Crítica
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Transubstanciación Beethoveniana

Zubin Mehta dirige la Heroica y la Pastoral a la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino

Auditorio Nacional, 14 de septiembre de 2013. Juventudes Musicales de Madrid – Ciclo Conciertos y Solistas Extraordinarios. Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Dir.: Zubin Mehta. Programa: Sinfonías nº 6 y nº 3 de Beethoven.

Pongamos las cartas sobre la mesa: ni la orquesta del Maggio Musicale es una de las grandes formaciones sinfónicas europeas ni Zubin Mehta es, a pesar de su renombre, uno de los mejores directores de su generación. Y sin embargo Beethoven es siempre Beethoven; incluso en una interpretación mediocre siempre se conserva algo de su vitalidad, de su inspiración y su nobleza. Al menos eso pensaba yo antes de este concierto.

En la primera parte se interpretó la Sinfonía Pastoral. Ya desde el inicio se pudo comprobar que la sección de cuerda, absolutamente sobredimensionada, era más adecuada para una sinfonía de Bruckner. Por otra parte, los tempi que impuso Mehta, inauditamente pesantes, lastraron la interpretación de una forma tal que ni la música del “divino Ludwig van” pudo soportarlo. Faltaba alegría y vitalidad, pero además faltaron matices y contrastes. Mehta llevó a cabo a una sorprendente y sistemática labor de “aplanamiento”–en el sentido en que Robert Bresson aplicaba a las imágenes de sus películas– que nunca puede sentar bien a la música romántica. Especialmente dolorosa fue la transición entre el tercer y cuarto movimiento, ese sublime momento en que se barrunta la tormenta, que desapareció por completo. Aquí la tormenta vino de repente; la diferencia entre suspense y sorpresa, que diría Hitchcock. E igualmente llamativa fue la ausencia de clímax en el movimiento final. En medio del marasmo sólo se salvaron las notables intervenciones del flautista y oboe solistas de la orquesta.

Ante tal panorama la interpretación de la Sinfonía nº 3, “Heroica”, en la segunda parte no parecía nada prometedora. Me referiré a ella por contraste. Unas semanas antes había tenido la ocasión de escuchar la misma obra a la Orquesta de Cámara de Escocia dirigida por Robin Ticciati en la Quincena Musical. Para empezar, los efectivos empleados fueron aproximadamente la mitad que los de este concierto. Pero, sobre todo, la lectura de Ticciati fue vitalista, arrolladora por momentos, clara, rica en matices, con un gran control de las dinámicas, incluso con cierto sentidodel humor en el cuarto movimiento y la implicación de la orquesta fue ejemplar. Pues bien, la de Mehta y la orquesta del Maggio Musicale fueron todo lo contrario. No me extenderé más. A pesar de todo, fue del agrado del público y hubo propina: la obertura de Las bodas de Fígaro. No cabía imaginar nada más inoportuno.

Durante el descanso del concierto, pensando en cómo diablos iba a reflejar lo que estaba escuchando, de repente tuve una revelación, una epifanía que diría Joyce (para que no todo sean referencias cinéfilas). En el mediometraje de Woody Allen Edipo reprimido,tercera y última parte de la película Historias de Nueva York, el protagonista se refiere al pollo que cocinaba su madre más o menos en estos términos: “era increíble, conseguía quitarle todo el sabor”. Zubin Mehta lo consiguió con Beethoven. En alguna ocasión leemos con sonrojo la expresión “mago de la batuta” referida a un director. A Mehta, en cualquier caso, le iría mejor la de “mixtificador” o “alquimista”.

Imanol Temprano Lecuona

Publicado en octubre 2013

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