen, muchos lo saben y algunos intentan hacer algo por evitarlo; sin embargo son sólo unos pocos los que logran desprenderse de ella. Dar las cosas por sentado está bien, pero (por favor) que no desaparezca el niño preguntón y pesado de 6 años que tenemos dentro de cada uno de nosotros. Sí, sí; ése que lo cuestiona todo. Ése que nos saca de quicio con un par de “porqués” de más. Sí: ése. Porque si no nos preguntamos de dónde vienen las cosas nos la colarán más de una vez y más de dos. Apliquemos esa cartesiana duda metódica que aprendimos en el bachillerato. Que no se quede como un dato más, almacenado en los archivos de nuestra cabeza (tan invadidos por el polvo y las telarañas como más de un archivo catedralicio, municipal e incluso nacional). Éste es el espíritu que debe guiar la investigación, y la musicología por supuesto no es una excepción. Termino con la cita de un grandísimo compositor británico, Benjaminn Britten (1913-1976) que dice así: “Aprender es como remar contracorriente; en cuanto uno deja de hacerlo, retrocede”.

Quico Carmona Monfort

1 La noticia causó cierto revuelo hará un año; esto publicaba ABC al respecto: http://www.abc.es/cultura/musica/20130904/abci-warner-happy-birthday-derechos-201309041405.html.

Imagen tomada de Wikipedia Commons.

Publicado en verano del 2014

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