Crítica
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Más allá del mito

Furtwängler a través de sus escritos

Sonido y palabra. Ensayos y discursos (1918-1954), Wilhelm Furtwängler, Editorial Acantilado (2012), ISBN: 978-84-15277-94-1.

Transcurridos pocos años tras la muerte de Furtwängler, decenas de aficionados acudían a las puertas del que fuera su último refugio en Suiza para tratar de conocer a través de los recuerdos de su viuda, Elisabeth Furtwängler, al que fuera durante décadas director de la Filarmónica de Berlín y de la de Viena. El interés despertado por el director y compositor alemán no hacía más que empezar, hasta casi alcanzar la categoría de mito en nuestros días. Las obras trascienden a quienes las crean, y la mayoría de los que le admiramos solo nos hemos podido acercar a él a través de las numerosas grabaciones que existen de su trabajo, aunque muchas de ellas sean piratas o cuanto menos de dudosa procedencia. Nos hemos perdido el poder ver al maestro en directo, en esa Gemeinschaft o comunidad efímera que se forma en las salas de conciertos entre los músicos, el director y el público, la audiencia atenta, todo en una misma sala y al mismo tiempo, la pertenencia a un todo común. Pero, junto con las grabaciones nos quedan los escritos. Furtwängler es uno de los pocos directores que ha dejado plasmadas en forma de ensayos sus ideas sobre la música y su interpretación. Si ya el pasado año la editorial El Acantilado nos trajo Conversaciones sobre música, traducción al español de una serie de entrevistas del alemán con el también compositor Walter Abendroth, ahora en Sonido y palabra encontramos la selección que hiciera el propio Furtwängler de sus ensayos y discursos entre los años 1918 y 1954 para su publicación.

Como cabía esperar, varios son los capítulos dedicados a Beethoven, con el que Furtwängler siempre tuvo un vínculo especial, casi devocional, que todo aquel que haya tenido la oportunidad de escuchar su versión de la Heroica comprenderá. ¡Lástima que antes de su muerte no pudiera llegar a completar la grabación de un ciclo de Beethoven completo! Sobre estos textos planea la leyenda acerca de la existencia de una posible Segunda sinfonía de Beethoven dirigida por él que sin duda se convertiría en referencia, como lo han llegado a ser otras como la Cuarta sinfonía de Schumann. Pero no solo esto, a través de sus textos sobre Beethoven también se intuye la oposición abierta con Toscanini, cuya culpa recae en gran medida en lo que Furtwängler pensaba sobre cómo el italiano abordaba la obra beethoveniana. Pero, ya se sabe, se comienza atacando en el plano profesional y se termina en el personal. Como es bien sabido, este enfrentamiento fue mucho más allá y Toscanini le acusaría de no haber abandonado Alemania, olvidando que él mismo, pese a no dirigir en Italia, nunca la abandonó definitivamente y que durante los años treinta pasaba allí largas temporadas. Pasada la guerra, Toscanini no había perdido ninguna de sus posesiones italianas mientras Furtwängler lo perdió todo, sufrió la incomprensión del pueblo alemán, un proceso de desnazificación, la prohibición de dirigir hasta su fallecimiento en Baden-Baden en 1954, y solo tras una intensa labor de recuperación nos llegaría una imagen suya más “humana”. Imagen de la que tenemos ejemplo en textos como en su carta a Joseph Goebbels o su defensa de Hindemith, a quien admiraba, ambas incluidas en este libro. “El arte y los artistas están para unir, no para separar. En última instancia yo sólo reconozco una separación, la que existe entre el arte bueno y el malo”, escribiría a Goebbels en 1933.

A lo largo de las más de doscientas cincuenta páginas del presente volumen, Furtwängler nos ha dejado escritas sus opiniones sobre cómo interpretar a Wagner, la relación de éste con Brahms, cómo se deben diseñar los programas de concierto, la labor de la tecnología frente a la interpretación en directo de la música, etc, y una defensa de la tonalidad en cuanto constructora de la forma musical que, sin embargo, no se presenta bajo el tan extendido tópico de director únicamente interesado en el gran repertorio romántico centroeuropeo, sino que deja una puerta abierta a nuevos conceptos musicales contemporáneos. Con frecuencia se ha acusado a Furtwängler de despreciar la música de su tiempo, sin embargo, solo hay que repasar la programación de la Filarmónica de Berlín durante los años en que trabajó allí para darse cuenta de que bajo su batuta abordaría una gran cantidad de nuevas composiciones. Sería Furtwängler quien estrenaría una de las piezas fundamentales del periodo de entreguerras, las Variaciones op. 31 de Schönberg o las Cuatro últimas canciones de Strauss con Kirsten Flagstad en Londres.

Nos llega de la mano de El Acantilado, una vez más, un texto estimulante, que de algún modo completa los textos ya publicados por esta misma editorial el año pasado y que nos viene a mostrar algunas de las facetas quizá desconocidas del director y compositor alemán. Tal y como afirmara Furtwängler en cierta ocasión “la música no quiere ser comprendida, abarcada ni ordenada en sus coordenadas históricas, sino vivida”; desaparecido éste, como tantos otros, nos quedan las grabaciones y los escritos para, a través de ellos, vivir la música a nuestro modo.

Ana M. del Valle Collado

Publicado en febrero 2013

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