Crítica
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Colores en la niebla

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De tintes persas a texturas indias

Orquesta y Coro Nacionales de España. Ciclo sinfónico 4. “Pasaje a Oriente”. Nikolái Rimski-Kórsakov: Scheherezade, opus 35. Ravi Shankar: Concierto para sitar y orquesta nº 2Raga-Mala” (Guirnalda de ragas), orquestación de José Luis Greco. Orquesta y Coro Nacionales de España. Dir.: Jordi Bernàcer. Madrid, 30 de noviembre de 2013. Auditorio Nacional.

El pasado día 30 de noviembre pudo verse un público distinto al habitual en el Auditorio Nacional de Madrid. Se presentía que iba a ser un concierto diferente al observar por los pasillos que la media de edad había disminuido considerablemente –y en consecuencia, también cambiaba la indumentaria– en relación a la habitual. Todo ello tuvo que ver, claro está, con la anfitriona de la tarde, Anoushka Shankar, que iba a interpretar el Concierto para sitar y orquesta nº 2“Raga-Mala” que compuso su padre, el sitarista Ravi Shankar.

Preludiando este concierto, dentro de este “Pasaje a Oriente”, la OCNE interpretó Scheherezade de Nikolái Rimski-Kórsakov, introduciendo un ambiente persa que contrastaba notablemente con la Guirnalda de ragas que le iba a suceder. La orquesta fue la responsable de impregnar la amplia gama de tintes que Kórsakov plasmó en la partitura. Si se pudiesen destacar dos características de esta obra, serían claramente la riqueza expresiva de cada uno de los solos y las numerosas combinaciones tímbricas con las que el maestro de orquestación ilustró a sus alumnos de la escuela rusa. Sin embargo, pocos fueron los solos que se despuntaron aquella tarde. Algunos como el brillante sonido del clarinetista Enrique Pérez, o bien su tocayo fagotista, Enrique Abargue, fueron los que más sobresalieron en el segundo movimiento de la suite. En cuanto a la combinación tímbrica, la sección viento-madera fue la más compenetrada, a diferencia de las entradas de los metales y la percusión algo desajustadas. La batuta de Jordi Bernàcer potenció el sonido de una orquesta colorista y, a veces, poco pulida.

A más de un espectador se le erizó el vello de la piel cuando Anoushka entró en el escenario después del descanso, se sentó descalza sobre la alfombra y rasgó las cuerdas simpáticas del sitar. El Concierto nº 2 no fue una de las obras importantes en la carrera de Shankar, a pesar de que fuese estrenado por la batuta de Zubin Mehta en 1981 y posteriormente se hallara dentro de las piezas de la película Gandhi en 1982 nominada al Óscar por la mejor banda sonora original. De hecho, fue una obra compartida entre Shankar y José Luis Greco –como bien indica el compositor en las notas al programa– aportando aquél las ideas (es decir, ragas y talas rítmicos) y éste plasmándolas en partitura (orquestando, elaborando y variando todos los motivos). ¿El resultado? Una mezcla heterogénea de elementos de música india y convenciones occidentales que, si bien recuerdan algo al lenguaje musical de Oliver Messiaen en determinados pasajes, no llegan a confluir como el francés lo hizo en muchas de sus obras, ni llegan a tener una coherencia total entre sus partes. Por poner un ejemplo, al final del tercer movimiento la inclusión de bongos en lugar de la tabla –un instrumento indispensable para la interpretación de los talas de la música india– hizo que se simplificase excesivamente la calidad tímbrica y la agilidad rítmica que este último podía aportar.

Por todo ello, Shankar expresó sobre su concierto Raga-Mala: “I’m scared of the second concerto, because it is so much more difficult than the first. Of course, playing with an orchestra is not like giving a solo sitar recital, when I am absolutely the king: leader, conductor and performer. When playing solo I don’t depend on anyone else, and as it is all improvised I can do exactly what I want. But with an orchestra it’s a very different situation”.1 Lo cierto es que hubiese merecido la pena escuchar los treinta ragas de esta obra, esparcidos en cuatro movimientos –que representan las fases del día, desde el amanecer hasta el anochecer–, improvisados tan sólo por Anoushka, que tan bien asimiló los consejos de su mentor.

María Elena Cuenca Rodríguez

1 Lavezzoli, Peter. The Dawn of Indian Music in the West (prólogo de Ravi Shankar). Nueva York, Continuum, 2006, p. 230.

Imagen (exterior): http://i1.tribune.com.pk/wp-content/uploads/2012/12/478855-ravi-1355323093-482-640×480.JPG.
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Publicado en enero 2014″ id=”mes” alt=”Febrero” border=”none”/>

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