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Entre baladas y hologramas en Eurovisión 2015

Otra vez Eurovisión y una nueva decepción. Así podría definirse el paso de España por el festival de música ligera más famoso del continente. No todo es la posición de tu país, hablamos de un espectáculo de música, y si hay algo que nos guste de él es precisamente eso. En este 2015 los artistas no decepcionaron, realizaron buenas interpretaciones y hubo buenas puestas en escena, sin sobresaltos ni momentos memorables. Veámoslo con un poco más de detalle.

Tras la presentación de todas las canciones había una que se planteaba como la favorita: Suecia, que se erige como dominadora desde las últimas ediciones. No solo llevan unos años consiguiendo buenos puestos, sino que además componen otros temas, como el español y el georgiano para esta ocasión. Pero antes de dar el festival por decidido haremos un repaso por las actuaciones, y nada mejor que las semifinales para hacerlo. Aunque España no participe y por eso nos son menos familiares, es allí donde casi todos los demás países se tienen que batir el cobre antes de poder competir en la gran final.

La primera semifinal demostró cuál iba a ser la tónica este año. Las baladas se sucedían una detrás de otra, llegando a su culmen con la intérprete rusa, Polina Gagarina, que hizo un gran directo y se postuló como aspirante a dar la sorpresa y arrebatar el título a Suecia. También despuntó Finlandia con un grupo formado enteramente por discapacitados, cuya canción e interpretación les daban pocas posibilidades de alcanzar la gran final. El cantante belga Loïc Notett nos brindó un tema original y una puesta en escena fuera de lo común que acabó dándole buenos resultados.

La segunda semifinal llegó con más nivel que la primera. Suecia se situaba como cabeza de cartel seguido de Malta, Israel, Letonia, Islandia o Eslovenia. Las baladas volvieron reinar, pero si la primera semifinal fue mejor de lo esperado, la segunda decepcionó. La puesta en escena de Eslovenia les hacía peligrar como finalistas, y la catastrófica actuación de la cantante islandesa acabó por eliminarla. Por si no fuera suficiente las relaciones entre países tan propias de Eurovisión dejaron fuera a Malta y República Checa, haciendo entrar a temas más flojos como el chipriota.

Por fin llegó la final y pudimos ver el espectáculo que la delegación española nos tenía preparado. Salíamos en el puesto veintiuno. Buen número, pues se sabe que las primeras actuaciones suelen obtener las peores puntuaciones, quizá porque a la hora del voto los espectadores apenas las recuerdan y hay menos agravio comparativo. A Eslovenia le tocó abrir el festival con su insulsa actuación, a la que siguió Francia con una balada muy bien interpretada pero cuya escueta puesta en escena le daba pocas posibilidades. Tras la animada “Golden Boy” del jovencísimo cantante israelí le tocaba el turno a Estonia, una de las favoritas, con clara inspiración en el tema subcampeón del año pasado. Se trataba de canción alegre y de estilo ligero, cantada por un dueto de hombre y mujer, también entre las favoritas, aunque personalmente nunca llegó a convencerme.

Reino Unido continuó el evento con la actuación más esperada por el que escribe. El tema me gustaba mucho, fresco y original con un toque de electro swing, pero la interpretación y puesta en escena tuvieron poco éxito y ello trascendió a la puntuación final. Poco después le tocó el turno a Armenia con un grupo de seis cantantes y una actuación sobria que conducía hacia un final donde resplandecía la riqueza vocal de la agrupación. Fueron, junto a Estonia, de los grandes perjudicados por el orden de actuación.

Serbia fue la siguiente agrupación sobre la que enfocar la lupa: la única canción electrónica de cierta dureza del festival. Contaba con un inicio muy tranquilo que auspiciaba un final potente ayudado por la grandísima voz de la cantante; era una de las mejores del año. Parecía que este podía ser el certamen en el que algún país balcánico volviera al podio, pero el resultado no acompañó en absoluto, ya que terminaron en un decepcionante décimo puesto. Quizá el excesivo contraste de la canción le restara puntos, o simplemente no caló en Europa tanto como en mí, pero creo que merecían mejor puesto.

