La fuente perdida

Aventuras y desventuras de un investigador en el Audiovisual

“No te voy a confiscar el móvil, pero tengo que recordarte que está prohibido que grabes o fotografíes nada de lo que veas en pantalla”. A mí, que la frase me golpea descolocado, dejando la cazadora en mi silla delante de un monitor Sony Trinitron de 9 pulgadas con más mili que el palo de la bandera, se me escapa la risa. Cuando miro a la mujer que me acompaña en el Departamento de Documentación de TVE me doy cuenta de que habla en serio. Así que bajo la mirada, murmullo un “claro, claro, por supuesto” y me dispongo a dejarme la vista en un cubículo ante una montaña de cintas Betacam que, amenazadoras, retan a mis córneas a no ser capaces de aguantar la maratón de visionado que me espera.

La escena, real, acontecida hace unos días en Prado del Rey, evidencia las condiciones que se dan a la hora de enfrentarse a la investigación del Audiovisual en este país. En este sencillo texto, pretendo, a través de la experiencia, relatar algunos pasos necesarios para afrontar de una manera más o menos fluida –y sin desesperar en el intento– la aventura de los centros de documentación en esta rama.

No vamos a engañarnos: a la hora de una investigación musical, sea cual sea el campo, trabajar sobre un compositor vivo tiene, por regla general, mayores facilidades. El principal proveedor de fuentes primarias puede ser el propio sujeto de la investigación, siempre y cuando consigamos su confianza y, sobre todo, que al abrir las puertas de su archivo personal eso no se parezca a una estantería de secretaría universitaria en época de matrículas. Es más, si buscamos partituras actuales, el procesamiento de las mismas a través de Sibelius o Finale supone una ventaja sin la necesidad de sumergirnos en manuscritos (lo cual, ciertamente, hace perder encanto a nuestro trabajo).

Trabajar con esos manuscritos es otro tema. Las especiales características de esta música, hecha en muchas ocasiones para ser grabada instantáneamente, hace que las indicaciones en la partitura sean mínimas (se dan todas en el estudio) y las grafías para ahorrar tiempo de escritura resulten tan indescifrables que Jesús Villa-Rojo no tendría papel suficiente para escribir sus textos.1

Acceder a estas partituras por otros medios ya es más complicado. Raras veces salen de casa del autor salvo para ser cedidas a alguna institución que ejercerá como depositaria de las mismas y que (siempre en teoría) las pondrá a disposición de los investigadores acreditados. Probar suerte en el archivo de la SGAE es tan eficaz como comprar un décimo de la lotería de Navidad: puede tocar lo jugado, una pedrea… pero es muy difícil conseguir el premio gordo. Aquí se suelen depositar suites de concierto enlazando los temas de una película, o bloques especialmente significativos que son susceptibles de ser interpretados por separado.2 Pero encontrar una partitura completa con la totalidad de la música escrita para una película es harto difícil.

Pero hablamos del Audiovisual, y la partitura puede ser un punto de partida o de consulta en un determinado momento (ahora no hay espacio para desarrollar esta idea y nos alejaríamos demasiado del tema). Necesitamos vídeos, películas, documentales, reportajes. Acceso a los materiales que serán objeto de nuestro estudio. De nuevo podemos recurrir al archivo personal del compositor si contamos con esta posibilidad, aunque lo ideal es ejercer como buen coleccionista y rastrear los títulos para comprarlos. – ¿Y gastar dinero? – Sí. – ¿Habiendo entidades públicas que las tienen depositadas y permiten acceder a ellas gratis? – Precisamente por eso.

Me explico. La primera idea que se nos viene a la cabeza es la Filmoteca Española, donde es posible encontrar aquellos títulos que nos interesan, pero, ¿en qué condiciones? Precarias. Hablamos de una mesa, un monitor y una silla. De cintas magnéticas de baja calidad que hay que solicitar allí mismo o a través de la web para que estén preparadas para nuestra consulta. La entidad permite el visionado e incluso la cesión gratuita de fondos para su exhibición en determinadas circunstancias, pero si buscamos que nos hagan una copia, debemos rascarnos el bolsillo y atenernos a las tarifas vigentes.

