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Syrinx y Pan

La importancia musical de un mito

De la Arcadia en los helados montes, entre las Hamadríades muy célebre, las Nonacrinas, Náyade hubo una; las ninfas Syrinx la llamaban”

Por todos es sabida la importancia que las diferentes deidades y demás seres mitológicos han tenido a lo largo de la historia de la música como fuente de inspiración en la creación de algunas de las más grandes obras musicales. Son testigos de esto Orfeo de Monteverdi, Dido y Eneas de Purcell, Dafne de Peri y Caccini, Ariadne en Naxos de Richard Strauss, entre una larga lista.

Lo que no es tan común es que los protagonistas de un mito tengan una gran relevancia en el origen de alguno de los más destacados acontecimientos y puntos de inflexión del devenir musical. Curioso destino. Es el caso de Syrinx y Pan.

Pero… ¿quiénes eran estos personajes?

La primera fuente escrita que tenemos del mito de Syrinx y Pan se encuentra en La metamorfosis de Ovidio.1

En esta obra, Mercurio lo utilizó para explicarle al dios Argos el origen de un instrumento que tenía cautivado a este último por la dulzura y misticismo de su sonoridad. La flauta.

Syrinx era el nombre con el que las ninfas hamadríades de la Arcadia conocían a la más especial entre ellas, la única náyade. Su particularidad descansaba en su espectacular belleza, deseada por todos, aunque solo pertenecía a una, la diosa Diana, a la cual rendía culto con la preservación de su virginidad.

La belleza de la ninfa no pasaba desapercibida para nadie, pero especialmente para Pan, el dios fauno mitad hombre, mitad macho cabrío, que no puede evitar el deseo de conseguirla en cuanto advierte su presencia. Y de hecho comenzará una persecución que llevará a los protagonistas hacia un final tan místico como inesperado en el río Ladón.

En este lugar, Syrinx le pide a sus hermanas hamadríades que eviten que sea capturada por Pan y le permitan retener su devoción por Diana, a lo que las ninfas acceden convirtiéndola en una de las tantas maderas de caña que poblaban las laderas del río. Una vez llega Pan a la orilla, se encuentra con un vacío, sin rastro de Syrinx.

Sin embargo, algo le advierte de su presencia. Los primeros soplos de aire que se elevan en el ambiente producen un sonido muy especial al vibrar contra la madera de caña, que acaba cautivando al fauno tanto por su dulzura como por su bella armonía, reviviendo el recuerdo de la ninfa. Pan corta algunas de estas cañas y las une entre sí creando un instrumento que al emitir sonido le recuerde a su deseada ninfa. A este instrumento le llamará “Syrinx” en su memoria. Nace la flauta de Pan.2

Este mito explica el origen de la flauta, uno de los instrumentos más antiguos y presente en la mayoría de las culturas y civilizaciones a lo largo de los siglos. Qué curioso puede a veces resultar el destino para que una flauta, un fauno y una ninfa estén presentes nuevamente varios siglos después, como si el viejo mito quisiera volver a unirlos, en unos acontecimientos que serán fundamentales en la historia de la música: el sistema Boehm, el nacimiento de la música contemporánea y el renacer de la flauta como instrumento solista.

En el transcurrir del siglo XIX hacia los umbrales del siglo XX algo iba a cambiar en el panorama musical. La música tonal estaba llegando a los límites de su expresión y algunos instrumentos, dado el arcaísmo de su sistema mecánico, habían quedado acústicamente desfasados, lo que hacía necesario una evolución.

Este es el caso de la flauta, lejos de sus tiempos de esplendor en épocas barrocas y clásicas con obras como la Sonata en la menor wq 132 de C. P. E. Bach o el Concierto en Sol Mayor Kv 313 de W. A. Mozart, había sido relegada paulatinamente a un papel secundario por instrumentos como el clarinete o el oboe. Era necesaria una actualización tecnológica de su mecanismo que le permitiese evitar los problemas de afinación y registro de los que le acusaban muchos compositores para volver a ser ese instrumento de referencia y bella sonoridad del pasado. Esta revolución tecnológica será llevada a cabo por el músico e inventor Theobald Boehm.3

En el año 1847, después de años de I+D+I, Boehm consigue crear un nuevo mecanismo basado en un novedoso sistema de interconexión de llaves, sustituyendo el cuerpo de madera del instrumento por metal con forma cilíndrica y una cabeza de carácter parabólico. Todos estos cambios permitían abrir y cerrar mecánicamente una mayor cantidad de orificios a la vez. Mejoraba la calidad de las propiedades acústicas del instrumento, le dotaba de un nuevo color en el sonido, una mayor afinación y un aumento del ámbito y registro, lo que provocaba un gran avance a nivel interpretativo tanto en agilidad como en los efectos sonoros que se podían conseguir.

La revolución de Boehm en la flauta estaba hecha, su sistema acabará por convertirse en la base fundamental en la segunda mitad del siglo XIX y todo el XX, e incluso se adaptará para otros instrumentos. Pero faltaba la revolución más importante para hacer efectiva esta evolución: la musical. Y es aquí, donde el Fauno comienza sigilosamente a hacer acto de presencia.

