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Alessandro StradellaEscúchalo en Spotify

Una vida en claroscuro

En ocasiones, la historia parece volverse caprichosa y entierra aquello que un día pudo ser titular en los diarios, o por el contrario, redescubre lo que anteriormente pasó sin pena ni gloria. Seguir este río de casualidades y azar puede ser apasionante y desconcertante a la vez, y más cuando uno tropieza con historias como la de Alessandro Stradella, uno de los compositores más destacados de la Italia de mediados del XVII y cuya vida ocupó más de un folletín en el París romántico del siglo XIX. Ciertamente no fueron pocas las razones para ello. Hoy las enciclopedias describen su carrera como deslumbrante y vanguardista; y a él como compositor líder de su generación, uno de los más versátiles de su época. Algo más de trescientas obras en su haber y un mérito más: haber sido capaz de ello llevando a la vez una vida escurridiza, escapando de nobles maridos vengativos, viajando de un lugar a otro huyendo de la justicia para terminar asesinado a puñaladas en una plaza de Génova.

Sus años en Roma

Alessandro Stradella nació en Nepi, un pueblo de la región italiana de Viterbo, el 3 de abril de 1639 en el seno de una familia noble, siendo su padre miembro de la orden de caballería de San Stefano, fundada en Pisa por los Médici. Al morir su padre, Alessandro vivió junto a su madre y su hermano Stefano en el palacio de Lante, en Roma, donde estuvo sirviendo como paje. Las primeras noticias de Stradella como compositor datan de 1667 a la edad de 20 años, cuando se interpretó un oratorio suyo escrito en latín. En esta primera etapa aparece ya un nombre que sería una constante en su vida, el del veneciano Polo Michiel, noble que empezó ya entonces a hacerle encargos musicales.

Durante esos años en Roma, Stradella siguió escribiendo oratorios, esta vez en italiano, y también cantatas, un género que sin ser drama incluía elementos dramáticos, como descripciones, explicaciones y diálogos. Fue el caso de Vola, vola in altri petti, estrenada en 1674 y que por primera vez en la historia de la música presenta la instrumentación del llamado concerto grosso; una forma donde el solista instrumental deja de ser un solo instrumento para pasar a ser un pequeño grupo de solistas y que en años posteriores haría popular el compositor Arcangelo Corelli, y seguiría su desarrollo en figuras como la del alemán Georg Friedrich Handel. Datan también de entonces las primeras muestras de su obra puramente instrumental, en ocasiones también escritas para esta formación de concerto grosso.

Eran buenos años para Stradella, quien en 1675 vio reconocidas sus habilidades por el mismísimo Papa Clemente X, quien lo convirtió en “siervo” de honor. Pero el pontífice quizás se lo hubiese pensado dos veces de haber sabido la estafa que planeaba conjuntamente con el castrado Giovanni Battista Vulpio, y que le llevaría a tener que abandonar Roma: consiguieron que una “vieja y fea” mujer les diese 10.000 escudos bajo la promesa de arreglar un matrimonio para ella con un familiar del cardenal Cibo, entonces secretario papal del estado. La maniobra no les salió demasiado bien, y fueron amenazados con ir a prisión, así que Stradella abandonó Roma en febrero de 1677. Otros rumores apuntaban a numerosas relaciones con mujeres de la ciudad que le crearon multitud de enemigos poderosos, entre padres y maridos, además de un supuesto intento de desfalco a la misma Iglesia de Roma. Cierto o no, Stradella inició un nuevo viaje con destino a Venecia.

Venecia y el “affair” Contarini

La Venecia de finales del Seicento fue el nuevo escenario de la vida de Alessandro Stradella. Para empezar, siguió contando con los encargos de Polo Michiel y también de su hermano, pero el trabajo que marcaría esta etapa de su vida sería el que le ofreció Alvise Contarini, un noble de la ciudad: ser el profesor de música de su amante, Agnese van Uffele.

Vistos los antecedentes, no es de extrañar que a los pocos meses Alessandro y Agnese se fugasen juntos a Turín. Desde allí, Stradella llegó incluso a pedir cartas de recomendación a Polo Michiel, pero tuvo poco tiempo: al cabo de apenas tres semanas Contarini se presentó en Turín, y la pareja se recluyó respectivamente en los monasterios de San Domenico y Santa Maria Magdalena, huyendo de las represalias del noble. Contarini se marchó, pero no sin antes dar una instrucción muy clara al arzobispo: la chica debería casarse con Stradella u ordenarse monja. Agnese optó por la primera opción, y parece que la presión pudo con Alessandro, quien aceptó y firmó el contrato de matrimonio. Y fue justo ese día a la salida del convento cuando dos hombres le atacaron por la espalda, tras dejarlo tirado en la calle y darlo por muerto corrieron a refugiarse a casa del embajador francés.

