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Recital de Yuja Wang en Madrid


Études-tableaux op. 39, nº 4-6, Élégie op. 3, nº 1. Serguéi Rajmáninov; Ballade op. 19. Gabriel Fauré; Sonata nº 5, op. 53. Alexander Scriabin; Phantasien op. 116. Johannes Brahms; Triana. Isaac Albéniz; Soirée dans Grenade. Claude Debussy; “Carmen” Variations. Bizet/Horowitz. Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música. Ciclo de conciertos y solistas extraordinarios de Juventudes Musicales de Madrid. 13 de marzo de 2012. Yuja Wang, piano.

Yuja Wang (Beijing, 1987), considerada una de las grandes jóvenes pianistas a nivel mundial, inició una breve gira por España dentro del reconocido ciclo de conciertos de Juventudes Musicales de Madrid. Durante esta visita promocionaba su nuevo disco Fantasia para el sello Deutsche Grammophon, lo que permitió apreciar de cerca al “fenómeno Wang”. La crítica internacional ha destacado su magnífica técnica, su gran despliegue virtuosístico y su impresionante agilidad; por otra parte, menos favorable, también se ha señalado cierta falta de profundidad interpretativa y, sobre todo, la influencia del márketing y los medios en su carrera (aún resuenan los ecos sobre el vestido usado para su debut en el Hollywood Bowl el año pasado). En esta ocasión, los argumentos musicales se impusieron sobre todo lo demás.

El programa comenzó con una selección de los Études-tableux op. 39 (números 6, 4 y 5) de Serguéi Rajmáninov, intercalando entre ellos a la Élégie op. 3 nº 1, del mismo autor. Wang exploró el lado más emotivo e íntimo de las obras, sin forzar nunca la melodía ni buscar la sonoridad efectista, generando la tensión desde las voces internas y el acompañamiento. Con ello propuso un exitoso conflicto de emociones y una sensación constante de búsqueda y deseo, todo ello resuelto en varios clímax deliciosos.

En la Ballade op. 19 de Gabriel Fauré –una obra de la que también existe una versión para piano y orquesta–, la pianista nos presentó un mundo sonoro inmensamente rico, especialmente en la introducción, donde la sencillez se transformó en un arte de gran belleza. A medida que avanzaba la pieza pudimos constatar la claridad, intensidad, elocuencia, y, sobre todo, coherencia del discurso musical de Wang.

Concluyó la primera parte del recital con la Sonata nº 5 op. 53 de Alexander Scriabin, partitura de gran complejidad y dificultad, pilar del programa y gran reto para todo pianista. Yuja Wang liberó su imaginación y energía, alternando la seducción musical y, cuando era apropiado, el primitivismo rítmico inherente a la obra, construyendo una arquitectura sonora impresionante, aunque ello comprometió de manera casi imperceptible la exactitud de su ejecución.

Después del intermedio, con cambio de vestido incluido, les llegó el turno a las siete Phantasien op. 116 de Johannes Brahms, de las que Wang realizó una ejecución muy convincente, aunque se echó en falta un mayor énfasis de la rica textura rítmica, subyacente en ese juego interno de las voces tan característico del autor. A pesar de ello, la intérprete china logró uno de los momentos más hermosos del concierto en el Intermezzo en Mi mayor al crear un color en piano y pianissimo cristalino y delicado a su vez lleno de vida y emoción. En momentos como esos se derrumba cualquier duda sobre la capacidad de interpretación o musicalidad de la artista.

El tramo final del programa giró hacia España con la interpretación de Triana (de la suite Iberia) de Isaac Albéniz y Soirée dans Grenade (de Estampes) de Claude Debussy. Ambas obras fueron abordadas con seguridad y elegancia, dotando a las líneas melódicas de un fraseo sentido y adecuado. De especial interés fue la obra de Debussy, donde la solista consiguió evocar la sensual e intrigante atmósfera granadina, obteniendo del ritmo de habanera una delicadeza y coquetería exquisita.

Cerraron el programa las “Carmen” Variations de Vladimir Horowitz, basadas en temas de la ópera de Georges Bizet; obra ingeniosa donde la gran precisión de Yuja Wang en los pasajes técnicos, especialmente en las escalas, se manifestó sin límites y con una facilidad deslumbrante. Una gran ovación del público, en pie, fue su recompensa, tras la que regaló dos propinas: el Valse op. 64, nº 2 de Frédéric Chopin y la Tritsch-Tratsch Polka op. 214 de Johann Strauss (en arreglo de György Cziffra). Ambas incluidas en el disco antes mencionado, sirvieron para confirmar el buen gusto y enorme dominio técnico con el que Wang aborda el repertorio pianístico.

Es innegable que Yuja Wang es, al igual que sus compatriotas Lang Lang y Yundi Li, un gran talento y una realidad musical, aunque aún queda por comprobar si adquiere esa “pátina” que el tiempo y la experiencia añaden para que se consolide entre las leyendas pianísticas a las que ella misma rinde homenaje.

Ludwig E. Carrasco Curíntzita

Publicado en abril 2012

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