Crítica
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Brendan Benson

Guiñando se llega más lejos

Brendan Benson: guitarras y voz principal; Matt Scibilia: batería, Bobby Lord: bajo; Marc Waltrous: teclado y guitarra. Colaboración de Young Hines: voces. Moby Dick Club de Madrid, 18 mayo 2012.

Aunque en el DRAE no aparezca la acepción, todos conocemos el concepto “hacer guiños a la audiencia”. Y el concierto de Brendan Benson y su banda sorprendió en Madrid con buena música de poderosas guitarras, gente pendiente de cada movimiento, y muchos guiños, incluyendo algunas bromas como cuando se equivocaron en una de las canciones –una improvisación de “Jet Lag”–1 y el casi típico “lo siento por no hablar mejor español” y demás cuestiones lingüísticas.

Aunque sea inevitable hacer esta referencia, Brendan Benson saltó un poco más a la luz a partir de su participación en The Raconteurs, con Jack White. Tras discazos como The Consolers of the Lonely uno se pone a buscar y descubre la carrera de Brendan Benson, con unos cuantos discos de power-pop herencia de The Who (y la British Invasion) y el rock norteamericano de los 60 de factura impecable. Y sorprende su relativa poca popularidad en España, tanto que su concierto en Madrid para presentar su recentísimo trabajo en solitario –What Kind of World (a la venta desde abril de 2012, y editado en su propio sello, Readymade Records, y que ha recibido críticas dispares)– fue en el Moby Dick Club, que no es precisamente una sala grande.

Abrió el concierto Young Hines, producido por el propio Brendan Benson mediante su recién creada Readymade Records que, acompañado por la misma banda que el cabeza de cartel, cumplió con su labor y fue calentando al despistado público, más preocupado en principio por atacar la barra que por escucharle. Mencionar también que algún miembro femenino de la audiencia se empezaba entonces a fijar en alguno de los miembros, en especial Marc Waltrous y su aire pseudo Jeff Buckley –luego complementado con el aire grunge alla Kurt Cobain de Benson.

Salieron Brendan Benson y la banda, y la gente se fue desperezando –que no haciendo moverse, que parecía una tarea titánica– con una mezcla de canciones cañeras y éxitos como “Cold Hands (Warm Heart)”. Se fue pasando del rock setentero a lo Led Zeppelin al country sureño con total facilidad, pasando por los aires pop de su último disco y la turbulencia guitarrera de los anteriores, en especial My Old, Familiar Friend, el más popular entre la audiencia. De hecho, por unanimidad el hit preferido fue el tobogán emocional de “A Whole Lot Better” (“I change my mind every time that the wind blows / Don’t know what happens, don’t know where the time goes”), en el que predominó el momento karaoke, casi siempre imprescindible para enganchar al público.

Y desgranando canción por canción, fue una noche de buena música en un muy buen concierto. Con un inconveniente principal: se hizo extremadamente corto. Lo cual, desde mi punto de vista, dice mucho de un concierto.

Jaime Alonso

 

1 La banda juraba y perjuraba en el postconcierto que no estaba preparado. Y puedo prometer y prometo que no aparece en la setlist, que está a mi vera mientras escribo esto.

 

Publicado en junio 2012

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