Crítica
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51 edición de la Semana de Música Religiosa

Cómo sortear la crisis con inteligencia

51 Semana de Música Religiosa de Cuenca. 31 de marzo. 8 de abril de 2012. Teatro Auditorio de Cuenca, Catedral, Iglesia de San Miguel, Iglesia de la Merced, Iglesia de Santa Cruz, Iglesia románica de Arcas, Iglesia de la Presentación de Nuestra Señora de Valdecabras.

Si tenemos en cuenta que una posible definición de inteligencia es la de conseguir lo máximo a partir de lo mínimo, pensaremos, con razón, que la de la 51 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca es una programación inteligente. Superada la cincuentena y siguiendo la triste estela cultural a la que nos vemos abocados por los tiempos que corren, la SMR se ha enfrentado este año a un recorte de un 25% en su presupuesto en parte debido al abandono al que Caja Madrid (ahora Bankia) ha sometido a algunos festivales y ciclos musicales que venía patrocinando y que la valiente entrada de Caja Rural ha podido solventar solo parcialmente. El número de conciertos se ha visto reducido de 25 a 20 si contamos las liturgias del triduo que con fortuna nos viene acompañando de la mano de Juan Carlos Asensio y Schola Antiqua, y la visita acústica a la catedral, que constituye una de las sorpresas de esta edición. Sin embargo, soluciones inteligentes como el hecho de sustituir el concepto de “país invitado” –que obligaba a traer al festival a varias agrupaciones– por el del “grupo invitado”, a modo de conjunto residente al que implicar en varias actividades, supone un gran ahorro sin un gran menoscabo de la calidad, aunque sí es cierto que se pierde algo de variedad. De este modo, el conjunto L’Échelle ha sido el encargado de participar con 5 programas en otros tantos conciertos y su director Charles Barbier ha dirigido a la Escolanía Ciudad de Cuenca así como ha colaborado junto a Juan Carlos Asensio en el curso de iniciación al canto gregoriano que, sustituyendo las jornadas del año anterior, ha tenido lugar al inicio de la semana.

De la mano de l’Échelle se han recuperado e interpretado obras de la colonización americana de los siglos XVII y XVIII, como la realizada por del compositor luso Marcos Portugal, cuyo 250 aniversario se celebra este año. Otros de los autores homenajeados cuyas obras hemos podido oír estos días son Claude Debussy (150 años), Joan Cabanilles (300) y Giovanni Gabrieli (400). Un día después era el conjunto I Turchini el que, bajo la dirección de Antonio Florio, nos introducía en la bellísima música de la Semana Santa napolitana. Otra sorpresa nos esperaba el martes con la representación del Ordo Virtutem de Hildegard von Bingen en la Iglesia de San Miguel por parte del Ars Choralis Coeln y, un día más tarde, Le Concert Lorrain y el Nederlands Kamerkoor nos ofrecían La Pasión según San Juan del siempre fundamental en estas citas J. S. Bach.

Llega el jueves santo y el auditorio consigue un lleno total ya que va a sonar la Misa de réquiem de Mozart, mediática y efectista, precedida de la grata sorpresa que supone el descubrimiento para muchos de la Missa pro Defunctis del que fuera hermano menor de Franz Joseph, Michael Haydn. Una obra compuesta sin duda bajo el sentimiento de la muerte reciente de su primera hija antes de cumplir el año y del que hasta entonces había sido su patrón y persona de confianza, como indica Marco Antonio de la Ossa en unas interesantes notas al programa. Un programa de peso del que el Kings Consort, orquesta y coro dirigido por Robert King, sale más que airoso con una interpretación personal llena de tintes dramáticos que subrayan el carácter sobrecogedor de algunos pasajes. ¡Qué magnífico coro!, a pesar de la actuación más o menos tibia de los solistas. Gracias, Sr. King por aportarnos nuevos colores y brillos a la que posiblemente haya sido la obra de Mozart más manoseada por su utilización ad nauseam en politonos y películas.

