La semana en que el jazz inundó Alicante

Eclecticismo y calidad en el Fijazz 2016

EL CREPÚSCULO DEL POETA DEL JAZZ
En el último rincón de Bill Evans

Juan Carlos Justiniano López

EL PLACER DEL LENTO DESCUBRIMIENTO
Esperanza Spalding

Juan Carlos Justiniano

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO
Chris Potter Quartet en el Ciclo Jazz

Juan Carlos Justiniano

Festival internacional de Jazz de Alicante, Fijazz. Conciertos de Nicolas Python, Jan Monheit, Gregory Porter […].Auditorio de la diputación de Alicante, del 15 al 23 de julio de 2016.

Hoy en día somos conscientes de que es imposible examinar un género musical concreto del que podamos abarcar todas las características bajo una sola denominación. No podemos hablar de música clásica y meter en un mismo saco a Bach y Stravinsky, igual que no hablamos de música alternativa equiparando a Coldplay o Manel. Y un verano más, y ya van 19, en Alicante hemos podido comprobar lo inalcanzable que resulta hablar de jazz e intentar unificarlo todo en un mismo estilo sin apreciar la alta gama de diferencias y matices que existen entre todas las actuaciones. Los diferentes conciertos que hemos disfrutado a lo largo de esta semana de festival han mostrado al público ejemplos de las diferentes modalidades del género practicadas en la actualidad, desde el crooner con Gregory Porter, pasando al jazz más eléctrico con autores como David Pastor, o escuchando la atractiva fusión jazz-flamenco que nos trajo el saxofonista Antonio Lizana. Pero comencemos por el principio.

El festival comenzó con el concierto del Nicolas Pyton trío, que con su actuación consiguió que el público entrara en una atmósfera basada en la conjunción de sonoridades del sintetizador, contrabajo y batería, acompañados en contadas ocasiones por la trompeta o piano interpretados por el propio Pyton. Estos temas, mucho más relajados que los que vendrían en la segunda parte, intercalaron la faceta más virtuosística de los músicos que estaban al escenario con temas en los cuales la parte melódica simplemente se basaba en largos acordes de sintetizador acompañados por la batería y el contrabajo. Todo este contraste ayudó a generar una serie de polirritmias que conseguían hacerte flotar dentro de un mar de sonoridades.

A esta primera parte se añadió un nuevo instrumento que cambió por completo la dinámica del concierto. Hablamos de la voz de Jane Monheit, cantante que recientemente lanzó al mercado su último trabajo con versiones de temas popularizados por Ella Fitzgerald. Jane se hizo totalmente la dueña del escenario y deleitó al público con una serie de temas de este último CD, con solos añadidos para lucimiento de los instrumentistas. Jane mostró el gran registro vocal que posee y las cadencias adquiridas como propias de la Fitzgerald, que quedó patente en temas como “Something’s Gotta Give” o en el emotivo final de velada que concluyó con “This Time the Dream’s On Me”, quedando fuera de programa el archiconocido “I've Got You Under My Skin”.

No nos alejamos mucho de este estilo vocal de jazz para adentrarnos en el género crooner de la mano de Gregory Porter, que junto a su banda, su apariencia de gentleman y su voz, consiguió tener a todo el público embelesado durante la actuación. Muy destacables fueron las interpretaciones de “Musical Genocide” precedidas de un increíble solo de contrabajo, y “Wolfcry” interpretada a piano y voz y con una audiencia totalmente enmudecida ante la belleza de lo que se escuchaba. También merecen mención “Take Me to the Alley”, que le da nombre a su nuevo álbum –y que un pequeño problema de luces no permitió que fuera todo lo íntimo que se pretendía–, y la versión de “Quizás, quizás, quizás” con la que el cantante de Sacramento consiguió meterse al público en el bolsillo.

