El moderno Madrid II

El Grupo de los Ocho

En diciembre de 1930 se presentó en Madrid el denominado Grupo de los Ocho[1], en clara alusión al Grupo de los Seis francés, que tanta influencia causara en los compositores españoles en sus visitas a la Residencia de Estudiantes. Los músicos que lo formaban, los hermanos Rodolfo y Ernesto Halffter, Juan José Mantecón, Rosa García Ascot, Gustavo Pittaluga, Salvador Bacarisse, Julián Bautista y Fernando Remacha, de procedencia muy diversa, se unieron en un objetivo común: “conferir una continuidad al empeño renovador y universalista realizado por Falla”. A pesar de la novedad con la que se quiso publicitar el evento, los miembros del Grupo habían realizado con anterioridad estrenos y conciertos de forma individual. Incluso el primer concierto como grupo había sido seis meses antes, en el Lyceum Femenino, institución enormemente ligada a las actividades de la Residencia de Estudiantes y a la Residencia de Señoritas. En la conferencia-presentación, Gustavo Pittaluga declaró que el objetivo fundamental del Grupo era “hacer música, por gusto, por recreo, por diversión”. También afirmó que “el auténtico artista no será nunca el genio”.

Una de las figuras más relevantes del panorama social y cultural de esos años, unido al nacimiento del Grupo de los Ocho, fue Adolfo Salazar. Erudito, músico, intelectual, pero conocido, sobre todo, como crítico de El Sol, contribuyó enormemente a incentivar la música de la época y a configurar las características de lo que hoy conocemos como Modernismo. Salazar estuvo muy ligado a la Residencia de Estudiantes, pues comulgaba por entero con sus principios educativos y con la ideología de la cultura para las minorías que allí se profesaba. Fue el principal mentor del llamado Grupo de los Ocho, de cuyos miembros seguía desde años atrás su actividad individual, especialmente por la (excesiva) admiración que sentía por el joven Ernesto Halffter. De esta manera, la crítica al concierto-presentación del Grupo, así como del resto de actividades que desarrollaron después, por parte de Salazar, contribuyeron a crear una imagen positiva que, si bien presenta una realidad del momento, no era lo único “bueno” que se cocía en el Madrid de entonces, a pesar de que, leyendo sus críticas, el Grupo de los Ocho parece ser el único atisbo cultural de la capital.

El repaso por las décadas doradas de la Residencia de Estudiantes, aquellas que han sido reconocidas en la historia de nuestro país dentro de la llamada Edad de Plata, ayuda a entender un pensamiento que encontró su razón de ser en la institución misma. La estética que hoy identificamos como modernista en la música de España es inseparable de las experiencias que en esta casa se vivieron: la mirada a los clásicos, el amor por las tradiciones españolas, el gusto por las formas refinadas y breves, la necesidad de apertura al mundo, sentirse en comunión con las ideas vanguardistas europeas y todas las demás singularidades que se respiraban allí constituyen la estética de la música que se desarrolló a su vera.

El ideal interdisciplinar, que buscaba el desarrollo de la persona en los más variados campos del conocimiento, dio como resultado unas relaciones e intercambios tan fructíferos y provechosos que aún hoy nos siguen apasionando. Cabría preguntarse si la Residencia de Estudiantes y todo lo que supuso esta institución en cuanto a vida cultural, vanguardia o proyección posterior no se mitificó por parte de aquellos que se sentían piezas de ella misma. Al margen de defensores a ultranza o escépticos del legado posterior de la Residencia, hay una característica innegable de lo que fue esta institución: albergó dentro de sí unos valores que no condujeron más que a alimentar algo bueno pues, la belleza y la verdad que perseguían conseguir sus miembros en todos los campos humanos no puede generar jamás ni un atisbo de vileza.

En la Residencia se vivieron numerosas experiencias y parte de ellas fueron consideradas desviadas por el régimen dictatorial que vino tras su época dorada. Si se analizan los pensamientos de libertad y verdad que imperaban en su programa, sólo da sensación de algo “bueno”, pero, esa “verdad”, ¿por qué fue considerada varias veces como peligrosa? Como todo lo que se adelanta a su tiempo, y la Residencia lo fue en una España aún no muy desarrollada, es posible que la amenaza de las personas cultas y librepensadoras se cerniera sobre los regímenes totalitarios. Sin duda, la Residencia de Estudiantes constituyó algo visionario en busca de un mundo mejor pero, tal vez, se adelantó a su tiempo… o se equivocó de lugar.

Lucía Donoso Madrid

 

[1] Para conocer en profundidad la creación de este grupo y las circunstancias que le acompañaron, aconsejo consultar la siguiente obra: Palacios, María: La renovación musical en Madrid durante la dictadura de Primo de Rivera. El Grupo de los Ocho (1923-1931). Madrid: SEDEM, 2008.

Archivo histórico: entre febrero 2011 y enero 2012

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