Entrevista
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Katarina Gurska, polifacética y enigmática mujer:

“El mejor regalo por estos treinta años es ver llegar a la escuela un ex-alumno con su nieto”

Pianista, pedagoga, directora, gestora, empresaria, lleva treinta años formando músicos en Madrid. No es rusa, sino eslovaca de nacimiento y española de corazón; laboradicta y perfeccionista, no descuida detalle por superfluo que parezca, ni escatima tiempo en su dedicación.

Katarina es una mujer rubia, bien parecida, con grandes ojos azules… ¿o grises? Cabellos largos, tan cuidados como su sencillo atuendo. Coloca las manos sobre el escritorio con tal gesto, como si del teclado de un piano se tratara.

Se expresa con fluidez en un lenguaje casi perfecto, solo la pronunciación de algunas consonantes nos recuerda que es extranjera.

Nos recibe en su despacho de la calle Santa Engracia, un edificio construido hace ya 100 años que ahora alberga el Centro Superior KATARINA GURSKA. Así, con mayúsculas, porque el nombre de su creadora se ha convertido en una firma con personalidad propia, una marca de referencia cuando se habla de educación musical.

Al fondo, tres ventanales que ofrecen una vista panorámica de la glorieta de Cuatro Caminos; el despacho es sobrio, luminoso, moderno, sencillo; refleja la personalidad de la directora y creadora de este centro educativo dedicado al talento artístico.

Katarina aprovecha el momento del café para la entrevista, porque no hay otro, el trabajo es lo primero.

¿Quién es y de dónde ha venido Katarina Gurska?

He nacido en Kóshitse [Košice, en su grafía original] una ciudad al este de Eslovaquia, la segunda en importancia del país; allí crecí en el seno de una familia de educadores. Tanto mi padre como mi madre fueron profesores y fundadores de varios colegios. Por la tradición familiar, en mi formación han tenido lugar especial la música, y las ciencias matemáticas y físicas. Ganó la parte creativa y elegí la música. Con la fuerza de mi sangre eslava de mezcla húngara, polaca y alemana, tenía que ser artista.

¿Tu formación musical?

Mis primeros pinitos en dirección de coro y orquesta los hice en Praga, pero mi formación completa la hice en la Facultad de Música de la Universidad de Bellas Artes de Bratislava, que era el centro más prestigioso en música, el único a nivel superior que hasta hoy en día existe en el país; era muy difícil ingresar y muy alto el nivel de exigencia educativa. En aquella época, por haber muy pocas plazas de educación artística tenías que valer para entrar, superar las exigencias y lograr acabar. Se graduaban uno o dos pianistas al año. Obtuve Licenciatura de Concertista de Piano.

¿Por qué España? ¿por qué Madrid?

Por circunstancias de la vida llegué a Madrid en el año 1981 con la idea de desarrollar mi carrera de concertista, pero para entonces el movimiento musical de España, y la vida cultural en general, estaban muy lejos de ser lo que es ahora que hay conciertos y espectáculos a diario. En aquel momento los músicos españoles se buscaban la vida fuera de España.

Tomé la decisión de dedicarme a mi faceta pedagógica, basándome en mi formación musical y la tradición de mi familia.

¿Cómo recuerdas la fundación de la escuela?

Aún me enternece… [su mirada acerada se vuelve dulce y la expresión de su rostro cambia], tengo muchos gratos recuerdos de los niños que venían a recibir mis clases, me demostraban su cariño y confianza. Eso me dio fuerzas para seguir en el proyecto y dedicarme por entero a la formación musical de niños españoles.

Fue en septiembre de 1985, éramos cinco personas solamente: una secretaria y cuatro profesores. Funcionábamos en el número 26 de la calle Zurbano que, con el pasar de los años, tuvimos que agrandar para mejorar las instalaciones. Han pasado treinta años… aún sigo recibiendo el cariño, tanto de los alumnos de entonces como del nuevo estudiantado.

¿Por qué la escuela lleva tu nombre?