En el último tercio del siglo XIX, los alarmantes y evidentes signos de agotamiento del sistema tonal, que había llegado a su máxima expresión en tiempos de Bach, Haydn, Mozart y Beethoven, eran ya un hecho consumado. Comenzaba a surgir entre los compositores la necesidad de buscar nuevos mecanismos de composición y de expresión, de mirar hacia otros sistemas y procedimientos diferentes de creación, incluso exóticos, que permitiesen buscar una salida a la cerrazón tonal. Y paradojas del destino, los protagonistas de un nuevo origen son unos viejos conocidos.

En 1894 Claude Debussy estrena entre una gran expectación, admiración y polémica el Preludio a la siesta de un Fauno,4 otorgándole el protagonismo absoluto de los primeros compases al mitológico instrumento creado por Pan y eficazmente reconstruido por Theobald Boehm.

Considerado hoy como el inicio, el punto de inflexión y el origen de la música contemporánea, este poema sinfónico es la primera obra de conjunto orquestal en la cual la “nueva” flauta comenzó a mostrar de nuevo ese poder cautivador y bella sonoridad de épocas pasadas. Pero incluso va más allá de eso.

A partir de esta pieza, el instrumento mentado originalmente por Pan en el río Ladón irá paulatinamente recuperando el protagonismo y el lugar perdido en el ámbito solista, extendiendo las composiciones para él de manera creciente y sistemática. Aunque todo esto no se conseguirá definitivamente sin el protagonismo de aquella en la cual fue inspirado. Syrinx muestra de nuevo su presencia, y esta vez para quedarse.

En 1913, después de algunas dudas, como el propio compositor del Preludio muestra en su correspondencia privada,5 en esa misma Francia que parece que enfoca su mirada hacia la antigua Arcadia, una nueva creación de Debussy permitirá el regreso de la ninfa, y con ella la consolidación definitiva del instrumento que fue hecho a su semejanza.

La obra Syrinx6 fue estrenada el 1 de diciembre de 1913 como parte integrante de Psyché,7 creada en colaboración entre Debussy y el dramaturgo Gabriel Mourney, quien curiosamente fue integrante del movimiento simbolista francés liderado por Baudelaire, y que tuvo como figura destacada a Stéphane Mallarmé, autor en el que se había inspirado el propio Debussy para la creación del Preludio a la siesta de un fauno. Paradojas del destino, a través del compositor francés, como si de una conspiración divina se tratase, vemos al fauno y a la ninfa unidos de nuevo.

Ambas obras ocupan hoy en día un lugar privilegiado en el renacimiento de un instrumento el cual debe su origen mitológico a estos mismos personajes; y ambas obras son también consideradas primas hermanas desde el punto de vista musical. De nuevo Syrinx y Pan, un fauno y una ninfa, serán creadores de un nuevo mito con un mismo nexo de unión, una flauta.

Si el Preludio a la siesta de un fauno es lo que a la música del siglo XX el nacimiento y punto de inflexión, Syrinx no es menos en el repertorio musical de la flauta, ya que marca un antes y un después en la recuperación del protagonismo solista de este instrumento. Aunque originariamente forme parte integrante de la obra Psyqué, pronto se convertirá en una referencia para flauta sola por la insistencia de los intérpretes en tocarla debido a su calidad en sí misma, ya que los sonidos emitidos durante su interpretación permitían mostrar la nueva dimensión del instrumento reinventado por Theobald Boehm. Sus propias características musicales, basadas en el contraste bitonal de las escalas hexatónicas de Si b y Re b, muestran el carácter opuesto de los estados de conciencia y subconsciencia de la ninfa e introducen a los oyentes en un nuevo y cautivador mundo sonoro.

El mito de la Arcadia sirve en el caso de Debussy para configurar un nuevo origen, como en aquella lejana época mitológica. ¿Qué nuevo mito nos deparará? Solo el destino lo sabrá. De lo que sí seremos conscientes los amantes de la música es que cada vez que escuchemos una melodía de este instrumento Syrinx y Pan estarán presentes, y quizás algo nuevo podrá suceder.

Silencio… algo suena.

Miguel Ángel López Hermida

1 OVIDIO. Las metamorfosis. Barcelona, Bruguera, 1983. 

2 Nombre con el que se conoce el instrumento creado por el Fauno y la obra de Debussy para flauta en un principio, ya que la editorial encargada de publicar la obra por primera vez –Jobert– cambió su nombre posteriormente por el de Syrinx para evitar la confusión con otra de sus obras, Chansons de Bilitis, que también contiene un movimiento llamado “La flauta de Pan”.

3 BATE, Philip; BÖHM Ludwing. “Theobald Boehm”. En: The New Grove Dictionary of Music and Musicians. London, Ed. Stanley Sadie, Vol. III, 1980, pp. 777-778.

4 DEBUSSY, Claude. Prélude à l’après-midi d’un faune. Paris, Ed.Fromont, 1895.

5 DEBUSSY, Claude. Correspondence (1872-1918). Paris, Ed.Gallimard, 2005, pp. 1590-1696.

6 DEBUSSY, Claude. Syrinx: pour flûte seule. Paris, Ed.Jobert, 1927.

7 En concreto, Syrinx se interpreta en la primera escena del tercer acto de esta obra.

 

Imagen (portada): Pan y Syrinx, Peter Paul Rubens, 1617-1619.
Imagen (interior): Pan y Syrinx, Peter Paul Rubens, ca. 1636.

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Publicado en febrero 2014

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