A ti, Sherlock

No creo que haya mejor lectura para un niño que Sherlock Holmes. Todo lo puede, todo lo descubre, todo lo hace. Ningún “mayor” le ayuda, y ni siquiera los libros que le dan en el colegio le sirven de apoyo (¡a él qué le importa si la tierra es redonda! ¡Watson, que le veo la cara, no se escandalice!). Hechos, observación, pensamiento lógico. ¡Observación he dicho! Al fin y al cabo, ¿quién no es capaz de afinar sus sentidos?

Y no imaginen que me voy a poner ahora como el ínclito Wert a alabar las flores de las ciencias. Sherlock, de hecho, piensa con su violín. Y si lo hace es porque, entre otros motivos, “los caminos del cerebro son inescrutables” o, lo que es lo mismo, –y no es por llevarle la contraria a su señoría–, parece que funcionamos bastante bien a través de las artes. ¡Pónganme una de Dickens con tomate! ¡Con doble de Boccherini! Y sí, esa pizquita de Watteau que no falte, por favor. Hoy necesito un empacho, me lo piden mis dendritas.

Y es que, ¿saben? He descubierto que el mensaje del gran Holmes también era para mayores. Con concentración y voluntad se puede mucho, pero mucho. Las pistas están siempre ahí, sea cual sea nuestra materia de estudio. Sólo tendremos usar la pericia para revolver entre almohadones y descubrir el camino que nos llevará a la pista definitiva, la que nosotros queramos alcanzar.

Parece elemental, mi querido Watson. Pero hay que creer que estamos en época de vacas gordas, aunque nos obliguen a buscarla en nuestras entrañas. Aprovéchela.

Imagen: https://ladydontfallbackwards.files.wordpress.com/2012/05/kwack-021.jpg.

Publicado en abril 2015

 

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