Crítica
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Malikian, lo divino y lo humano

Los divinos en el Teatro de La Latina

Los divinos. Ara Malikian, Juan Francisco Padilla, Jorge Fournadjiev, Inma Almendros y Moisés Molín. Teatro La Latina, mayo de 2012

En escena una chica guapa y simpática que se mueve con soltura y gracia por el escenario, un calvorota que hace de antipático y un melenas que hace de lelo, además de un obeso que hace de obeso. Bueno, en realidad lo que estaba sobre el escenario fueron dos violines, un chelo, una guitarra, y un tenor, Inma Almendros, Ara Malikian, Jorge Fournadjiev, Juan Francisco Padilla y Moisés Molín, atreviéndose no contra un público atento al seguimiento minucioso de la partitura, sino a favor de ese otro público dolorido por el titular de la prensa y el sobresalto económico de todos los días, seduciéndolo, jugando a ganárselo por todos los medios, farsa y charlotada todo en uno, qué más da. Quizá algún sostenido no está bien en algún momento pero es difícil mantener la mano en posición mientras se baila o se hacen acrobacias.

Ara Malikian, un águila salida del Cáucaso y nacida para dorarse (“broncearse” diría quizá su personaje) al sol del Mediterráneo, es una fuerza natural que no teme a los retos. Siempre cercanos al vodevil y al teatro de calle, sus espectáculos mantienen una línea de humor, desenfado y sobre todo, cercanía al público. Los que conocemos de cerca a algunos músicos del ámbito llamado “clásico” sabemos lo mucho que les gusta bromear con la música clásica, la contemporánea o simplemente los ruidos que son capaces de sacar de su instrumento; lo fácil que se les va el arco o la tecla a una melodía pop o a una canción rock, pero también, cómo esas bromas prefieren dejarlas siempre en la intimidad para evitar que se les tome por “poco profesionales”. En los plúmbeos e impecables solos de Anne-Sophie Mutter no seremos capaces de encontrar la más mínima desafinación (yo al menos, aún no he sido capaz de encontrarla). En los conciertos del gran Maxim Venguerov, además de afinados hay siempre tiempo para un bis (tan difíciles con la Mutter) con una agilidad alegre y vitalista que parece querer romper siempre unas copas después de un brindis cordial con todo el público de la sala. Malikian por su parte es el violinista que rompe todos los moldes y ofrece un auténtico espectáculo de humor, casi una incursión en el ámbito de la comedia del arte sin moverse de la cultura popular. Porque lo que ofrece este espectáculo de música “clásica” (canzonetas napolitanas, arias de ópera o fragmentos de conciertos) no salen fuera de lo estrictamente popular (incluyendo el homenaje final a Pavarotti) repetido en mil conciertos multitudinarios, mil grabaciones o mil programas televisivos, con la alegre novedad de aliñarlo con canciones de rock o parodias de videoclips ya “clásicos” (los espectadores de corta edad es lo que más aplaudieron, aunque para que los más jóvenes llegaran mejor a la broma tendrían que actualizar las canciones y los videoclips; ya ha llovido mucho desde los grandes éxitos de Michael Jackson).

La obra, que se representa estos días en el Teatro La latina, es una nueva colaboración entre el violinista y la directora Marisol Rozo, después de montar juntos espectáculos familiares como Mis primeras cuatro estaciones y Cuentos del mundo – Armenia.

Teatro básico y efectivo, con la pureza y naturalidad de una barraca. Un espectáculo que no exalta la técnica sino la diversión. Si pueden ir con niños que tengan uso de razón y algo de interés por la música no dejen de llevarles. Se divertirán.

Prisco Basilisco

Publicado en verano del 2012

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