Barajábamos varios nombres, lo pensé mucho porque buscaba una denominación que fuese sugerencia de seriedad y calidad. ¿Qué iba a poner? ¿una referencia musical? Me resultaba todo banal, poco serio; yo necesitaba que el nombre de mi centro educativo estuviese relacionado con el saber hacer. Luego una persona experta en marketing me sugirió: “ponga el suyo…” y le hice caso.

Poner tu propio nombre es un gran riesgo y una responsabilidad, pero al cliente le da garantías de que siempre estarás allí. Yo buscaba expresar que aquello no era solo un lugar para hacer música, sino algo más: perseguía sugerir enseñanza de categoría.

[pausa… eleva la mirada, como viajando en el pasado]

No resulta fácil de llevar esto de poner tu nombre a la empresa, verlo escrito o impreso en cualquier parte… Saber que tu nombre se ha convertido en un lugar y tiene una identidad diferente. Es una sensación curiosa.

El centro educativo recibe actualmente cientos de alumnos cada año, repartidos entre las diferentes sedes en las que funciona.

Cuando hay días festivos KATARINA GURSKA no hace puente –ya hemos dicho que Katarina es laboradicta–, se trabaja sin interrupción y hasta los exámenes se hacen los sábados para no invertir en ello el tiempo destinado a las clases.

Entiendo que estés orgullosa de tu creación. ¿Cómo son las instalaciones? ¿algo que las haga diferentes?

No sé si son diferentes, obedecen a un fin y siempre se pueden mejorar. En primer lugar, hemos buscado edificios apropiados que puedan ofrecer comodidad a los alumnos y confort al personal docente; también intentamos ubicarlos en locales de zonas estratégicas de la capital, bien comunicados por el transporte público y lo suficientemente aislados como para no molestar a los vecinos.

Hemos cuidado también la insonorización y adquirido una dotación idónea para cada aula; me refiero a los instrumentos y el mobiliario, así como a otros recursos técnicos y tecnológicos que deben cubrir las exigencias profesionales de cada asignatura. Todas las aulas son exteriores, me gusta la luz natural; además tienen sistema de climatización.

Observamos la decoración esmerada, aunque sencilla, del edificio: imágenes geométricas, abstractas, naturales… cada una en un lugar que no ha sido designado al azar sino pensado para crear el ambiente propicio de cada espacio. En los pasillos: sillas, butacas o sofás, según apetezca… En las paredes no hay signos musicales ni pinturas o grabados de célebres compositores, pero sí unas fotografías muy artísticas.

¿Ves esas fotos? Son alumnos y profesores del centro, son ellos quienes hacen la escuela.

¿Cómo y cuándo llegaron los reconocimientos y autorizaciones por parte de la Comunidad de Madrid?

Yo tenía muy claro que mi centro educativo debía seguir el plan oficial de estudios, lo planteé desde el primer momento. El reconocimiento del grado elemental llegó al año siguiente de la fundación de la escuela, en 1986; un año más tarde logramos el del grado medio. La autorización de oficialidad es siempre una garantía de calidad del funcionamiento. Pero he conservado mi libertad para añadir actividades y asignaturas optativas no contempladas en la legislación, de acuerdo con las necesidades y mejoras en exigencias profesionales.

KATARINA GURSKA imparte enseñanzas de algunos instrumentos que no tienen otras escuelas, como el órgano, el arpa o el fagot, en una apuesta por completar la oferta educativa.

Hay instrumentos que tienen su propia convocatoria: vienen alumnos buscando alguno en especial; hay otros que son de difícil implantación –así los denomina la ley–, pero todos tienen acogida en nuestros centros.

En noviembre de 2012 nos convertimos en el primer centro privado con autorización para otorgar el Título Superior de Enseñanzas Artísticas en Música. Un año más tarde hemos conseguido la autorización de los másteres en Interpretación solista, Composición electroacústica, Composición para medios audiovisuales y Composición instrumental contemporánea.