Llegaba el momento de los favoritos, le tocaba cantar a Suecia, cuya canción divertida y bailable brilló incluso más de lo esperado, acorralada por las baladas más aburridas de la noche, Noruega y Chipre. La excelente actuación, muy moderna y acorde al tema, junto a una letra optimista aseguró a la agrupación sueca un buen puesto. Ya solo Australia, Rusia o Italia parecían capacitados para plantarles cara. Y el turno de Australia llegó muy poco después de Suecia, pero su canción, de un estilo muy similar a la sueca, no pudo competir ni en puesta en escena ni en el carisma de su cantante. Quizá os estéis preguntando qué hacía Australia participando en Eurovisión, pues bien, fueron invitados por el sexagésimo aniversario del festival, y es que cuentan mucha audiencia a pesar de que allí el evento comience a las cinco de la mañana.

Tras un número de canciones no muy destacables llegaba el turno de España, que presentaba a Edurne con un tema bastante bueno, aunque sin la capacidad de competir con las favoritas. La puesta en escena era lo que todavía estaba por ver, y el discutido vestuario del que tanto se había hablado por su elevado precio. Empezó la actuación desde el suelo, envuelta en un vestido rojo con una larga capa con capucha al más puro estilo caperucita roja. La pantalla posterior y el suelo hacían efectos de lluvia y ondas en agua; éstas, junto al ventilador frontal, presagiaban un buen espectáculo. Durante la segunda estrofa de la canción empezó el juego con la larga capa, con un bailarín en la oscuridad que justo antes del estribillo tiró de la prenda y dejó a la vista un sugerente vestido dorado. Durante la parte instrumental aprovecharon el gran talento de Edurne para el baile, quien incluso comenzó a cantar todavía elevada por el bailarín. Así siguió la actuación, dejando un gran sabor de boca en el espectador, hasta que en la última nota la cantante manchó una actuación que hasta ese momento parecía impecable. Siempre pensé que la canción era muy exigente con la voz para Edurne, que a pesar de tener buenas capacidades no tiene la potencia que habría hecho falta para lucir el tema. Quién sabe, quizá sin esa última nota podríamos hablar de un puesto mejor, puede que entre el décimo y el decimoquinto, lo cual sería un auténtico éxito para España, país habitualmente maltratado por las relaciones internacionales.

Llegaba la sección final de las actuaciones, con tres todavía destacables, la georgiana, la rusa y la italiana. Comenzó Georgia, con una puesta en escena oscura, con garra y protagonizada por una cantante de negro riguroso y hombreras estrafalarias. Fue un buen espectáculo, pero Georgia tuvo que conformarse con un undécimo puesto, escaso dada su trayectoria y la fuerza del tema.

Rusia se presentaba como la segunda candidata al título, y su actuación no desilusionó, incluso fue mejor que en la semifinal. Los efectos del suelo acompañados del vestido luminoso de Polina Gagarina contribuyeron a que luciera todavía más la gran voz que atesora la intérprete rusa. Otro de los que no habíamos visto todavía, Italia, hacía su aparición a continuación. “Grande amore” venía con sus tres jóvenes cantantes a poner un punto distinto al festival. Se trataba de una canción lenta pero potente, alentada por la fuerza de la interpretación vocal de los tres protagonistas, un broche perfecto para cerrar la noche.

En las votaciones ocurrió lo esperado, cada país puntuaba a sus vecinos y a las pocas canciones destacadas de la noche, llevándose el primer puesto Suecia y completando el podio Rusia e Italia, a quienes sin duda les benefició rematar el espectáculo. Australia consiguió un estupendo quinto puesto y Bélgica el cuarto (para sorpresa mía, que nunca aprecié la canción). Se observa un declive en la hegemonía de las antiguas repúblicas soviéticas y Escandinavia, aunque no del todo: en el top 10 se colocaban Estonia, Letonia y Noruega. Se confirmaba lo difícil que es para un país ajeno a esos grupos quedar en una buena posición en el certamen.

Ha sido un buen año. Las interpretaciones en la final han sido satisfactorias, aunque se han echado de menos algunas canciones. Se confirma que el “big five” carece de opciones para ganar, pues junto con Austria tres de sus miembros cerraron la clasificación. España consiguió un vigésimo primer puesto, que visto lo visto tampoco es tan malo como podría haber sido, aunque creo que la canción se merecía estar por encima de interpretaciones como las de Rumanía, Montenegro o Hungría. Espero que el año que viene en Suecia volvamos a disfrutar de un gran espectáculo y por qué no, consigamos volver a entrar entre los diez primeros.

Daniel Díez Morales

Publicado en verano de 2015

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