El miércoles 20 y jueves 21 nos trajeron dos actuaciones que demostraron que el panorama del jazz hispano tiene mucho que decir en lo que a géneros de jazz se refiere, aunque no tuvieron la misma suerte de cara al espectador. La primera fue la que ofreció Antonio Lizana, promesa del jazz español, cantante y saxofonista gaditano el cual concertó con su banda una fusión de flamenco-jazz en la que podíamos adivinar estilos de palo más flamenco como bulerías, soleás, “tangos flamencos”, o las seguijazz como el propio Lizana bautizó. Esta más que atractiva fusión, unida al carácter de Antonio y la banda, interactuando en todo momento con el público, pidiéndoles realizar sonidos vocales o palmas, y contando experiencias personales de cara a la presentación de los temas, provocó que la audiencia se sintiera identificada con lo que escuchaba haciéndola partícipe del concierto y pasando una velada más que agradable. Por su parte, el saxo llegando donde la voz de Lizana no alcanzó que, descalzo por el escenario, nos regaló un concierto con cierto sabor de “jazz nuestro”.

Todo lo contrario ocurrió con la actuación del trompetista de Sedaví (Valencia) David Pastor. El músico, junto a un pianista y un baterista quizá algo acelerado para lo que la atmósfera requería, nos ofreció una clase de electronic jazz, utilizando una amplia gama de sintetizadores, efectos, voces pregrabadas y demás aparatos que sin embargo provocaron que el público en ocasiones se sintiera perdido ante lo que estaba observando. Pienso que el problema que hubo con este concierto fue que necesitaba, quizá, algo de “pedagogía”, o al menos un contacto más cercano con el público que le permitiera sentirse identificado con lo que presenciaba (me resultó sorprendente que no comunicara nada con el público excepto el saludo y la despedida, mientras otros participantes del festival que tenían el impedimento del idioma sí hablaran con el público para introducirlo dentro del espectáculo). Aun así, no podemos decir que lo que vimos fuera un mal concierto: David Pastor nos regaló una mezcla de temas propios junto a standars actualizados a su estilo, además de una sugerente rearmonización del “María”de West Side Story que hubiera finiquitado un concierto bastante diferente a lo que habíamos visto hasta el momento, pero que no llegó a cuajar para el público.

Y para la recta final del festival nos llegaron dos nuevas ofertas internacionales bien diferenciadas, y quizá más cercanas a la idea que tenemos prefijada de jazz. Por una parte, el viernes 22 pudimos ver la actuación del bajista Stanley Clarke junto a su banda, los cuales nos ofrecieron un recital en el que quedaron demostradas (si no lo estaban ya) las grandísimas posibilidades que nos brinda el contrabajo para la interpretación solista del jazz. Temas aderezados con tintes rockeros como “Goodbye Pork Pie Hat” de Mingus sonaron en un concierto donde el público celebró en numerosas ocasiones las intervenciones solistas de los músicos, además de participar en el espectáculo a petición del propio Clarke, siendo quizá el concierto más aplaudido del festival. Es necesario mencionar el increíble talento mostrado por el baterista de la banda, un joven de apenas 21 años que llevó a la audiencia a un estado de tensión palpable en cada una de sus intervenciones, cargadas de energía e ingenio que hacen comprensible que alguien tan joven acompañe a este veterano bajista de jazz.

Y como todas las cosas buenas, llegamos con pena al final del festival con el último concierto, celebrado el sábado 23 de la mano del pianista Gonzalo Rubalcaba. El cubano dio una lección de improvisación interpretando temas con cierto gusto nacional. Destacaron en la actuación el primer tema del concierto, “Volcano” y la obra “El cadete institucional”, compuesta por el abuelo del propio Rubalcaba, el cual trabajaba en el ejército cubano, cuyo nieto adornó con nuevas armonías y sonoridades más cercanas al jazz que le es tan característico.

Con todo esto llegó el final de un muy interesante festival, con un lujoso cartel de artistas que acompañaron al público alicantino durante más de una semana. Quizá como aportes a próximas ediciones, y como opinión personal, se echó en falta más presencia femenina como protagonista de los conciertos (Jane Monheit fue la única, presente en medio concierto de un total de siete). Sin embargo, actuaciones como las de Porter o Clarke quedarán en la memoria del espectador durante, al menos, el año que nos toca esperar hasta el próximo festival que, sin duda, mantendrá si no superará el gran nivel de esta edición que nos ha mostrado que el jazz está más vivo que nunca.

Daniel Lloret Andreo

Imágenes: Fijazz, Alicante y La Información.

     
     
Persíguenos en Facebook Persíguenos en Twitter Visítanos en Flickr ¡Suscríbete! Canal de YouTube Spotify ¡Suscríbete!