Otra opción a la hora de buscar materiales ‘gratuitos’ es el Ente Público, Radiotelevisión Española, donde hemos comenzado este texto y al que volvemos ya con una idea de sus instalaciones en Prado del Rey. Tanto el Edificio Corporación como la Casa de la Radio (guardianes, respectivamente, de los fondos de TVE y RNE) permiten el acceso a sus archivos, siempre bajo férreas condiciones. A saber: previa presentación por correo electrónico3 de solicitud de acceso por parte del director de la tesis, donde se explique claramente el tema del trabajo y se justifique la necesidad de consulta de los fondos documentales. Además, como ellos mismos señalan, “en ningún caso se hará copia de material documental alguno del archivo de RTVE” (salvo en casos divulgativos o de uso didáctico, para los que de nuevo hay que pasar por caja). Para finalizar, si recurrimos a este servicio estaremos obligados a depositar una copia de la tesis doctoral en la biblioteca de la Dirección del Fondo Documental, así como a mencionar la colaboración del mismo en los agradecimientos.

Existen muchas más opciones, siempre dependiendo de la trayectoria del compositor que estemos estudiando (es decir, los lugares donde haya trabajado), pero las condiciones suelen ser similares. Por eso digo que lo mejor a la hora de recurrir a una película es buscarla y comprarla. Porque el visionado puntual permitido por estas instituciones no sirve para un análisis, y porque, al final, aplicando tarifas, sale más caro solicitar una copia a estas instituciones ‘públicas’. ¡Pero ojo! Que si hablamos de cine español, el tema del rastreo de ediciones y de precios es una locura.

Porque, claro, cualquier empleado de una gran superficie sabe que debe poner más caro el lanzamiento de la cuarta película de una saga cualquiera que la primera, que ya tiene diez años, y cuyo precio por norma general rondará los diez euros. Pero, ¿y en el cine español? Si los vendedores no saben de qué año es la película, porque las productoras hacen reediciones de sus títulos cuando y como les apetece, y tan pronto encontramos un título descatalogado como a los dos meses copias por doquier, nos podemos encontrar con una película de más de treinta años (por supuesto sin ningún contenido adicional o remasterización digital) con precios que superan ampliamente los veinte euros. Este descontrol hace que las diferencias de precios sean notables cambiando simplemente de tienda.

Y es cuando toca remangarse y empezar el rastreo por Internet. Por páginas como Amazon, eBay, PriceMinister, etc., donde, si los planetas se alinean, se encuentran descatalogados o títulos actuales a precios bastante más asequibles. Y el investigador académico, preparado, formado, y con toda la teoría aprendida en sus asignaturas universitarias, de repente se convierte en un friki más, pujando por rarezas, rastreando hasta en Alemania, Estados Unidos o incluso China –juro que allí encontré un disco con música de cine español– en busca de títulos que en España no se podrían ni imaginar. Y, qué caray, esta situación también tiene su encanto.

He de confesar que, para alguien que llega a la ‘capi’ desde provincias, Madrid es excesivo. Es más, en muchos momentos uno corre el riesgo de parecerse sospechosamente a Paco Martínez Soria con una gallina bajo el brazo en La ciudad no es para mí. Sin embargo, esta situación puede llegar a ser beneficiosa si se sabe aprovechar: partiendo de cero, sin ninguna idea previa, se puede llegar a cualquier sitio. A través de este pequeño e incompleto texto espero que, además de haber entretenido al lector, haya podido aportar cierta información a la hora de saber a qué puertas llamar en una incipiente investigación.

Alejandro González Villalibre

1 El compositor Jesús Villa-Rojo es autor de artículos y libros sobre este tema, entre los que destaca Notación y grafía musical en el siglo XX. Madrid, Iberautor Promociones Culturales, 2003.

2 Por ejemplo, en la SGAE se puede encontrar el arreglo para banda del pasacalle madrileño El Pelele que José Nieto utilizó para los créditos finales de Los Fantasmas de Goya (Goya’s Ghosts, Milos Forman, 2006), pero no el resto de los bloques de la película.

3 Consulta de fondos TVE: difusion.documental.tve@rtve.es Consulta de fondos RNE: difusion.documental.rne@rtve.es

Publicado en abril 2012

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