[Nos interrumpe una secretaria… se disculpa, y cariñosamente inquiere: “Katy, debo hacerte una pregunta…”]

Disculpa, continuamos: hablábamos del aspecto académico. Aunque llegamos a completar e implantar todos los niveles de las autorizaciones conseguidas, la escuela seguirá creciendo en muchísimas facetas y proyectos que hemos ideado para lograr mayor cobertura y asimismo identificarnos con reconocidas instituciones europeas.

Katarina es lacónica, no porque hable poco, conversa con naturalidad, pero nos da la información justa. Recurrimos a la página web, donde vemos que el título superior también tiene varias especialidades: Musicología, Pedagogía, Dirección, Sonología y Composición, además de la titulación en Interpretación solista. Vemos también el copioso listado de docentes con sorprendentes biografías nutridas con titulaciones, premios, giras, menciones…

Descríbenos tu faceta de gestora

Hemos conseguido en estos años formar un equipo de trabajo que colabora no solamente en lo educativo sino también en actividades solidarias y de carácter social.

En el marco de la Fundación KATARINA GURSKA para la educación y la cultura se desarrollan varios proyectos, tanto en España como en el extranjero. Aparte de la difusión de la música clásica en varios ciclos de conciertos o festivales, hay colaboraciones puntuales con diferentes centros culturales de la ciudad: durante este curso hemos presentado nuestros alumnos en Nicolás Salmerón, Buenavista, Galileo…

En cuanto a la proyección internacional, logramos hacer un festival en Dar es Salaam, Tanzania, con participación de alumnos y profesores del centro superior en conciertos de cámara; el “Dar Smile Music Festival” recaudaba fondos para la ONG tanzana que “One World One Smile” que se ocupa de la higiene bucal de los niños en territorios poco accesibles.

Este verano ofrecemos, como cada año, dos festivales simultáneos de conciertos: “Nocturnos de Cibeles” en la sala CentroCentro del Palacio de Cibeles y “Noches del Real Sitio” en el Teatro Canónigos en La Granja de San Ildefonso (Segovia) con entrada libre. Al mismo tiempo estaremos haciendo el curso de verano “Programa de perfeccionamiento musical” dirigido a alumnado de todas las edades, en la sede de Cuatro Caminos.

Tampoco descuido la sensibilidad hacia los menos favorecidos: tenemos ahora un plan de difusión educativa en ámbitos formados por niños y jóvenes en situaciones de riesgo. Es una obra social cuyos frutos veremos en un futuro cercano, pero confío en que serán muy satisfactorios. Nuestros estudiantes de nivel superior se entrenan en la docencia impartiendo iniciación musical a estos chicos.

¿Qué ha pasado en treinta años?

Hablamos de tres generaciones de músicos que han pasado por nuestras aulas, que ahora son buenos embajadores de nuestra enseñanza. La escuela ha crecido mucho, ya no somos aquellos cinco de los comienzos en Zurbano. Hemos abierto nuestro campo de acción y ahora incluimos educación en música moderna, géneros como el jazz, el pop, blues… El Aula Moderna abrió sus puertas hace dos años para atraer a ese público joven que se expresa con la música popular.

Seguro que tienes alguna anécdota que nos quieras contar.

Una anécdota simpática: hace un tiempo entré a un aula en que la transcurría una clase de una niña de cinco años. La profesora quiso presentarnos y, al decirle a la cría mi nombre, ella exclamó con asombro: ¿te llamas como la escuela? [Risas].

¿Un regalo de cumpleaños?

Para celebrar los treinta años de labor pedagógica creo que el mejor regalo que puedo recibir es ver a algún antiguo alumno llegar a la escuela trayendo de la mano a un nieto para su iniciación en la música con nosotros.

Nos despedimos de la enérgica Katarina casi a las cuatro de la tarde y sin comer. “Me voy a atender a otras personas”, dice. Queda aún mucho en mi agenda”.

Zoraida Ávila Peña

Fotografía: Lidia Kaminska.

Publicado en verano de 2015

 

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