En un concierto con repertorio a medias con un grande como es Cristóbal de Morales la Capilla Cayrasco dirigida por Eligio Luis Quinteiro nos presentaba el viernes santo en la catedral al que fuera durante años compositor de su capilla, el conquense Juan de Castro y Mallagaray (1570-1632), recuperado gracias a la labor del musicólogo José Miguel de la Fuente Charfolé. Intercalándose sus obras entre fragmentos de la Missa Mille Regretz de Morales y pese a lo que primeramente pudiéramos pensar, la obra de Castro y Mallagaray no desmerece en absoluto. Los motetes de este último, algunos de ellos ofrecidos en primicia mundial, resultaron ser muy bellos, líricamente intensos y expresivos, y el conjunto dirigido por Quinteiro supo hacerle justicia a tan magno repertorio. No siempre es bueno en las agrupaciones corales el que las voces estén demasiado empastadas y éste era el caso, ya que podíamos distinguir los timbres nítidos y limpios de algunos de los cantantes sin por ello perder el sentido de conjunto.

Esa misma tarde de viernes santo en el auditorio de Cuenca, a salvo de los caprichos de la meteorología primaveral, nos íbamos a encontrar con la esperada interpretación de Fabio Biondi,–primus inter pares de su Europa galante– del oratorio sagrado La fenice sul rogo, ovvero La morte de San Giuseppe de Pergolesi. Ésta resulta ser una interesantísima obra llena de gestos musicales idiomáticos con un trasfondo filosófico-religioso mediante una lectura idealizada basada en el Ave Fénix y su renacer (José renace tras su muerte así como el nuevo estilo galante lo hace desde el barroco). Estupendos solistas los de esta velada, pero si alguno hubiera de destacar sería la soprano María Hinojosa y la mezzo Sonia Prina, que acudió en sustitución de Romina Basso, lo que convierte su actuación en aún más meritoria.

La iglesia románica del pequeño pueblo de Arcas fue el escenario elegido por l’Échelle (coro y conjunto instrumental de cornetas, sacabuches y bajones) para interpretarnos la mañana del sábado santo un sugerente programa basado en obras de Orlando di Lasso; motetes de la capilla de Alberto el Magnánimo expresivos y virtuosos, especialmente las piezas instrumentales, destacando “Cernere virtutes”, que fuera compuesta para el matrimonio de la princesa Matilda con el margrave Filiberto de Baden. Las voces de l’Échelle están bien equilibradas en conjunto aunque quizá el cantus pierda a veces esa sensación de equilibrio sonoro con las otras voces. La interpretación instrumental fue también loable por méritos propios, si bien hubo de desmerecer ligeramente por comparación cuando al día siguiente, domingo de Resurrección, entraron en escena His Majestys Sagbutts & Cornetts en la Iglesia parroquial de Valdecabras, espacio que se inicia como auditorio de la Semana en esta edición. Con el fondo incomparable de un magnífico retablo del siglo XVI pudimos escuchar adaptaciones instrumentales y arreglos de motetes escritos originariamente para los domingos de Pascua y Resurrección, algunos de ellos más o menos conocidos como el madrigal “Vestiva i colli”. Lo que se presentó ante nuestros ojos y oídos fue virtuosismo a raudales en los sacabuches, cornetos y bajones de la agrupación inglesa, especialmente en algunas piezas de Giovanni Gabrieli o Giovanni Bassano, este último con su adaptación de “Susanna un Jour” de Orlando di Lasso.

Es cierto que los conciertos se han reducido, pero si recapitulamos, veremos que si bien las jornadas celebradas el año anterior han desaparecido, han sido sustituidas por un curso de canto gregoriano de gran aceptación. Se mantienen los pilares básicos de la Semana como son las obras de encargo, los estrenos absolutos (Eduardo Soutullo, Josep María Guix y Lionel Sow), así como la recuperación e interpretación de patrimonio musical, que al fin y al cabo es soporte fundamental a la investigación. También continúa la actividad de la “Academia de órgano Julián de la Orden”. Por otro lado, la participación de un grupo local como es la Escolanía Ciudad de Cuenca en el concierto de clausura es un importante punto a favor de un festival ya plenamente integrado en la sociedad conquense que no necesita hacer estas cosas para ganarse la aceptación del público. Si a esto sumamos el hecho de incluir novedades como la iglesia de Valdecabras entre los espacios de concierto y la sugerente y muy recomendable visita acústica a la catedral (un concierto en sí mismo en donde pudimos disfrutar del estreno absoluto del Étude de climatologie de Lionel Sow) tendremos un ejemplo de gestión eficiente tristemente tan necesaria en estos tiempos. ¡Qué larga se hace la espera hasta la 52 edición del próximo año!

Ana María del Valle Collado

Imagen procedente de: Prensa SMR

Publicado en mayo 2012

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