El placer del lento descubrimiento

Esperanza Spalding presenta Emily's D+Evolution en el Festival Internacional de Jazz de Madrid

EL CREPÚSCULO DEL POETA DEL JAZZ
En el último rincón de Bill Evans

Juan Carlos Justiniano López

LA OMNIPRESENCIA DEL TALKIN' BLUES
Miseria y redención en el universo...

Josep Pedro

CONTRABAJOS COMO ARMAS DEL ALMA
El libro de emociones de Avishai Cohen

Andrea P. Envid

Festival Internacional de Jazz de Madrid. JazzMadrid15. Emily's D+Evolution. Esperanza Spalding (bajo y voz), Emely Elbert (voz y guitarra), Matt Stevens (guitarra), Corey King (sintetizador y coros) y Justin Tyson (batería). Madrid, Sala La Riviera, 16 de noviembre de 2015.

Después de un vergonzoso parón que dejó a Madrid huérfana de un festival de jazz a la altura de cualquier capital europea, este noviembre se está celebrando la segunda edición del JazzMadrid15. Conformado por una cantidad más que notable de conciertos, conferencias e incluso el visionado de algún documental, el Festival Internacional de Jazz de Madrid madura cada año construyendo un discurso con amplitud de miras y confeccionando una propuesta de carácter incluyente, como resulta el propio significado de esta música en la actualidad: en los tiempos que corren el jazz es un concepto polisémico, poliédrico; más un vehículo que un fin, más que una porción del léxico que define un sonido una sintaxis que coordina comportamientos y gestos.

La nueva sede estable del festival –junto a una extensa red de salas y locales nocturnos– es el Auditorio del Centro Cultural Conde Duque, un lugar cómodo e idóneo para unas músicas que también son de concierto. La última propuesta de Esperanza Spalding requería otro tipo de espacio que, sin embargo, quedó algo grande: La Riviera. Pudo ser el lunes, pudo ser el elevado precio de las entradas en relación al grueso de las citas del festival, pero difícilmente podría atribuirse a un potencial desinterés por la música de Spalding que, ante todo, siempre se muestra seductora.

Y es que la trayectoria de la bajista y cantante ha sido de todo menos plana, como refleja la considerable nómina de registros con los que cuenta pese a su juventud. Junjo (Ayva Music, 2006), Esperanza (Heads Up International, 2008), Chamber Music Society (Heads Up International, 2010) y Radio Music Society (Heads Up International, 2012) son álbumes que manifiestan cómo la música de Spalding ha crecido en atrevimiento, complejidad y compromiso estético. Cada una de las formulaciones –que parece representar un ciclo evolutivo bienal– parte de una premisa distinta que nace y se desarrolla para, finalmente, deconstruirse y volver a ser enunciada. Esperanza Spalding ya ha frecuentado la práctica del jazz más tradicional y canónico; ya ha experimentado con la fusión y refundición del elemento latino, afro y brasileño (con una fuerte marca del Wayne Shorter de los años setenta); o con los giros de la música negra, el funk o la inspiración clásica y lírica, terreno para el que Spalding está dotada con una voz y una sensibilidad extraordinariamente privilegiadas.

La bajista se desenvuelve con pericia y sin prejuicios en esa perpetua variación camaleónica hasta el punto de que en sus últimos trabajos se intuyen sus atentas escuchas de rock que han eclosionado en su última aventura. Emily's D+Evolution es un proyecto que antes de ser publicado discográficamente –el próximo CD de Spalding será autoproducido, lo que explica, en parte, lo atrevido del mismo– está rodando por Europa y Norteamérica. Libre de corsés, Esperanza Spalding se ha adentrado en un extraño y estimulante camino en cuyo tránsito alcanza cotas creativas cuando menos interesantes. Podría decirse que se trata de un experimento que conjuga los elementos y materiales de una banda tradicional de rock para decantarlos en un puñado de canciones de en torno a los tres minutos de rigor. Pero es mucho más: Emily's D+Evolution se asemeja a un espectáculo con su escena, su tramoya, sus coreografías, su plan dramático y sus personajes que se asienta en una música estrictamente contemporánea, no idiomática, una suerte de free rock sobre base pop repleto de disonancias, altisonancias, colmado de continuos y repentinos cambios de registro tan erráticos e inquietantes como sorprendentes y deliciosos. La propia Spalding reconoce, de manera tan literaria como elocuente, que la inspiración de Emily's D+Evolution fue de carácter lunático (en su sentido estrictamente etimológico). Desde luego los principios de su nueva música están lejos de lo diurno y lo cartesiano, a espaldas de cualquier coordenada o eje lógico, moviéndose cómodamente en el histrionismo y defendiendo un hedonismo ruidista donde la fuente del placer radica, precisamente, en el exabrupto.

Parece que las intenciones de Emily's D+Evolution no son otras que sorprender, asombrar e incluso desconcertar... pero no gratuitamente y siempre con exquisitez. El público, que no quedó saciado, experimentó todas estas reacciones durante los apenas ochenta minutos de espectáculo, claramente insuficientes para pronunciar una aprobación concluyente. El placer del descubrimiento a veces se degusta lentamente, y lo único que faltó para romper esa pantalla que se impuso entre el quinteto y la sala –en gran medida extrañada por la apuesta más arriesgada de la de Seattle en su carrera– fue tiempo.

Dicen que el éxito es para los que arriesgan. El proyecto de Spalding todavía está echando a andar, por lo que tendremos que esperar para juzgar en un sentido u otro. De momento no cabe duda de que Emily's D+Evolution despierta un inmenso interés directamente análogo a la curiosidad insaciable de Spalding. Y en eso, ella se erige como un ejemplo extraordinario en estos tiempos donde, para algunos de sus colegas de escena –cuyas carreras pierden interés a medida que aumenta su popularidad–, el riesgo no forma parte de su vocabulario. A Esperanza Spalding, sin embargo, nunca se la podrá acusar de ceder en su búsqueda honesta de nuevos rumbos ni de abstenerse de experimentar con nuevos lenguajes y sonidos. Disfrutar en directo de otro capítulo de ese continuo proceso de reinvención resulta siempre estimulante y, en este caso, sumamente placentero.

Juan Carlos Justiniano

Fotografía: Tbilisi Jazz y The Art Blog (portada).

     
     
Persíguenos en Facebook Persíguenos en Twitter Visítanos en Flickr ¡Suscríbete! Canal de YouTube Spotify ¡Suscríbete!