Que los mercenarios fueron contratados por Contarini fue evidente muy pronto, en las cartas que la regente Maria Giovanna Nemours cruzó con el rey Luis XIV, quejándose de la actitud del embajador al acoger a los asaltantes e interferir en su territorio de gobierno. Así, el affair Stradella se convirtió en un asunto diplomático de alcance internacional.

Pero Stradella no había muerto en el ataque, y una vez solucionadas sus diferencias con Contarini se trasladó a Génova a principios de 1678. Llegó solo: de Agnese van Uffele nunca más se supo.

El final de su vida: Génova

Génova sería, pues, su último destino. Nada más llegar se hizo cargo de la orquesta del Teatro del Falcone y se le dio la oportunidad de preparar a algunas de las cantantes femeninas. Un grupo de nobles se hizo cargo de su sueldo y manutención, ofreciéndole casa, comida y sirviente, a cambio, sólo podría trabajar en Génova. En esos años se hicieron públicos títulos operísticos como La forza dell’amor paterno, Le gare dell’amor eroico o la ópera cómica Il Trespolo tutore. Además, al mismo tiempo enseñaba y componía músicas de otros géneros.

El final de su vida le llegaría a los 42 años, en la Piazza Banchi. Fue apuñalado hasta la muerte y ni su asesino ni los motivos fueron descubiertos. Génova era vista como una ciudad de puritanismo público y crimen privado, y se rumoreó que el asesinato habría podido organizarlo un tal Giovanni Battista Lomellino. Su historia no podía ser más maquiavélica ni su motivo más básico: los celos. Una actriz había quedado embarazada, supuestamente del Abad Granvella, y Lomellino la había ayudado después de que éste la abandonara. Por lo visto, dicha actriz prefirió a Stradella antes que a él. Otra línea de investigación apuntaba a su amigo y también músico Carlo Ambrogio Lonati, quien fue expulsado de Génova tras los hechos e intentó en vano volver al año siguiente. Sea como fuere, Stradella fue enterrado en 1683 en la iglesia de Santa Maria delle Vigne, una de las iglesias más aristocráticas de Génova, siendo su funeral digno de un hombre respetado. Y es que ninguno de sus escándalos personales afectó nunca a la demanda del público por su música.1

Su legado

Visto lo visto no es de extrañar que la figura de Alessandro Stradella despertase más que curiosidad en el siglo XIX. Hasta entonces, su recepción había sido irregular: en su época considerado uno de los mayores compositores del momento, con la entrada del siglo XVIII figuras como Corelli o Vivaldi consiguieron eclipsar su obra, aunque su música nunca dejó de interpretarse, especialmente en Italia e Inglaterra.

Esta misma época fue testigo del crecimiento también de la “Leyenda de Stradella”, que elaboraba y reelaboraba las peripecias y aventuras del compositor, añadiendo episodios nuevos; siendo el más famoso uno en el que los primeros asesinos no fueron capaces de cumplir su cometido porque tras haber escuchado una de sus obras quedaron tan conmovidos que le dejaron marchar. Esta historia fue hilo conductor de diversas óperas como Stradella de Louis Niedermeyer (1837) o Alessandro Stradella de Friedrich von Flotow (1844), además de numerosos cuentos, canciones, poemas y obras de teatro, prueba del creciente interés que mostraba el siglo XIX en la reinterpretación imaginativa del pasado. Curiosamente, el aria más conocida atribuida a Stradella, Pietà, Signore, no fue escrita por él, sino que todo parece a apuntar a una falsificación romántica.

En definitiva, una historia difícil de resumir en toda su amplitud, llena de claroscuros al más puro estilo barroco, que no dejó indiferente y sigue sin hacerlo, una capacidad que sólo tienen las vidas vividas intensamente. Pero sobre todo una historia que se refleja en una música brillante y emotiva a partes iguales. Una música que llega hasta nosotros y permanece.

María R. Montes

1 Gianturco, Carolyn. “Stradella, Alessandro”. Grove Music Online. Oxford Music Online. Oxford University Press. Web. Última consulta: 20 octubre 2012.

Imagen procedente de Canaletto,Veduta del Canal Grande verso la punta della Dogana, Pinacoteca Brera.

Publicado en noviembre/diciembre 2012″ alt=”Noviembre

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