Ensayo
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La quintaesencia del arte

Enrique Urquijo y Los Problemas

La reciente muerte del gran Philip Seymour Hoffman me trajo una vez más a la memoria el recuerdo de ese otro grande, que murió en circunstancias similares aquel último noviembre de los años noventa, Enrique Urquijo.

Enrique Urquijo y Los Problemas fue el nombre que el mediano de los Urquijo –y  para mí el único carismático–  había dado al grupo que en sus últimos años formó en paralelo a los mucho más ligeros Secretos.

Se dice que el nombre proviene de los vaivenes que hubo en el grupo, donde al parecer los únicos fijos eran Enrique y la acordeonista Begoña Larrañaga. Aún con problemas, con este grupo Enrique pudo dar rienda suelta a su creatividad y explayarse como compositor en líneas muy diversas, siempre dentro de un intimismo y autenticidad que jamás le permitieron Los Secretos, donde acaso pudo hacer algún esbozo de ranchera.

Enrique tenía un gusto exquisito para escoger, realizar, adaptar sus composiciones propias o versiones, al menos cuando le dejaban llevarlas por los derroteros que él deseaba. Y así lo refleja esta etapa con Los Problemas en la que desplegó un amplio abanico de estilos musicales, siempre aderezados con su toque mágico a la par que melancólico.

Si tuviese que elegir una, sería ese maravilloso blues de “Siempre hay un precio”. Sin embargo, en sus discos con Los Problemas podemos encontrar country, rancheras, fado, copla y todo tipo de folclore adaptado a las profundos y siempre conmovedores voz y estilo de Enrique, que en ningún caso dejan indiferente.

La versión más inverosímil es quizá la de “El hospital”, que ya había hecho previamente con Los Secretos. Esta canción estaba firmada por el también fallecido Carlos Berlanga, y originalmente fue interpretada por el grupo Alaska y los Pegamoides. Se cuenta que en una velada entre músicos, Carlos retó a Enrique a cantar un tema suyo para demostrar que su voz podía ser tan válida como otras. Debido a su primer sonido de pop colorista la canción que Enrique escogió, muy afín a él en la temática, parecía imposible de adaptar a su estilo. Pero Enrique no sólo lo versionó, sino que supo darle esa personalidad con la que dotaba a todas sus creaciones, que le hace a uno empatizar y comprender al protagonista de la historia. Algo así como lo que lograba el superdotado Serrat con el Loco en “De cartón piedra”.

Siguiendo con las anécdotas, no puedo dejar de mencionar su malentendido con el maestro Sabina. Alternando una noche ambos en el Bwana, Enrique le confesó que últimamente le andaban faltando las musas. Joaquín le enseñó entonces los primeros versos de una canción aún inacabada. Enrique, pensando que Joaquín no los utilizaría, terminó la historia que empezaba con aquel mítico fue en un pueblo con mar, una noche después de un concierto. Paralelamente ambos terminaron la letra y le pusieron música, el ubetense con su toque canalla, y Enrique, como acostumbraba, haciendo un homenaje a los perdedores. Y aunque ambas historias tienen su gracia, y habitualmente idolatro al maestro Sabina, he de decir que en este caso la versión de Enrique me parece más redonda.

En cuanto a composiciones propias, cabe destacar también la versión del tema que primeramente había tocado con Los Secretos, “Agárrate a mi María”. Con Los Problemas Enrique lo convirtió definitivamente en una ranchera. Hay quien dice que es para lo que se pensó inicialmente. Controversias aparte, esta canción es una de esas que hace que algunos definan a Enrique como “un artista de la emoción”. La letra cuenta la historia de un drogadicto, el propio Enrique y su hija, María. Y, al igual que tantas otras canciones de Enrique puede, en un momento dado, remover sentimientos de principio a fin. Especialmente si se es o se ha padecido a un padre tarambana.

Desgraciadamente, a veces los genios no son todos lo pragmáticos que debieran, y así, a veces, les llega la muerte eterna cuando sólo buscaban una efímera, un descanso para el espíritu.

Y digo genio porque Enrique era, en mi opinión, uno de esos artistas rara avis. Como dirían algunos, “tocado por los ángeles”. Su obra tiene ese algo inexplicable, ese feeling, ese duende, que hasta los más profanos en cuestiones musicales podemos distinguir y que, siempre desde mi punto de vista, hace a un artista grande.

Noelia Jiménez Fernández

Carátula de: Desde que no nos vemos .

Publicado en verano del 2014

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